EN Oración
Serie Estereotipos

Cómo te ves: autoimagen, autoestima e identidad en Dios

¿Cómo te ves? Tu valor no depende del espejo ni de la opinión de otros. Mírate como Dios te ve, trata a los demás con amor y respeto, y vive con decisión y gratitud.

Predicador
Andrés Azurdia
Publicada
Duración
15 min

¿Cómo te ves? La autoimagen es la percepción que tienes de ti mismo y la manera en que te proyectas ante los demás. La autoestima es la valoración que haces de ti: tus pensamientos positivos o negativos sobre quién eres. No es un tema solo para jóvenes o adolescentes: a cualquier edad necesitas saber quién es tu Creador y hacia dónde vas.

Muchas personas famosas, admiradas por millones, han confesado haber sufrido bullying, rechazo, insultos por su aspecto o una autoestima tan baja que necesitaron ayuda para superarla. El reconocimiento público no resuelve el problema de la identidad.

Todos batallamos con nuestra imagen

Hay quienes han batallado toda su vida con su peso. De niños eran gorditos, usaban lentes y cargaban un apodo que les dolía. Les ofrecían premios por cada libra que bajaran. En la adolescencia, cuando les gustaba alguien, pensaban que nadie se fijaría en ellos, y se sometían a dietas para agradar a otros. Y aun hoy pueden mirarse al espejo y seguir viéndose igual.

Quizá no eres tan esbelto como podrías ser, pero el cuerpo, el rostro y la personalidad que Dios te dio son especiales. Todos tenemos algo con lo que batallamos. Y hay dos maneras de enfrentar lo que te sucede: como víctima o como protagonista.

Incluso quienes parecen seguros son vulnerables y a veces tienen pensamientos que los hacen sentirse menos. Quizá en las reuniones con amigos te sientas aparte mientras los demás disfrutan. Sé protagonista de tu vida: no permitas que las opiniones ajenas definan tu valor, y presta atención a lo que Dios dice de ti.

Lo que Dios dice y la historia de Gedeón

Dios dice que eres amado, que eres bendecido y que hay un plan y un propósito para ti. Las redes sociales y lo que dicen tus amigos pueden interferir con esa verdad. El rey Saúl se comparó con David: «Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles». Esa comparación lo carcomió. Fue llamado por Dios, y aun así terminó reemplazado. Pero Dios tiene un plan para ti y puede sacarte adelante.

Dios llamó a Gedeón para librar a Israel de los madianitas. «Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?». Gedeón respondió: «Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre». Y Jehová le dijo: «Ciertamente yo estaré contigo».

Jehová lo miró. Dios te ve. Esa mirada es cuidado, y significa que Dios tiene un plan y un propósito para tu vida. «¿No te envío yo?». Dondequiera que estés, procura ser tu mejor versión, no para complacer a los demás, sino para complacer a Dios.

«¿Con qué salvaré yo a Israel?». Todos tenemos nuestros «cómos»: ¿cómo voy a ser buen estudiante si me cuesta estudiar? ¿Cómo voy a gustarle a alguien si soy flaco? ¿Cómo voy a conseguir trabajo si soy tartamudo? ¿Cómo voy a verme bien si me sigo viendo gordo? Esas preguntas pueden convertirse en excusas.

La respuesta de Dios es: «Yo estaré contigo». Dios está contigo aunque no lo sientas; todos hemos tenido momentos en que sentimos que Dios no estaba cerca. «Ve con esta tu fuerza»: reconoce lo que Dios puso dentro de ti. Lo que consideras un defecto puede ser el lugar donde el poder de Dios se perfeccione. Usa las fuerzas que tienes.

Los espías que fueron a reconocer la tierra prometida dijeron: «Éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos». ¿Cómo te ves a ti mismo? «Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien». Aunque no estés satisfecho con lo que ves en el espejo, Dios te hizo de una manera maravillosa.

Versículo clave

«Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.»

Salmos 139:14

Ser sal y vivir desde una identidad sana

«Vosotros sois la sal de la tierra». ¿Alguna vez probaste unas papas fritas o un trozo de carne jugoso sin sal? La sal da sabor. Tú puedes darle sabor a la vida, a tus estudios y a todo lo que haces. Fuiste hecho a imagen de Dios: mantén tu autoestima en alto.

Una identidad sana no depende de un pasado perfecto. Todos pecamos y nos equivocamos, y eso puede llevarte a sentirte indigno del amor de Dios. Acércate a Dios y pídele perdón: él perdona, deja atrás lo anterior y te da una nueva imagen, que tiene que ver con quién eres y hacia dónde vas.

Tres actitudes de una autoestima sanada

La primera es ser decidido. Decide, aunque la decisión resulte buena o mala: Dios te acompañará en medio de tus decisiones. No te quedes atrapado en «a lo mejor sí» o «a lo mejor no». Decidir con seguridad refleja que Dios ha sanado tu autoestima.

La segunda es tratar a los demás como te gustaría ser tratado. «Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos». Si te gusta que te traten con amor y respeto y que te digan cosas buenas, haz lo mismo con los demás. ¿Por qué esperar un buen trato si tú no tratas bien a otros?

La tercera es la gratitud. Aprende a vivir dando gracias a Dios, no solo cuando las cosas van bien, sino también cuando van mal o no avanzan como quisieras. «Dad gracias en todo». Que agradecer se convierta en un hábito: refleja una identidad y una autoimagen sanas.

Cuando vives desde lo que Dios dice de ti, dejas de necesitar la aprobación constante de los demás. Ya no compites con todos ni te escondes de todos: puedes celebrar los logros de otros sin sentirte amenazado, y reconocer tus debilidades sin sentirte destruido. Esa libertad es fruto de saber que eres amado.

Mira la gloria de Dios sin máscaras

«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor». Mírate al espejo y ve en ti la creación de Dios y su gloria. A cara descubierta: abre tu corazón y quítate las máscaras. No dejes que lo que dicen los demás determine quién eres.

Versículo clave

«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.»

2 Corintios 3:18

Que la palabra de Dios llene tu corazón, transforme tu autoimagen y tu autoestima, y te permita reflejar su gloria en todo lo que haces. Mira más allá de tu inconformidad con el espejo: tu identidad está en Dios. Vive con decisión, con amor hacia los demás y con gratitud.

Referencias bíblicas