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Serie Esencia

Volveremos a reír: abrazar el gozo de Dios

El gozo no depende de que las circunstancias sean favorables: búscalo en Dios, cambia el enfoque y decide aferrarte a él en medio de las dificultades.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
44 min

Un muñeco de papel quería dibujarse una cara perfecta. Los pájaros le dijeron que debía tener pico; los árboles, hojas verdes; las flores, pétalos y colores; y otros elementos de la creación también le ofrecieron sus ideas. El muñeco reunió todo en un dibujo, pero nadie consideró que fuera la cara perfecta. Se sentó a llorar. Entonces pasó una nube, que no tenía una forma fija, y se ofreció a ayudarlo probando distintas formas. Ninguna dejó satisfecho al muñeco. Sin embargo, cuando él abrazó a la nube para agradecerle su amistad, apareció una sonrisa de lado a lado. Esa, dijo, era la cara perfecta: una sonrisa que salía de lo profundo del corazón.

«Volveremos a reír»: toma la decisión de volver a reír. Así como el muñeco sonrió al recibir y dar un abrazo, Dios puede sostener a quien está pasando por un momento difícil y devolverle una sonrisa desde lo profundo del corazón.

Dios forma el carácter en medio de las circunstancias

Las dificultades son ocasiones en las que Dios forma el carácter: la vida cristiana es una carrera de resistencia, no de velocidad. Si pasas por momentos difíciles, confía en que Dios te está moldeando. Somos barro en manos del alfarero; las decisiones equivocadas y el pecado pueden hacer que una persona se eche a perder, pero estamos en las manos correctas.

Hay una frase que dice: «Todo lo malo que veas en mí soy yo mismo, pero todo lo bueno que ves en mí es Cristo». La transformación depende de mantener la disposición a que Dios nos cambie y nos haga a su imagen.

Después de una operación que se complica, uno puede depender de otras personas incluso por las noches, para ir al baño y hacer otras cosas, y sentirse limitado. Cuando uno no puede hacer las cosas por sí mismo, Dios trabaja en la formación del carácter.

La felicidad circunstancial y el gozo que sostiene

La felicidad es circunstancial; el gozo viene de Dios, está en el interior y fortalece, sostiene y levanta en las dificultades. Hay quien busca la felicidad al casarse o al comprar ropa, en viajes, reuniones y otras actividades. Esa búsqueda puede parecer una carrera tras algo que se esfuma: aférrate al gozo de Dios.

El gozo forma parte del fruto del Espíritu. Imagina que se siembra una semilla en el corazón: el gozo puede crecer allí. Nehemías 8:10 dice que el gozo del Señor es fortaleza. En Juan 15:11, Jesús habla a sus discípulos del gozo y de que este sea completo, después de decirles que permanecieran en él y que sus palabras permanecieran en ellos. Dios desea que el gozo desborde en sus seguidores.

Versículo clave

«Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.»

Juan 15:11

Al abrirle la puerta al gozo, la tristeza y la falta de identidad pueden empezar a salir. El Espíritu Santo recuerda a las personas quiénes son para Dios, y el gozo puede hacerse visible también en los hogares. Los creyentes son más que vencedores por medio de quien los amó: el amor de Dios es el fundamento de esa esperanza.

Los días de ceniza y la bondad de Dios

David lloró después de encontrar Siclag destruida y a su gente llevada cautiva. Luego se secó las lágrimas, dejó de mirar las cenizas en el suelo y puso la mirada en el cielo, de donde viene toda buena dádiva. Deja de mirar las cenizas y confía en lo bueno que Dios tiene para tu vida.

Salmo 27:13 dice: «Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes». Si atraviesas un tiempo oscuro, verás la bondad de Dios en esta vida. Responde con gratitud y alabanza.

Salmo 27:13 es una invitación a no desmayar.

Tres enemigos del gozo

El primer enemigo del gozo es la comparación. Al mirar redes sociales, a veces una persona se compara con los viajes o el cuerpo de otras y deja de ver lo que tiene. No te mires al espejo comparándote con un modelo: date ánimo a ti mismo.

El segundo enemigo es la queja. Todos nos quejamos del clima, cuando hace calor y cuando llueve, e incluso de la lluvia de ceniza. La queja constante puede contagiarse y amenaza el gozo que Dios ya depositó en la persona.

El tercero es la ingratitud. El pueblo de Israel, en el camino hacia la tierra prometida, comenzó a quejarse de las dificultades del desierto. No te quejes durante el trayecto ni dejes que lo que ocurre en medio del camino interrumpa tu gozo. La fe mira el destino que Dios tiene, aunque la situación actual sea difícil.

