Hay historias de niños que, tras perder a su madre, distanciarse de su padre y sufrir acoso, se refugian en un libro para escapar de su realidad. Algo parecido te puede pasar: aun cerca de Dios, tu humanidad te empuja a evadir. Huyes de los problemas, de una relación rota, de recuerdos que duelen. Pero la Biblia nunca te invita a evadir.
En la casa del Padre hay abundancia
En esas historias, el momento decisivo llega cuando el niño vuelve a darse cuenta de que su padre sí lo amaba, y quiere volver a casa. Eso lleva al hijo pródigo, que en medio de la miseria causada por sus malas decisiones dijo: «¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan!». En la casa del Padre, en su presencia, no necesitas evadir tu realidad: allí encuentras lo que llena tus vacíos. Hay esperanza en el evangelio, en el Señor y en las Escrituras.
«Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia». A veces las circunstancias a tu alrededor se ponen más difíciles porque el mayor deseo de Dios es que regreses a él. Si hoy todo parece complicarse, Dios te está esperando y buscando. No tiene un espacio para juzgarte ni criticarte; usa todo a tu alrededor para traerte a sus brazos.
Enfrenta con la armadura de Dios, no evadas
«Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes». Pablo le dijo a Timoteo: «Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna». La Biblia te impulsa a enfrentar, no a huir.
A veces sientes que vives una historia sin fin de problemas: una crisis detrás de otra, una preocupación tras otra, la economía, los hijos, la salud. El libro de Job no es solo un monumento a la desgracia: es una carta sobre la perseverancia, la fe y la constancia. Aun cuando se pierde todo, hay un capítulo diferente para quien confía en el Señor, y Dios tiene restitución. Muchas veces no es el enemigo quien te zarandea, sino tus propias decisiones; pero aun ahí Dios te sigue amando y esperando.
Quizá al recibir a Jesús pensaste que se acabarían tus problemas, y resultó que se complicaron. Si te acercaste a él hace poco y estás dudando, resiste: Dios tiene el control. «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo».
Dios te conoce por completo y no te ha soltado
No es lo mismo que Dios te conozca por completo a que tú lo conozcas por completo a él. Por eso buscas su presencia: para conocerlo mejor. «Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos… Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano». Ese examen es un examen hecho con amor.
Versículo clave
«Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.»
Salmos 139:1
Quizá has sentido la ausencia de Dios, pero él sigue a tu lado; en medio del caos sigue reinando. Si alguien se apartó, fuiste tú. Su mano poderosa, la que te libra del mal, es la misma que te cubre, te protege y te levanta. Y a Dios le interesa tu historia: aunque creas que se está escribiendo de forma negativa, él quiere borrar esos capítulos y escribir contigo una historia de bendición que alcance a tus hijos, tus nietos y tus bisnietos.
Jesús te acompaña en tu Getsemaní
Jesús les dijo a sus discípulos: «He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz». Lo mismo es para ti: aun en el peor momento, con un cúmulo de pecados, no estás solo. Todo lo que merecías por tu pecado, Jesús lo cargó en la cruz.
Después de la última cena, donde se ciñó una toalla y lavó los pies de sus discípulos —una tarea de siervos—, Jesús fue al Getsemaní, en el monte de los Olivos, un lugar donde solía enseñarles. Allí libró la batalla más dura: decidió entregarse. No lo entregaron Pilato ni la multitud; él decidió morir por ti. «Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia». Si te toca vivir tu propio lugar de prensa, no olvides que Jesús también clamó y lloró; y en Cristo, aun el sufrimiento te lleva a la obediencia.
El amor que te impulsa a vivir distinto
Meditar en lo que Jesús hizo en la cruz te impulsa a vivir en santidad, no por obligación ni bajo condenación, sino bajo la gracia y el amor de Dios. También te impulsa a perdonar. Perdonar no es una opción, sino un mandato: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores». No lo hagas porque alguien te lo dice, sino porque el amor de Jesús te impulsa.
Ese amor te impulsa además a no vivir una religión. Los fariseos imponían un sistema religioso; Jesús vino a romperlo. Seguirlo es una relación con Dios y un estilo de vida. Y te impulsa a ser mejor persona, paso a paso: mejor esposo o esposa, mejor padre o madre, mejor hijo, mejor amigo, mejor trabajador. Hay planes mayores para tu vida: aguanta un poco más, porque detrás de todo hay algo mucho más grande.
La verdadera historia sin fin
Tu historia física terminará en esta tierra, quizá en un hospital o en tu casa. Al final de la vida, a nadie le importa tanto lo que acumuló, sino saber que está en paz con los suyos y hacia dónde va. La verdadera historia sin fin es el amor eterno de Dios. Si recibes a Jesús en tu corazón, vivirás para siempre con el Rey de reyes. Y su tumba está vacía, porque venció a la muerte.
Versículo clave
«Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.»
Jeremías 31:3
Jesús murió con los brazos abiertos, porque quiere abrazar a cualquiera, sin importar el pecado o el error. Su amor es tan grande que, aunque lo hayas rechazado en el pasado, te trajo hasta aquí para abrazarte el resto de tu vida. Si hoy quieres volver a casa, el Padre te espera. Ese es el amor que te impulsa, hoy y por toda la eternidad. Su misericordia se ha prolongado hasta alcanzarte, y no hay capítulo de tu vida que él no pueda redimir.
Referencias bíblicas
- Efesios 6:13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Timoteo 6:12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 139:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 16:32 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Hebreos 5:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jeremías 31:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


