Dios te dice que este es tiempo de avanzar. No se trata de una emoción pasajera ni de una motivación que dura unos días: la motivación es efímera, pero la palabra de Dios permanece. Cuando te enfocas en Dios, él te muestra lo que viene. Su reloj marca el tiempo, y su tiempo afecta tu tiempo.
Lo terrenal y lo eterno
Eres el único ser creado que une lo terrenal y lo celestial. «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente». Ni las plantas ni los animales recibieron ese soplo. Dios puso eternidad en tu corazón. Caminas en esta tierra, pero no puedes guiarte solo por lo que ven tus ojos, oyen tus oídos o sientes. Cuando el soplo de Dios habita en ti, vives conectado con él.
Versículo clave
«Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.»
Génesis 2:7
En los días de Noé, Dios usó a un hombre y a su familia para salvar una generación. Hoy también quiere usar a su iglesia como un arca donde muchas familias sean salvas y transformadas. Quizá vienes arrastrando historias difíciles; Dios te dice: «Te voy a usar para empezar algo nuevo». En tu trabajo, en tu universidad, en tu familia, puedes llevar la nueva temporada.
La vara de almendro: Dios vigila su palabra
«La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra». El almendro es el primer árbol que florece después del invierno, y da flores antes que hojas. En hebreo, «almendro» suena como «vigilante». Nadie espera más el cumplimiento de la palabra que Dios mismo. Aunque tú quieras tirar la toalla en el desierto, él vigila que lo que dijo se cumpla.
Por eso la clave no está en recibir mucha palabra, sino en creerla y guardarla. «Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón». Si el enemigo te roba la palabra, te roba las fuerzas y la fe. Pero el reino de los cielos pelea a tu favor. Alguien que llega por primera vez puede creer y avanzar, mientras que otro, con años en la iglesia, necesita ser convencido una y otra vez. Dios no miente: todo lo que él dice es verdad.
Versículo clave
«Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.»
Mateo 13:19
Levántate y levanta la promesa
Agar huyó al desierto, y «la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto». Allí recibió una promesa: «Multiplicaré tanto tu descendencia… y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción». Cuando Dios se manifiesta, no lo hace sin propósito: trae una palabra. Dios ha oído cada oración que hiciste con fe.
Años después, Abraham despidió a Agar con pan y un odre de agua. Cuando se acabó el agua, ella dejó al muchacho debajo de un arbusto y se sentó lejos, diciendo: «No veré cuando el muchacho muera». Pero «oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo… Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación. Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua». Agar se estaba dejando morir frente a la promesa.
Primero levántate: sécate las lágrimas, deja la frustración y el pasado. Luego levanta la promesa. Hay promesas que claman a Dios para ver su poder obrar. No des por muerto lo que Dios no ha enterrado. Cuando te levantas y levantas la promesa, Dios te abre los ojos para ver fuentes que nunca habías visto: oportunidades donde no las veías, respuestas donde todo estaba seco.
Avanza mientras vas en el camino
Diez leprosos clamaron a Jesús, y él les dijo: «Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados». Con las manos y los pies todavía enfermos, algo fue más fuerte que lo que veían: una palabra de Jesús. El milagro sucedió mientras caminaban. No esperes a ver el resultado para obedecer.
Puedes tener cerca lo que vives y lejos lo que crees, o tener cerca lo que crees y lejos lo que vives. Escoge tener cerca la palabra. Ella te da fuerzas cuando estás cansado y frustrado. Una sola palabra de Dios basta: el centurión dijo «solamente di la palabra, y mi criado sanará». No necesitas mil confirmaciones. Es tiempo de salir de la barca, de echar las redes, de enfrentar al gigante, de dar el paso que Dios te mostró.
Dios le dijo a Gedeón: «Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos». Cada vez que Dios dice «levántate», te lleva a una nueva temporada, como al paralítico, al hombre de la mano seca y al ciego. Quedarte en el mismo lugar es perder lo que Dios ya preparó. Dios no dijo «lo entregaré», sino «lo he entregado». Lo que te prometió no está en la cueva, en tu ansiedad ni en lo que te hicieron: está adelante. Suelta lo que viviste y avanza.
Gedeón bajó al campamento y escuchó a un soldado enemigo contar un sueño: un pan de cebada rodaba hasta el campamento de Madián, golpeaba la tienda y la derribaba. Su compañero respondió: «Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón… Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento». El pan de cebada era pequeño e insignificante, como Israel frente a sus enemigos. Quizá te sientes así, pero cuando la mano de Dios te empuja, los ciclos se rompen.
Gedeón bajó con su criado Fura. Rodéate de personas que caminan en fe, que no siembran temor, sino que dicen: «Dios está contigo; vamos». Y sé tú esa persona: en tu trabajo, tu hogar o tu universidad, no siembres miedo; siembra fe. Cada mañana sus misericordias son nuevas: sal expectante de lo que Dios va a hacer.
Caleb: fiel en el desierto, listo para nuevas montañas
Caleb informó con fidelidad lo que vio en la tierra, mientras los demás desanimaron al pueblo. Aunque Israel vagó cuarenta años, él se vistió de la promesa y no se apagó. A los ochenta y cinco años dijo: «Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra». Vístete de la palabra, como Caleb se vistió de la promesa. Cuidado con las malas influencias: el mal informe de diez espías creó una crisis colectiva que mantuvo a todo un pueblo dando vueltas en el desierto.
Caleb pidió: «Dame, pues, ahora este monte», Hebrón, donde todavía había gigantes. No se conformó con lo fácil. «Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie». Pero para pisar lo nuevo tienes que moverte del lugar donde el enemigo te tenía detenido. Levántate, avanza, y toma posesión de lo que Dios te prometió.
Referencias bíblicas
- Génesis 2:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jeremías 1:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 13:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 16:10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 21:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jueces 7:9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Josué 14:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Josué 14:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


