Desde pequeño te impresionan los lugares altos. Lo que de niño veías enorme, con los años lo ves más pequeño; pero la humanidad nunca deja de maravillarse con las alturas. Subes a torres y miradores, admiras los rascacielos, y compites por llegar más alto que los demás.
La competencia por llegar más alto
Los rascacielos cuentan esta historia. Desde que se construyó el primero, empezó la rivalidad. Hubo edificios que fueron los más altos del mundo apenas unos meses, hasta que otro los superó, a veces solo por una antena en la punta. Los constructores ocultaban sus planos para que nadie supiera cuánto iban a medir. Hoy los más altos superan los ochocientos metros, y ya se planean torres de varios kilómetros donde vivan un millón de personas. Todos quieren sobresalir.
Esta competencia no es nueva. La Biblia la muestra en Babel, donde unos hombres quisieron hacerse un nombre levantando una torre. Mirar esa historia con honestidad te ayuda a reconocer que muchas veces buscas lo alto con motivos equivocados.
Babel: construir para protegerse de Dios
«Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí». Sinar estaba entre dos ríos: un valle fértil y precioso. Estaban unidos, y la unidad permite alcanzar algo poderoso. Pero dijeron: «Edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre». Poco antes había habido un diluvio; quizá pensaban: «Si Dios se arrepiente de su promesa, tendremos dónde refugiarnos». En su corazón había desconfianza.
Muchos han levantado su propio Babel: un lugar alto donde protegerse por si a Dios se le olvida que los ama o que les hizo promesas. Dicen «edifiquémonos» y «hagámonos un nombre», pensando solo en sí mismos. No saben que Dios ya los conoce por nombre, que los formó en el vientre de su madre y los hizo únicos. «Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra». Babel significa confusión, y así vive quien solo construye para sí.
Versículo clave
«Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio.»
Isaías 40:26
Lugares altos con el corazón incorrecto
Quieres ganar en todo y estar en las plataformas más altas, pero a veces con el corazón y los motivos equivocados. Desde antiguo se buscaban los montes para levantar altares a dioses falsos. Dios no rechaza los lugares altos: quiere que llegues a ellos sano, que levantes allí un altar para él y reconozcas que estás vivo por su misericordia.
Elías lo muestra en el monte Carmelo. Frente a cientos de profetas de Baal que gritaban, danzaban y se herían sin recibir respuesta, levantó un altar a Jehová y mandó derramar agua sobre el sacrificio en una tierra que llevaba tres años sin lluvia. Entonces «cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto». Después vino la lluvia esperada.
Los pequeños dioses que levantas
Salomón, el hombre más sabio después de Jesús, edificó lugares altos a dioses que sabía que no existían. «E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre. Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab». Todo comenzó cuando se dejó seducir por sus pasiones y tomó cientos de mujeres extranjeras. También tú puedes levantar pequeños dioses: el dinero en el banco, un auto, una relación, aun tus hijos. Israel iba y venía: cuando le iba bien adoraba a Dios, y cuando no, buscaba otros dioses.
No seas crítico con Salomón, porque a veces llegas a la iglesia creyendo que aquí se solucionará todo, y cuando no es así, buscas otros dioses. Pero Cristo nunca prometió ausencia de aflicción: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Prometió caminar contigo en las buenas y en las malas. Su amor no depende de tus circunstancias: «Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia».
Una meta clara y la humildad para subir
Para llegar al lugar alto necesitas una meta clara. Con frecuencia la pones en esta tierra: la casa, el auto nuevo, y te atas treinta o cuarenta años a ella, creyendo que ese es tu monte. «Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas… ¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová?». Deja de mirar solo lo terrenal y de pensar que Dios te olvidó. Él no es un genio de la lámpara: te conoce por nombre y camina contigo cada día.
También necesitas humildad. «¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga… Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas… Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas». No eres águila, pero está contigo el que puede elevarse a cualquier altura. Reconoce que necesitas ayuda: en la honestidad y la vulnerabilidad, Dios puede levantarte.
Perseverancia: ni frío ni caliente
Versículo clave
«Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!»
Apocalipsis 3:15
La perseverancia es necesaria para subir. Dios te pide definición, porque con él no se juega. Algunos se volvieron tibios después de haber estado encendidos. Es posible venir a la iglesia solo para cumplir, para que te vean o para saber qué responder si te preguntan. «Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo».
Dios no te deja ahí. «Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico… Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono».
El lugar más alto está abierto
No puedes hablar de lugares altos sin hablar de Jesús, crucificado en un monte. A su lado, un ladrón que nunca había adorado ni leído las Escrituras le dijo: «Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino». Y Jesús respondió: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Hoy Cristo está exaltado hasta lo sumo, sentado a la diestra del Padre, y te invita a subir con él.
Esa es la invitación al edificio más extraordinario que existe. Dios conoce tus intenciones y sabe por qué te acercas. Hoy es una oportunidad para dejar de construir Babel, regresar al Padre si te has enfriado, y reconocer que el lugar más alto es Cristo.
Referencias bíblicas
- Génesis 11:1 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 11:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Jeremías 31:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 40:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 40:28 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Apocalipsis 3:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


