Es tiempo de promoción de parte del cielo. Quizá no imaginas cómo terminará lo que Dios ha anunciado, pero el Espíritu Santo sí lo sabe. Prepárate: mientras la palabra de Dios se proclama, ya están sucediendo cosas, y Dios da la orden para que comience a verse el cumplimiento de lo que ha decretado. Esta palabra marca un antes y un después en las temporadas que vienen.
Mardoqueo: permanecer en el lugar de responsabilidad
Estando Mardoqueo sentado a la puerta del rey, se enojaron Bigtán y Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, y procuraban poner mano en el rey Asuero. Mardoqueo lo supo y se lo dijo a la reina Ester, y Ester lo dijo al rey en nombre de Mardoqueo. Se investigó el asunto, se halló cierto, y los dos eunucos fueron colgados en una horca. Y fue escrito el caso en el libro de las crónicas del rey.
Mardoqueo se sentaba a la puerta del rey, cumpliendo su deber. En las puertas de una ciudad o de un palacio se resolvían los asuntos legales. Si te has mantenido en tu posición de hijo, prepárate para ver resueltos los asuntos legales de tu vida: tierras y herencias retenidas pueden ser liberadas.
Quizá has sido obediente y paciente, has creído y has llorado, y todavía no ves el resultado. Parece que Dios se ha olvidado. Pero Dios ha visto tu esfuerzo, ha escuchado tu oración y ha visto tu servicio, tu entrega, tu paciencia y tu fe. Confía: Dios lo ha visto todo, y él mismo te recompensará.
Dios nunca llega tarde. Lo que parece un fracaso puede ser preparación para tu futuro y para ver un nivel mayor de gloria. La demora no significa que Dios haya pasado por alto tu fidelidad.
Elías: perseverar en la espera
Hubo tres años de sequía, y Dios le dijo a Elías que se presentara ante Acab, porque haría llover. La palabra y la promesa eran de Dios, pero Elías tuvo que orar y perseverar. Le dijo a Acab: «Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye». Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas, y le dijo a su criado: «Sube ahora, y mira hacia el mar». Y lo envió siete veces.
Versículo clave
«Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.»
1 Reyes 18:42
¿Por qué Dios necesitaba que Elías orara, si ya había dado la palabra? Porque Dios usa a las personas para formar en ellas perseverancia, paciencia y fe. Siete es el número de lo completo. La postura de Elías es como la de quien está por dar a luz algo grandioso. Lo más grande no era solo la lluvia, sino lo que Dios hacía dentro de Elías: fe, paciencia, constancia y confianza. Es tiempo de ver oraciones contestadas.
Cuando llegó el aguacero, la mano de Jehová estuvo sobre Elías, y ciñó sus lomos y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel. Si has orado, perseverado y permanecido, has estado acumulando poder y autoridad. Lo que antes tomaba mucho tiempo puede ocurrir en segundos. Estás a punto de ver nacer las promesas que Dios ya te dio.
Sigue orando aun después de recibir una promesa. La espera no es pasiva: persevera como Elías y sigue creyendo.
Lo escrito sobre Mardoqueo sale a la luz
El servicio de Mardoqueo quedó escrito en el libro de las memorias y crónicas del rey. Puede parecer que Dios se olvidó, pero llega el día y el momento justo. Aquella noche se le fue el sueño al rey, y mandó traer el libro de las memorias y crónicas, y se lo leyeron. Y allí estaba escrito que Mardoqueo había denunciado el complot de Bigtán y Teres.
Y dijo el rey: «¿Qué honra o qué distinción se hizo a Mardoqueo por esto?». Y respondieron: «Nada se ha hecho con él». En ese momento, Amán había venido al patio exterior de la casa real para pedirle al rey que hiciese colgar a Mardoqueo en la horca que él le tenía preparada. El rey le preguntó: «¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey?». Y Amán, creyendo que era él, propuso vestirlo con el vestido real, montarlo en el caballo del rey y que uno de los príncipes más nobles lo llevara por la plaza, pregonando su honra.
Versículo clave
«Y dijo el rey: ¿Qué honra o qué distinción se hizo a Mardoqueo por esto? Y respondieron los servidores del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con él.»
Ester 6:3
Amán, enemigo de Mardoqueo y de los judíos, llegó temprano, impaciente por ver colgado a Mardoqueo. Mientras el enemigo espera tu destrucción, Dios prepara tu promoción y tu vindicación.
David: refugiarse y no vengarse por cuenta propia
Saúl persiguió a David con tres mil hombres, y David estaba en los lugares fuertes, sobre los peñascos de las cabras monteses: un lugar difícil. Si te refugias en Dios, en su palabra y en sus principios, estás en sus manos, y el enemigo no puede arrebatarte sin enfrentarse con él. Ese refugio es también el lugar donde Dios te forma.
Saúl entró en una cueva a cubrir sus necesidades, y David y sus hombres estaban escondidos en el fondo. Los hombres de David le dijeron: «He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano». Pero David no lo tocó: solo cortó la orilla de su manto. Respeta los principios y la palabra de Dios: la honra precede a la victoria. David no puso su mano sobre Saúl, y dejó que Dios actuara.
El borde del manto anunciaba lo que Dios haría. Si sientes que todo está perdido, permanece refugiado en Dios: en la oración, en la intimidad, en la comunión. La victoria no vendrá por tu fuerza, sino por la acción de Dios.
Vestiduras, caballo, corona y proclamación
Entonces el rey dijo a Amán: «Date prisa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta real». Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y lo condujo a caballo por la plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante de él: «Así se hará al varón cuya honra desea el rey».
El vestido real es señal de una nueva posición y de honra. Cuando llegó el cumplimiento del sueño de José, lo afeitaron y le cambiaron los vestidos antes de presentarlo a Faraón. Noemí le dijo a Rut: «Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos», antes de una nueva temporada. Quítate la amargura, el dolor, la falta de perdón, el desgaste y las vestiduras de soledad y de pasado. Ya no es tiempo de llorar, sino de victoria.
El caballo del rey confirma una promesa que, aunque haya pasado mucho tiempo y quizá la hayas olvidado, Dios recuerda. Y la proclamación pública anuncia un tiempo en que Dios hará visible lo que ha preparado para ti.
Esta promoción es para quienes han creído y perseverado, han permitido que Dios trabaje profundamente y no han desistido de la fe. Mardoqueo no se rindió ante la adversidad. Jesucristo no se rindió ante la cruz. Si sigues creyendo, no te has dado por vencido: viene victoria, restitución y recompensa.
Hay planes de destrucción contra ti que Dios revierte. Quizá sentías que te faltaba el aire y que no sobrevivirías. Pero es tiempo de cumplimiento y de victoria.
No te rindas ante la adversidad: sigue orando y permanece en la fe. Dios ha visto tu esfuerzo y puede cambiar tu situación. Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador: en él está tu verdadera vindicación.
Referencias bíblicas
- Ester 2:21-23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ester 6:1-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 18:41-46 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Samuel 24:1-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 41:14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Rut 3:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 18:42 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ester 6:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


