EN Oración
Serie Nuevo plan

Nuevos planes: sueños, metas y propósito

Planificar también implica adaptarse. Vuelve a soñar, convierte tus sueños en metas, traza pasos concretos y pon tus planes al servicio del propósito de Dios.

Predicador
Giuli Bocache
Publicada
Duración
18 min

Quizá muchos de tus planes se frustraron o quedaron a medias. Sería un error concluir que ya no vale la pena planificar. Sigue siendo importante volver a plantearte metas, fijar objetivos y atreverte a soñar.

Tener objetivos, metas y sueños importa, aunque no siempre se cumplan los planes originales. No los deseches cuando cambian las circunstancias: aprende a modificarlos y adaptarlos a lo que estás viviendo. La capacidad de adaptarte es una de las respuestas que exige este tiempo.

Vuelve a soñar y reconoce el propósito

Además de tus sueños personales, Dios tiene sueños acerca de ti, y tus metas pueden ayudarte a avanzar hacia su propósito, seas joven o adulto. Dios se interesa por tus sueños. No pienses que no le importan: tus sueños pueden ser un medio por el que Dios cumple su propósito en tu vida.

Antes de planificar, necesitas saber qué quieres planificar y qué objetivos deseas alcanzar. Cuando les preguntas a muchas personas cuáles son sus sueños, se quedan en blanco: dejaron de soñar a los doce años. Con el paso del tiempo, muchos apartan esa parte de su vida. Pero los sueños son importantes, y Dios se interesa por ellos.

Hay quienes se fijan metas y luchan por objetivos que antes fueron sueños, y hay quienes se dejan llevar por la corriente y terminan cumpliendo los objetivos de alguien más. ¿Qué tipo de persona quieres ser este año? Muchas personas que alcanzaron el éxito —deportistas, líderes, empresarios— se fijaron metas y objetivos, no solo en su trabajo o sus estudios, sino en toda su vida.

Distingue entre tus metas personales y las que tienen que ver con tus estudios o tu trabajo, incluso cuando no te gustan tanto. A veces una meta se cumple para honrar a tus padres y para obtener buenos resultados. No dejes de crecer.

Metas que te retan y se trabajan cada día

Una meta es un reto que te desacomoda, te motiva y te lleva a trabajar todos los días para conseguirlo y ser mejor. Pregúntate qué propósito hay detrás de cada meta: por qué quieres alcanzarla, por qué estás haciendo tanto esfuerzo, qué hay en tu corazón que la vuelve importante. Y sé específico al escribir lo que quieres lograr.

La razón principal para fijarte metas es que te obligan a convertirte en la persona capaz de alcanzarlas. Que tus metas y objetivos te impulsen a convertirte en lo que Dios quiere para ti y a avanzar hacia el propósito que tiene para tu vida.

Una hoja en blanco es como la historia que Dios quiere escribir con tus metas, tus sueños y tus objetivos. Toma papel y lápiz y escribe lo que quieres hacer. La tecnología es útil, pero escribir de forma tangible tiene un valor especial.

Escribir tiene un impacto: recuerdas con más facilidad qué buscas y hacia dónde te diriges, y tu mente empieza a trabajar en cómo alcanzar lo que anotaste. Escribe tus metas con frecuencia, porque pueden olvidarse. Para mantenerlas presentes necesitas intencionalidad, constancia y hábitos que creen un espacio para trabajar en ellas.

Un sueño se convierte en una meta cuando empiezas a trabajarlo. Poner algo por escrito lo hace más tangible y te empuja a la acción. Pero redactar una meta no basta: también tienes que moverte y buscar cómo cumplirla.

De la meta escrita a un plan de pasos

Tus metas deben ser específicas, claras y concretas; medibles, para que puedas evaluar tu avance; alcanzables, es decir, realistas; y relevantes, capaces de desacomodarte, moverte e impulsarte. Que sean inspiradoras, creíbles —primero para ti y luego para quienes te acompañan— y que te lleven a la acción.

Agrega otro criterio: que tu meta bendiga a alguien más. Pregúntate a quién beneficiará lo que estás haciendo. Y traza un mapa de ruta: desglosa tu sueño en partes y pasos, porque a veces ves el destino deseado, pero no sabes por dónde empezar ni qué hace falta para llegar.

Si tu sueño es montar una heladería, esa es la estrella de tu mapa. El siguiente paso es detallar lo necesario: el nombre, el logotipo, qué tipo de helados ofrecerás, artesanales o de frutas. Sé lo más específico posible respecto de lo que necesitas.

Si tu meta es no solo escribir un libro, sino que llegue a muchas personas, quizá no sabes cuántos libros te tomará. Pero puedes trazar tu ruta: definir el tema y escribir; buscar quien te ayude a redactar y editar; avanzar con una editorial; finalmente, la imprenta. Cuando tienes claros los pasos, puedes empezar a actuar.

Celebra los pasos pequeños. Aunque todavía no hayas llegado a la meta final, publicar tu primer libro ya es un gran avance. El mapa te ayuda a aterrizar la meta y a comenzar, en lugar de quedarte mirando un sueño grande sin saber qué hacer primero.

Preguntas para orientar tus objetivos

Al establecer tus metas, responde tres preguntas: ¿qué quiero ser?, ¿qué quiero hacer?, ¿qué quiero tener? Quizá quieres ser mejor padre, mejor líder, mejor profesional. Quizá quieres hacer algo diferente este año, construir algo. Y quizá quieres tener algo, también dentro de ti.

Necesitas emprender acciones específicas para alcanzar tus metas. Tus sueños están ligados al propósito de Dios: «Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá».

Versículo clave

«Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; Mas el consejo de Jehová permanecerá.»

Proverbios 19:21

Dios se interesa por tus sueños y puede usarte a través de los sueños que cumplas. Que algo no te guste no significa que no puedas llegar a ser bueno en ello. Hay quienes no sabían hablar en público y hoy lo disfrutan, porque se esforzaron. Sé valiente y sigue adelante frente al reto.

Cinco áreas para planificar

Puedes establecer metas en cinco áreas: espiritual, personal, familiar, profesional y de servicio a los demás. Cada persona puede organizarlas a su manera, pero no descuides ninguna.

Tres palabras resumen el camino: esfuerzo, enfoque y esmero. Esfuérzate por cumplir el propósito de Dios. Mantén el enfoque, porque las distracciones del mundo pueden apartarte de lo que Dios quiere. Y esmérate: a Dios se le entrega lo mejor.

«Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados». Dios es bueno, y es el Dios de los planes. Que tus planes se cumplan, pero sobre todo, que el propósito de Dios se haga realidad en tu vida. Toma papel y lápiz, escribe tus planes y tus proyectos, y ponlos en sus manos.

Versículo clave

«Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados.»

Proverbios 16:3

Referencias bíblicas