EN Oración
Serie Atmósfera

Atmósfera de poder: confiar en el poder eterno de Dios

El poder de Dios es eterno y no tiene límites. Deja que su palabra rompa los razonamientos que limitan tu fe, adora en medio de la dificultad y ábrele tu corazón a Jesús.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
1 h 05 min

Jehová respondió a Moisés: «¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se cumple mi palabra, o no». ¿Hay algún límite para el poder de Dios? Esa pregunta es también para ti, y la respuesta es clara: no hay límite para el poder de Dios.

Prepárate para que se rompan las creencias que limitan tu confianza en que Dios puede hacer lo imposible. Dios confrontará lo que impide que se cumpla el propósito para el que fuiste creado: experimentar su poder. Jesús le habló a la tormenta y la calmó; también puede hablarle a las tormentas de tu vida. Jesús sabía que Pedro se hundiría, y estaba listo para sacarlo del agua.

Un poder que no se agota

«Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas». El poder de Dios es eterno: no se agota ni está en escasez. Puede haber escasez de dinero o de salud, pero no hay escasez del poder de Dios. Lo que atraviesas es temporal; su poder es eterno. Faraón, Goliat y Herodes tuvieron su tiempo; el poder de Dios permanece. Aun quienes han muerto en Cristo no fueron vencidos, porque él venció a la muerte.

Versículo clave

«Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.»

Romanos 1:20

No se trata solo de motivarte, sino de que seas anfitrión del Espíritu Santo. La creación hace perceptibles las cualidades invisibles de Dios: lo que no se ve puede hacerse visible. Pero si te concentras solo en las circunstancias visibles, no percibirás lo invisible. Una relación con Dios te da revelación que el conocimiento por sí solo no concede. Sé anfitrión de lo invisible, del Espíritu Santo y del poder de Dios, aun cuando las situaciones parezcan difíciles o imposibles.

«Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido». «¿Por qué me pasa esto?», «¿es justo?»: todos tendemos a darle vueltas a lo que vivimos. No conviertas tus propias ideas en ídolos ni intentes razonar a Dios por completo. No necesitas una explicación para cada circunstancia, sino la revelación de que el poder de Dios es eterno, no te ha abandonado y se manifestará a su tiempo.

Cuando el corazón toma una dirección, la mente busca razones para justificarla. Alguien deja de ir a la iglesia «porque el pastor es muy alto»; alguien, después de diez años de casado, empieza a fijarse en que la nariz de su pareja ya no le parece bonita. Los razonamientos vanos llevan a un corazón necio, te impiden recibir dirección de Dios y te hacen declarar que llegaste a tu final. Pero para Dios nada es imposible.

La locura de la predicación

«Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo?». Ese mensaje es poder para ti, aunque a otros les parezca absurdo confiar en Dios y rendirse a él.

Si te preocupan tus finanzas y no sabes qué hacer, las estrategias pueden venir de Dios. Llegará un tiempo en que los más sabios y eruditos de la tierra no tendrán respuestas. El poder y la estrategia vienen de Dios.

Sé parte de una iglesia «loca»: que cree en Dios en medio de la crisis, que confía en que él la sostiene y aun la usa para alimentar a otros. Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación: cuando la palabra de Dios atraviesa tu corazón, te transforma y te hace mirar de otra manera el futuro. No seas culturalmente correcto a costa de ser espiritualmente infiel. Jesús fue azotado y sufrió, pero al tercer día resucitó, tal como lo había anunciado.

Las mujeres llegaron al sepulcro y encontraron al ángel sentado sobre la piedra removida: «No está aquí, pues ha resucitado, como dijo». Creerlo podía parecer una locura. La piedra que hoy te impide avanzar puede convertirse un día en el lugar desde donde das testimonio.

Hay quienes esperan horas para ver a su artista favorito y celebran con todas sus fuerzas. La iglesia canta y celebra al Dios que no ve, pero en quien cree, y cuyo poder invisible es más real que lo visible. Adora, canta y celebra.

Adorar aun en medio de la dificultad

Hay quienes adoran con instrumentos sencillos, sin batería de última generación, ni teclados costosos, ni bocinas importadas, ni buena acústica. La alabanza no depende de tener los mejores recursos. Adora a Dios, cree que su poder eterno puede manifestarse y celebra a Jesús.

Pablo y Silas estaban en el calabozo de más adentro, y a medianoche cantaban himnos a Dios, y los presos los oían. Quizá los presos pensaban que estaban locos por cantarle al Dios por quien los habían encarcelado. Estaban presos y rodeados de historias terribles, pero tenían la historia de Jesús, que resucitó al tercer día. Eran adoradores que confiaban en el Dios capaz de hacer temblar una cárcel.

Quien adora no se queda sentado. Tienes un Dios eterno. Celebra a Jesús, no como un espectáculo, sino porque su poder es eterno. Si enfrentas una enfermedad o sientes que atraviesas tu peor momento, Dios está presente. «Si puedes creer, al que cree todo le es posible».