Cómo abrazar el gozo: cambiar el enfoque

No hay una fórmula para encontrar el gozo, pero sí experiencias que ayudan. En el mundo de las ventas, cuando las cifras bajan o hay problemas, se dice que hay que «subirse al helicóptero» y mirar la situación desde arriba. En la fe es igual: mira por encima de lo negativo con los ojos de Dios y cambia el enfoque.

En Siclag, David lloró y, después, pidió al sacerdote que le trajera el efod para consultar a Dios. ¿A quién consultas cuando necesitas fortaleza? ¿Seguirás corriendo detrás de una felicidad externa o buscarás el gozo que Dios ha puesto en tu interior?

Las circunstancias externas no siempre se pueden controlar, pero la respuesta interior se puede entregar a Dios. Repite: «Dios tiene el control y yo le creo». Ante una posible noticia de despido, un mensaje preocupante sobre la salud, la preocupación porque los hijos se aparten de Dios o la falta de dinero, aférrate a esa confianza.

Cuando una niña se resbala en los columpios y se golpea la barbilla, la primera reacción de su papá es acercarse, recogerla, abrazarla y levantarla. Aunque otros quieran ayudar, ella quiere los brazos de su papá y llora por el dolor. Él la abraza, la limpia y la calma; un rato después, ella vuelve a estar feliz.

El gozo se encuentra en Dios

Si te has caído, te has equivocado o has tomado una mala decisión, corre a los brazos de Dios como un niño corre a los de su padre. Dios sostiene, limpia y devuelve el gozo; no busques consuelo en otros lugares.

Así es el abrazo del Padre.

Corre a sus brazos.

Pablo escribió Filipenses mientras estaba en la cárcel, esperando ser ejecutado, y la palabra «gozo» aparece allí dieciséis veces: es uno de los libros más alentadores del Nuevo Testamento. Pablo y Silas liberaron a una mujer endemoniada y, por eso, después de azotarlos y golpearles mucho la espalda, los metieron en el calabozo del fondo. Hacer lo correcto no impide atravesar situaciones semejantes a una cárcel.

El gozo no depende de las circunstancias.

Es una decisión.

Y Dios lo trae a las familias.

El Espíritu Santo está con quienes atraviesan dificultades: trae gozo y sostiene. El gozo se encuentra en aquel que dio su vida en la cruz y ofrece libertad y una relación personal con Dios.

El gozo es una decisión

El tercer punto es que el gozo es una decisión, vinculada con el propio corazón, con el corazón de Dios y con el amor a las demás personas. Cuando un hijo pequeño enferma gravemente y hay que llevarlo al hospital, los padres desean ocupar su lugar. En un momento de espera y preocupación así surge la pregunta «¿volveré a reír?», y uno puede encontrarse con Dios como fuente de gozo.

¿Quiénes somos para Dios? Llenarse de su presencia permite que el gozo llegue a la vida. Jeremías 31:3 dice: «Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia». Es un amor inexplicable, que cada persona puede experimentar.

Versículo clave

«Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.»

Habacuc 3:17-18

La cruz y el amor eterno

Ese amor llegó hasta la cruz.

Jeremías 31:3 lo resume: con amor eterno nos ha amado.

Mira hacia adentro. Nadie más sabe si atraviesas desaliento, decepción o enfermedad, pero puedes tomar una decisión a la luz del amor eterno de Dios. El gozo no llega como resultado de aquello que has estado esperando; comienza cuando crees y te sostienes en Dios mientras llega lo que has pedido. Imagínate saltando, danzando y por encima del problema, mientras el Espíritu Santo ministra.

El gozo entra en las familias, y salen por la ventana la depresión, la tristeza, la enfermedad, las adicciones, el temor y la decepción: una iglesia que abraza el gozo para ser restaurada. Repite: «Señor Jesús, en esta mañana yo decido abrazar el gozo. Mentira, engaño, temor, no va más conmigo. Jesús venció, yo lo creo, y así será, en el nombre de Jesús. Amén».

Ora: «Señor Jesús, te pido perdón por mis fallas y pecados. Te recibo como mi Señor y mi Salvador; regálame de tu gozo».

Vuelve a reír, no porque toda dificultad desaparezca de inmediato, sino porque en Dios está el gozo que sostiene. Cambia el enfoque, abandona la comparación y la queja, y decide confiar en él mientras atraviesas las circunstancias.

Referencias bíblicas