EN Oración
Serie Avanza

Agentes de cambio: avanzar con fe, una perspectiva diferente y sin detenerse por el temor

Sé un agente de cambio en tiempos de presión: avanza con fe, con una perspectiva diferente y con perseverancia cuando aparece el temor.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
46 min

Los mayores avivamientos de la historia ocurren en momentos de crisis. Repítelo: «Cuanto más opresión, más avivamiento». Bajo presión, Dios provoca que sus hijos den a luz promesas. ¿Quién está listo para ver cumplido lo que Dios ha declarado y prometido? La crisis no es el final, sino un tiempo en el que puede surgir un equipo de avanzada.

Ese equipo está formado por hombres y mujeres que reconocen los tiempos y entienden lo que Dios hará en la tierra. La invitación es a ser agentes de cambio, personas que marquen la historia en su familia, su casa y sus generaciones, allí donde se encuentren. El llamado no se limita a una posición o lugar particular: ¿quién está dispuesto a avanzar y hacer historia?

Muchas personas han compartido testimonios: algo que no habían visto en seis años en un negocio familiar lo están viendo en cinco semanas. Dios ha resuelto situaciones, ha abierto puertas y ha hecho otras cosas que esos testimonios cuentan. Por cada testimonio, hay motivo para dar gracias.

El ser humano posee lo terrenal y lo divino, una idea ya compartida un domingo anterior. En el relato de la creación, Dios forma al hombre del polvo de la tierra y sopla en él aliento de vida, a diferencia de los animales y el resto de la creación. Por eso no basta con vivir en lo temporal y terrenal: hay algo divino de parte de Dios en el ser humano.

Esa conexión se expresa en varios contrastes: lo terrenal y lo celestial, lo temporal y lo eterno, el «cronos» y el «kairos» de Dios. Conéctate con lo que Dios dice y con ese kairos para convertirte en agente de cambio.

Renovación para hacer historia

El enemigo tiene que renovarse porque la iglesia se renueva de tiempo en tiempo, y esa renovación permite avanzar de gloria en gloria y de victoria en victoria. La presencia de quienes participan es señal de que Dios los está renovando. La Palabra renueva la manera de pensar, de ver las cosas, de actuar y de tomar decisiones.

La renovación no es solo una idea general: alcanza la forma de hablar, expresarse, pensar, caminar y decidir. La obra del Espíritu Santo renueva para que las personas puedan crecer, madurar y ser agentes de cambio. Dispón tu vida a esa renovación.

Hay un obstáculo para el avivamiento: no la falta de misericordia ni la ausencia del poder de Dios, sino la tolerancia de aquello que impide avanzar. El visionario no se conforma con los resultados que ve. Lo que toleras es lo que obtienes: si sigues tolerando la amargura, el fracaso o la frustración, allí te vas a quedar; si anhelas lo que Dios ha declarado para ti y estás dispuesto a levantarte, avanzar y hacer cambios, prepárate para llegar adonde nunca habías llegado.

Tres características distinguen a quien quiere ser agente de cambio. La primera es la fe. Hebreos 11 habla de héroes y heroínas de la fe, y no se centra en sus fracasos, aunque algunos los tuvieron, sino en sus victorias. Para formar parte de ese equipo de avanzada se necesita fe.

Primera clave: avanzar con fe

El libro de Josué es un libro de avance y de batalla para los hebreos, y se aplica hoy a «soldados del reino de los cielos» que se atreven a ganar a la manera de Dios. Haz tuya la Palabra: repite lo que Dios dice y declara. Cuando alguien tiene fe y repite lo que Dios está hablando, lo eterno y celestial irrumpe en la tierra.

La fe no es creer que Dios hará lo que uno quiere, sino creer que hará lo correcto conforme a su voluntad, sus planes y sus pensamientos. Josué 5:1 relata que los reyes amorreos y cananeos oyen que Jehová secó las aguas del Jordán para que Israel pasara; desfallece su corazón y no tienen más aliento delante de los israelitas. El corazón del enemigo desfallece cuando ve una victoria y el poder de Dios manifiestos en la vida de un hijo de Dios. Que ese poder se manifieste sobre ti, tu familia y tu entorno.

El relato de Josué continúa con la orden de Dios de preparar cuchillos afilados y circuncidar por segunda vez a los hijos de Israel. Había una generación que había pasado por el desierto sin ser circuncidada, y la circuncisión se practicaba con la esperanza y certeza de que Dios cumpliría su pacto. La circuncisión estaba ligada a la fe; y la incredulidad fue lo que les faltó superar a quienes se quedaron en el desierto durante cuarenta años.

