EN Oración

Conversaciones difíciles: valor, amor y cuidado

Tu valor no depende de la aprobación de otros, tus errores no te definen y no tienes que soportar el maltrato. Dios te ama, te da una segunda oportunidad y quiere cuidarte; busca ayuda cuando la necesites.

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Hay conversaciones que cuesta tener: temas que dan temor o incomodidad, pero que necesitan hablarse. Si eres mujer, esto es para ti: tu valor, tus errores y tu derecho a sentirte cuidada.

Tu valor no depende de la aprobación de otros

¿Qué haces cuando no te sientes valorada? Recuerda el amor de Jesús. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Dios dio a su Hijo por ti: eres valiosa para Dios.

Puedes sentir que no te valoran tus amigas, tu novio o tu familia. Cuando te preguntes dónde encontrar tu valor, mira a Dios: él es la fuente. Entra en tu cuarto, cierra la puerta y pregúntale a Dios cuánto vales, especialmente cuando te cueste reconocerlo. Él te responderá con su Palabra.

Tener los tenis más nuevos, usar jeans de marca o pertenecer al grupo de amigas más popular del colegio no te da valor. Las cosas externas y la aprobación social no determinan cuánto vales. Tu valor fue establecido en la cruz.

Las comparaciones te roban la paz. Siempre habrá alguien más bonita, más popular o con más cosas. Pero Dios no te compara: te formó con un propósito único. «Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillada, y mi alma lo sabe muy bien». No necesitas competir para ser amada.

El amor de Dios y la segunda oportunidad

Los escribas y fariseos trajeron a Jesús una mujer sorprendida en adulterio. La pusieron en medio, la señalaron, y querían apedrearla. Jesús les dijo: «El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella». Y acusados por su conciencia, salieron uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros.

«Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más». Después de un error puedes sentir miedo, sentir que no eres digna ni amada, que todos te van a condenar. Todas hemos cometido errores. Pero Jesús no te condena.

Versículo clave

«Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.»

Juan 8:10-11

A pesar de tus errores, Dios sigue amándote y te da una segunda oportunidad. Quizá te dejaste llevar por tus emociones y estás en pecado con tu novio; quizá sientes que eres un desastre y no sabes cómo salir de esa situación. Dios puede levantarte cuando estás confundida, y su amor permanece. Su perdón no es permiso para seguir en lo mismo: «vete, y no peques más». Es una invitación a empezar de nuevo.

Tus errores no son tu identidad. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». Lleva tu error a Dios, recibe su perdón y deja que él escriba un nuevo capítulo en tu vida.

Y si alguien te señala por tu pasado, piensa en esto: el único que podía arrojar la piedra fue el que decidió no hacerlo. La opinión de quienes te acusan no tiene la última palabra; la tiene Jesús.

Sentirte cuidada y reconocer una relación dañina

Dios quiere que te sientas cuidada. Quizá te sientes insegura porque estás en una relación tóxica o en una amistad tóxica, y no te sientes protegida. Permítete ser cuidada. Dios está contigo cuando sientes temor, y quiere abrazarte, cuidarte y consolarte.

Jesús, siendo el Hijo de Dios, sintió angustia en su hora más oscura, y aun así sabía que el Padre estaba con él. Tú también puedes recordar que Dios está contigo.

Una relación sana te da paz, no miedo. Si constantemente sientes que caminas sobre cáscaras de huevo, que tienes que justificar cada cosa que haces, que te aíslan de tu familia y tus amigas, o que te hacen sentir culpable de todo, presta atención: eso no es cuidado, es control. Dios no te diseñó para vivir con miedo.

Muchas veces te exigen comportarte como una «mujercita»: que ordenes tu cuarto, que cumplas con todo. Más allá de esas expectativas, Dios te ha llamado a ser una mujer especial.

«Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas». Eres una perla, una joya, una princesa de Dios; así te mira él. Cuando te levantes por la mañana, recuérdalo: eres hija del Rey, y puedes caminar como tal.

Versículo clave

«Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.»

Proverbios 31:10

Pedir ayuda también es parte de la conversación

No tienes que atravesar sola lo que estás viviendo. Si tienes dudas o necesitas hablar, busca a alguien que te escuche con cariño. Y si tu novio te maltrata verbal, psicológica o emocionalmente, escucha esto: vales mucho y no debes permitir ese trato.

Si estás viviendo eso, busca ayuda y no tengas miedo de salir de una relación tóxica. Dios tiene algo mejor para ti. No te quedes callada ni enfrentes la situación sin apoyo.

Hay quienes llegan a decir: «Mi novio me pega, y ni mi papá ni mi mamá me pegan». No lo permitas. Pide ayuda a una persona de confianza, alguien que pueda darte buenos consejos: tus padres, una líder, una consejera, un pastor. Si estás en peligro, busca protección de inmediato. No tengas temor: Dios está contigo y tiene cosas buenas para tu vida.

El amor verdadero no humilla, no controla, no golpea. «El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor». Si lo que vives no se parece a esto, no es el amor que Dios quiere para ti.

Y si tú eres la amiga, la madre o la líder que escucha, no juzgues. Escucha con paciencia, cree lo que te cuentan, ora con ella y ayúdala a buscar el apoyo adecuado. A veces una sola persona que se interesa marca la diferencia.

Habla con confianza

Reconoce tu valor más allá de la aprobación social, no reduzcas tu identidad a tus errores y toma en serio tu necesidad de sentirte cuidada. Habla de estos temas, aunque sean difíciles. Pide oración, aclara tus dudas y cuéntale a alguien de confianza lo que estás viviendo.

No tienes que soportar el maltrato: no lo permitas y pide ayuda. Dios está contigo, te ama y tiene cosas buenas para tu vida. Reconoce tu valor, busca cuidado y acércate a otras personas cuando necesites apoyo. Eres valiosa, eres amada y no estás sola.

Referencias bíblicas