EN Oración
Serie Saltos de fe

Saltar al otro lado: fe, propósito y gratitud

Da pasos de fe con propósito, aférrate a la palabra de Dios en medio de la espera y levanta un memorial de gratitud por su fidelidad, como Josué al cruzar el Jordán.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
48 min

Dios nos invita a dar saltos de fe. Pero no se trata de saltar por saltar: cada salto debe estar ligado a la fe, al crecimiento, la madurez y el propósito. Antes de avanzar, conviene preguntarse si hay propósito de Dios en ese paso y si es Dios quien invita a darlo.

Una transición después del desierto

Josué 1 comienza con Dios hablándole a Josué después de la muerte de Moisés: le ordena levantarse y cruzar el Jordán con el pueblo hacia la tierra que Dios les da. La promesa está en presente —«la tierra que yo les doy»— y es una invitación a creer y avanzar. La promesa está dada; la pregunta es si quienes la reciben creerán y darán el paso.

Israel sufre una pérdida importante: ha muerto Moisés, el líder que Dios había usado para liberar al pueblo de la esclavitud, recibir las tablas de la ley y enseñar al pueblo cómo relacionarse con Dios y entre sí. Imagina cómo pudo sentirse el pueblo y qué preguntas podrían haber surgido: qué hacer ahora, quién sería el líder y si llegarían a la tierra prometida.

La incertidumbre de Israel se parece a los planes frustrados de la vida: metas fijadas para el año que no se cumplieron, con la frustración y el sabor amargo de no haber visto lo esperado. Ante la pregunta de hacia dónde avanzar, hay una afirmación central: Dios siempre tiene un plan.

La nueva etapa comienza después de cuarenta años de desierto. El pueblo había recibido agua de la roca, maná, una nube y una columna de fuego para guiarlo; también había atravesado escasez, problemas, silencio, quejas, murmuración y falta de fe. Enfrentó serpientes, vio morir a una generación y vio levantarse otra. Moisés llegó a golpear la roca: no pierdas la paciencia mientras Dios hace algo nuevo.

Algunas etapas difíciles son un tiempo de entrenamiento. Dios ha estado formando fe, resistencia, visión, carácter, determinación y paciencia, aunque todavía no hayas visto lo que esperabas. No consideres ese tiempo como una pérdida, sino como formación para poder sostenerte ante lo nuevo.

Cuidado con la impaciencia. Cuando Moisés golpeó la roca, vemos que la impaciencia puede llevar a abandonar lo que Dios ha dicho. Permanece donde Dios te indicó, sin soltar tu posición ni tu llamado. Puedes seguir firme aun cuando no veas ni sientas nada, incluso ante un mal pronóstico o un diagnóstico difícil. Resiste, créele a Dios y enfoca tu mirada en él, en vez de dejarte dominar por las circunstancias.

Fe para avanzar y sostenerse

Cuatro leprosos estaban en la entrada de Samaria, una ciudad rodeada donde la gente moría de hambre. Razonaron que quedarse allí significaba morir y que ir hacia los sirios tampoco ofrecía seguridad. Su decisión de avanzar fue un salto de fe, y Dios dio la victoria. Sal del limbo, la incertidumbre y la inseguridad. No todo será fácil, pero habrá recursos para enfrentar los nuevos desafíos.

Josué 1 contiene la instrucción de esforzarse y ser valiente, cuidar de hacer conforme a la ley y meditar en ella de día y de noche. El pasaje también dice que Josué no debe apartarse de ella ni a diestra ni a siniestra y que el Señor estará con él dondequiera que vaya. La exhortación a esforzarse y ser valiente se repite tres veces, señal de que Josué debía prestar atención. ¿Qué significa «esforzarse»?

La repetición en Josué 1 no es casual: es un llamado a prestar atención.

En hebreo, la palabra «esfuérzate» significa fuerza en los brazos y las manos para sostenerse: agarrarse con fuerza, no depender de las propias fuerzas. Es como si Dios dijera: «Agárrate de mí, de mi palabra, de mis promesas y de mi presencia, porque yo te voy a sostener». Aférrate a Dios aun cuando haya vientos, tormentas o voces que te impulsen a soltarlo todo.

La fe no depende solo de la fuerza propia. Una recién nacida de pocos días puede agarrarse de la vida con una fuerza sorprendente, aun cuando la fe de quienes la rodean titubea. Lo importante no es la fuerza física, sino aquello de lo que uno está hecho por dentro. Recibe fuerzas de Dios.

La valentía es fuerza en las piernas, que se fortalece con la oración, escuchando la voz de Dios y viendo con claridad. Pero hay un límite a la iniciativa personal: no se trata de ser valiente para hacer lo que uno quiere, sino para obedecer lo que Dios dice.