No dejes que la incredulidad se apodere de tus pensamientos, tu mente o tu corazón, porque causa demoras. La fe, en cambio, da combustible y fuerzas para continuar; la duda drena y vacía. ¿Crees realmente que Dios cumplirá lo que te dijo y lo que está escrito en su Palabra? Sigue creyendo para avanzar.

Proverbios 4:25-27, en la versión NTV, llama a mirar de frente, fijar los ojos en lo que está delante, trazar un sendero recto y permanecer en el camino seguro. Primero se habla de los ojos y luego de los pies porque hace falta tener una mirada y un objetivo para avanzar. Cuando te enfocas en lo que Dios dijo, tus pasos se alinean con esa palabra; y no te desvíes hacia el mal.

Hay una frase que dice: «La tristeza mira hacia atrás, la preocupación mira alrededor, pero la fe mira hacia arriba». ¿Hacia dónde miras tú? No te quedes mirando atrás ni alrededor; mira hacia arriba, de donde vienen el socorro, la respuesta y la provisión.

Después de Jericó vino la conquista de Hai. Por causa de un solo hombre que había desobedecido, Josué envió a tres mil hombres y murieron treinta y seis israelitas. En ese momento difícil, la respuesta de Dios aparece en Josué 8:18: extender la lanza que tenía en la mano hacia Hai, porque Dios entregaría la ciudad en su mano. Y Josué extendió la lanza hacia la ciudad.

Versículo clave

«Entonces Jehová dijo a Josué: Extiende la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué extendió hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía.»

Josué 8:18

Extender significa estirar, ampliar y cambiar una derrota por una victoria. Si has atravesado frustraciones o momentos difíciles, estira un poco más tu fe y apunta hacia el lugar donde aún no has visto la victoria: el matrimonio, la salud, los hijos o la economía. Toma esa lanza espiritualmente.

Esa imagen lleva a la práctica de la oración: que sea más enfocada, puesta en Dios y en su Palabra, en vez de distraerse con demasiada información. La lanza de Josué recuerda la vara de Moisés y la instrucción de extenderla hacia el mar. Ambas imágenes pueden leerse como ejercicios de fe: extender la lanza o la vara representa poner la fe en movimiento y depender de Dios.

Cuando se depende de Dios, los fracasos pueden convertirse en triunfos. No te detengas: extiende la lanza o la vara hacia el lugar donde aún no has visto una victoria y proclama la victoria que Dios dará. Es tiempo de avanzar.

Segunda clave: una perspectiva diferente

La segunda característica de los agentes de cambio es tener una perspectiva diferente: mientras unos ven un problema, otros ven una oportunidad. El refrán lo dice así: «En tiempo de crisis unos lloran y otros hacen pañuelos». ¿Cuál de esas respuestas escogerás? Cambia la manera de percibir las cosas y no conviertas cada circunstancia en un motivo para quedarte atrapado en el problema.

La diferencia no está en el entorno, sino en la actitud, la fe, la visión y la perspectiva. Mateo 6:22, en la versión TLA, dice: «Los ojos son el reflejo de tu carácter», con la idea de que la bondad o la maldad se reflejan en la mirada. Jesús no se refiere a los ojos físicos, sino a los del corazón, la fe y la perspectiva. Ten un carácter determinado y reconoce la mano de Dios incluso en la adversidad.

La gente de avanzada no mira únicamente el momento difícil: intenta ver más allá y considera que lo que viene puede ser mayor y glorioso. Los discípulos, frente a una multitud con hambre, pidieron que despidieran a la gente porque no había nada para darle de comer. Esa respuesta refleja una perspectiva centrada en los cálculos y en lo terrenal; calcular sin involucrar a Dios hace que se vean más problemas.

Incluye a Dios en los problemas financieros, económicos y matrimoniales. Llama la atención el contraste: los discípulos le estaban diciendo al «pan de vida» que no había pan. Las personas de fe están dispuestas a enfrentar problemas con fe, fuerza e integridad. Los desafíos que Dios permite forman el carácter y llevan la fe a otro nivel; no dejes que cualquier circunstancia te desestabilice.

Hay una enseñanza que algunos padres les dejan a sus hijos y que se queda grabada para toda la vida: «la vida depende del lente que tú uses para verla». Con los lentes de la fe, donde no se ve nada, se puede verlo todo: cómo Dios va a resolver y lo que Dios dijo que llegarías a ser. La gente que va en la avanzada tiene una perspectiva eterna: a través de la fe ve oportunidades donde otros ven problemas.