Vino nuevo y una vida renovada

Los discípulos de Juan preguntaron por qué los discípulos de Jesús no ayunaban. Jesús respondió que no ayunarían mientras el esposo estuviera con ellos, pero que vendrían días en que ayunarían. Y añadió que nadie echa vino nuevo en odres viejos. Jesús es el vino nuevo, y nosotros, tan estructurados, podemos ser odres viejos: si el vino nuevo se echa en un odre viejo, el odre se rompe y el vino se pierde.

Pídele a Dios que rompa lo que haga falta para renovarte. Jesús rompe patrones de pensamiento, hábitos dañinos aprendidos, patrones de conducta y patrones de religiosidad. Jesús no dejó una vida reducida a estructuras religiosas, sino una relación con él: sobre esta roca edificaré mi iglesia. Cuando oyes hablar de lo imposible, tus razonamientos producen dudas y cierran tu corazón a lo nuevo que Dios quiere hacer. No escogiste dónde nacer ni cómo ser creado, pero sí puedes decidir ser discípulo de Jesucristo.

Los setenta volvieron con gozo, diciendo: «Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre». Y Jesús les dijo: «No os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos». En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu: Jesús no era aburrido. Celebra con alegría que Dios te levantará. Si estructuras demasiado a Dios, terminarás dejándolo fuera de tu vida.

Cuando la tradición y la verdad se encuentran, debe ganar la verdad. Una tradición no salva; la sangre de Cristo, su poder y su palabra sí. Jesús escogió discípulos con personalidades muy distintas, y buscaba en ellos que estuvieran «locos» por su palabra.

En la boda de Caná faltó el vino, y Jesús hizo allí su primera señal: mandó llenar las tinajas de agua. Dios puede permitir que te falten algunas cosas para volver a ocupar el primer lugar en tu vida. Cuando tu fe se apoya en lo que falta, te sientes inseguro; deja que Dios te haga nuevo y te llene. Dios está llenando a su pueblo, y viene un tiempo mayor de milagros.

El propósito de Dios en medio de lo que vives

El problema tiene un problema: tú, que aun en medio de la dificultad viniste a adorar y a escuchar la palabra, buscas al Dios que está por encima del problema y de los gigantes. El problema puede seguir, pero el poder de Dios continúa y se manifestará a su tiempo. Ningún gigante ni ningún faraón prevalecerá cuando Dios manifieste su propósito.

Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?». Jesús respondió: «No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él». Si atraviesas dolor, ese dolor tiene propósito en las manos de Dios.

Jairo, la mujer y la demora aparente

Jairo, uno de los principales de la sinagoga, se postró a los pies de Jesús y le rogó: «Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá». Jesús fue con él, y lo seguía una gran multitud que lo apretaba. ¡Qué maravilloso es llegar a Jesús con una necesidad y que él acepte ir contigo!

Había una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor. Cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud y tocó su manto. Había llegado a la nada. Pero la nada es materia prima para el poder de Dios: cuando no te queda nada, todavía tienes al Dios que todo lo puede y que hizo todo de la nada.

Ella no fue a Jesús a pedir dinero: no tenía nada, y fue porque había oído de él. No tenía estructuras religiosas ni cursos de adoración, pero tenía la revelación de que Dios estaba allí. Era menospreciada, y tocar a un hombre en su condición era impropio; aun así, tocó el borde del manto, porque pensaba que con eso bastaría. Jesús preguntó: «¿Quién ha tocado mis vestidos?», porque había sentido que había salido poder de él. Ese poder sigue vigente, y puede alcanzar tu vida y tu familia.

El milagro no fue solo que se detuviera el flujo de sangre: el problema había consumido también su corazón, y ella necesitaba descubrir que era hija. Mientras Jesús todavía hablaba, vinieron de casa de Jairo diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?». Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, le dijo: «No temas, cree solamente». No permitas que una razón vuelva necio tu corazón ni te haga olvidar que el poder de Dios está por encima de cualquier razón.

Versículo clave

«Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.»

Marcos 5:36

Jesús no permitió que lo siguiera nadie sino Pedro, Jacobo y Juan. Al llegar a la casa, vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Les dijo: «La niña no está muerta, sino duerme», y se burlaban de él. Jesús los echó fuera a todos: allí había una atmósfera de razonamiento, y quiso quedarse con quienes creían. Tomó la mano de la niña y le dijo: «Talita cumi», que significa: «Niña, a ti te digo, levántate». Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. La opinión de la multitud no anula el propósito de Dios.

De poder en poder

«Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder». Las lágrimas que derramas en privado, cuando dices «ya no aguanto, ya no puedo», se convertirán en una fuente pública: un día otros verán lo que Dios hizo en tu vida. Espera en el poder de Dios y ve de poder en poder.

Ese poder viene del sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario, con precio de sangre. Ábrele tu corazón: pide perdón por tus pecados y recíbelo como tu Señor y Salvador. Guarda en tu corazón esta verdad: el poder de Dios es eterno.

Referencias bíblicas