Meditar en la ley es examinar la palabra, los planes y el propósito de Dios, en vez de concentrarse únicamente en los propios caminos. Pregúntale: «Señor, ¿estoy en el lugar donde tú quieres?». Si te frustra no estar donde deseas, pon por delante los planes de Dios. La promesa de que todo saldrá bien está ligada a seguir la palabra.

Cruzar, purificarse y recordar

En Josué 3, el pueblo llegó a la orilla y reposó durante tres días, cuando el río estaba en la época de mayor desborde. Dios puede permitir que contemplemos lo que parece imposible para que quede claro que la obra es suya. El cambio de nombre de Oseas a Josué también habla de transformación: Josué significa «Jehová es salvación», y la salvación es de Dios. Dios transforma nuestra naturaleza.

El cruce del Jordán es como un bautismo y una renovación: volver a empezar, recibir fuerzas y avanzar hacia lo nuevo. Josué 3:5 ordena purificarse antes de la conquista. ¿Qué está ensuciando tu fe, tu ánimo, tu esperanza, tu mente o tu corazón? Antes de la conquista viene la limpieza.

Versículo clave

«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.»

Josué 1:9

El desgaste y la fatiga también cuentan. El cansancio puede ser un mal consejero: no tomes decisiones cuando estás cansado. Esaú perdió su primogenitura y Moisés perdió la paciencia con el pueblo. Pide renovación y toma un tiempo de respiro y descanso; descansar no significa abandonar el propósito de Dios para seguir los propios.

El propósito puede alcanzar a generaciones: hijos, nietos y bisnietos. Viene una transición desde sentirse perdido hacia la claridad y la restitución de fuerzas, pasión y visión. Dios puede convertir lo que parecía un fracaso en el surgimiento de hombres y mujeres de fe y visión. La resurrección de Jesucristo sostiene esa esperanza: quienes fueron dados por muertos pueden volver a levantarse en Cristo.

Josué 4 relata la instrucción de tomar piedras del Jordán: un hombre de cada tribu debía tomar una piedra y llevarla al campamento donde pasarían la noche. El memorial servía para recordar que Dios había acompañado al pueblo en el desierto, el valle y las dificultades. Hoy también: Dios no te ha abandonado y ha estado contigo en cada paso. Por eso puedes confiar en su fidelidad.

En Josué 5:13, Josué vio a un hombre con una espada y le preguntó si era de los suyos o de sus enemigos. La respuesta fue: «No». Dios pelea por la iglesia, la defiende y da la victoria. Pon tu esfuerzo, agárrate de Dios, obedece su palabra y confía en lo que él dijo.

Hay quienes tenían velos o vendas, con voces del enemigo que les decían que desistieran, golpearan la roca o abandonaran su posición. Pero Dios envía un mensaje que suena como una trompeta en el espíritu: «un poco más», salta al otro lado, porque Dios dará la victoria. Josué 21:44 afirma que el Señor dio descanso a Israel, entregó en sus manos a quienes se oponían y cumplió cada buena promesa. Ninguna promesa dejó de cumplirse.

Las piedras de Josué 4 siguen hablando: Dios es fiel.

Versículo clave

«No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.»

Josué 21:45

El memorial consiste en hacer memoria de lo que Dios ha hecho. Solemos repasar primero lo negativo del año: las batallas, los desafíos y los desiertos. Recuerda, en cambio, el cuidado de Dios, el maná y el agua de la roca, la nube y la columna. Cuando los hijos pregunten por el memorial, una familia podrá contar que atravesó problemas económicos o quebrantos de salud, pero que Dios la sostuvo.

El memorial está ligado a la gratitud, que lleva el corazón a un estado de reposo y calma. La queja, en cambio, centra la atención en lo que falta y causa ansiedad y estrés. Quienes están solos también pertenecen a la familia en Cristo. Levanta un memorial, da gracias y enfócate en Dios, en el trabajo, las finanzas, la empresa o el negocio, y también en la enfermedad y la soledad.

Pide perdón por la queja y por no valorar lo que tiene verdadero valor. Habla con tus hijos sobre lo que Dios ha hecho y transmite ese recuerdo en tu hogar. Las victorias no empezaron hasta levantar el memorial: haz una pausa para reconocer la obra de Dios, dar gracias y terminar el año con gratitud.

Dios bendice a cada familia, incluso a quienes creen estar solos: la iglesia es una familia en Cristo. Gracias por cada segundo, minuto, hora, día, semana, mes y por el año; que la gratitud sane el corazón y lo prepare para ejercer la fe. Gracias por lo que ya se ha visto, por haber llegado hasta este día y por la fidelidad de Dios, y también por lo que aún no se ha visto y se espera recibir.

La invitación es a confesar la fe: pedir perdón por los pecados y recibir a Jesús en el corazón como Señor y Salvador. «Amén».

Referencias bíblicas