De vuelta en la escena de la multitud, Marcos 6:41 relata que Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, bendijo y partió los panes, los dio a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente y repartió los dos peces entre todos. Jesús levantó la mirada: una perspectiva capaz de ver una oportunidad donde otros solo veían la falta de comida. Imagina a Jesús diciéndole al Padre que ya veía que todos comerían y que sobraría.

Versículo clave

«Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos.»

Marcos 6:41

Mira la circunstancia y la realidad sin perder de vista a Dios. ¿Ya puedes ver, mediante la fe, lo que esperas para tu matrimonio, tu salud, tu restauración o tu avance? Pedro miraba a Jesús y pensó que podía caminar, pero comenzó a hundirse cuando miró las circunstancias. La fe permite ver algo que antes no se veía y avanzar con paso seguro.

La perspectiva diferente cambia la respuesta de solo pedir a también dar gracias. No se trata de negar la oración de petición: Jesús dijo «Pedid, y se os dará». Pero algunas personas piden como si Dios no quisiera darles. Jesús, en cambio, da gracias. Agradece por lo que crees que Dios hará en tu matrimonio, tu negocio o tu sanidad.

Juan 11:41 lo muestra: después de quitar la piedra del lugar donde había sido puesto el muerto, Jesús alza los ojos y dice: «Padre, gracias te doy por haberme oído». Jesús agradece por haber sido oído. Da gracias por aquello que esperas que Jesús resucite, incluso cuando todavía no lo ves.

Marcos 6:42 señala que todos comieron y quedaron saciados. La fe hace aparecer los recursos: deja de perseguirlos, enfócate en Jesús, da gracias y mantén una perspectiva diferente.

¿Dónde está tu enfoque? Los desafíos pueden formar el carácter, llevar a buscar a Dios y enseñar dependencia de él. Cuando Dios quita los salvavidas —amigos, familiares o todo aquello en que se confiaba— puede aparecer un nuevo nivel con él. Búscalo.

Tercera clave: no detenerse por temor

La tercera característica es no quedarse estancado ni detenerse por temor. No significa que una persona nunca sentirá temor: el temor puede volver a tocar a la puerta. La diferencia está en no quedarse en el mismo lugar por causa de ese temor.

El relato de Jairo y su hija lo ilustra. Jairo sale con la certeza de que Jesús llegará a su casa y sanará a su hija enferma. En el camino, una mujer que padecía flujo de sangre se atraviesa; entonces llegan con Jairo y le dicen que su hija ha muerto y que ya no moleste al Maestro. Algo semejante ocurre cuando alguien avanza con fe y, de pronto, la enfermedad regresa, un negocio que estaba por cerrarse se cae o una puerta que parecía a punto de abrirse se cierra.

Cuando las cosas no salen como esperabas, ¿dejas de avanzar? En el relato, Jesús dice a Jairo: «No temas, cree solamente». Imagina las preguntas que surgirían en Jairo al oír eso, pues su hija ha muerto: qué significa creer ahora, si Jesús llegó tarde y por qué dejó que muriera. Son preguntas semejantes a las que algunas personas dirigen a Dios cuando sienten que un sueño o un milagro ha muerto.

El caso de Jairo no es el único en que Jesús llega cuando alguien ya ha muerto: también está Lázaro. ¿Podría tener Jesús otro plan? Jairo podría haberle preguntado por qué no declaró una palabra, como en el caso del centurión y su siervo, o por qué no ocurrió una sanidad en el camino. Cuando algo parece detenido, los planes de Dios pueden no coincidir con los nuestros.

Al principio Jairo guiaba a Jesús hacia su casa, pero, después de la interrupción, Jesús comienza a guiar a Jairo. Es como si Jesús le dijera que sus planes eran buenos, pero que él tenía algo mayor y mejor, y que ahora debía seguirlo.

No te preocupes cuando algo se estanca pese a que avanzabas con fe, porque los planes de Dios pueden ser mejores y mayores. ¿Estaba Jairo preparado para el milagro que venía? Jesús estaba atento tanto a la hija como a Jairo: quería tratar con el temor de Jairo para que, si la hija volvía a enfermar, el temor no gobernara su corazón.

Deja que prevalezca la fe, aunque el temor vuelva a tocar a la puerta. A Jesús le importan la vida espiritual, la fe, la familia, los hijos, las nuevas generaciones y también Guatemala. No te desgastes en batallas innecesarias: las mejores batallas se pelean de rodillas.

Oración final

Reconoce tu necesidad de un Salvador, abre tu corazón a Jesús para que sea tu Señor, consagra tu vida y escoge ser hijo y no esclavo. Gracias, Jesús, por habernos comprado por precio de sangre y por la vida eterna. En el nombre de Jesús, «Amén y amén».

Referencias bíblicas