Aquí tienes un reto: haz un agujero en una hoja de papel por el que pueda pasar todo tu cuerpo. ¿Imposible? ¡Tendría que ser un agujero enorme! Pero si cortas el papel de la manera correcta, con muchos cortes en zigzag, la hoja se abre en un gran círculo y puedes pasar por él. Así pasa también en la vida: a veces tienes problemas que te preocupan y no sabes cómo resolver. Si confías en Dios, él puede mostrarte una salida. «Para Dios todo es posible».
Un hombre que no podía ver
Jesús y sus discípulos pasaron junto a un hombre ciego de nacimiento que pedía limosna. Ese hombre vivía en la oscuridad: no podía trabajar, ni prepararse comida, ni cuidar de una familia. Para sobrevivir dependía de que alguien le diera comida o dinero.
Los discípulos le preguntaron a Jesús: «Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?». En aquel tiempo, mucha gente creía que las enfermedades y las desgracias eran castigo por algún pecado. Es verdad que algunas cosas malas son consecuencia de malas decisiones. Pero hay cosas malas que suceden y no sabemos por qué. Aun así, Dios puede usar incluso las cosas malas para nuestro bien.
«Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él». Entonces Jesús escupió en tierra, hizo lodo con la saliva y untó con el lodo los ojos del ciego. Y le dijo: «Ve a lavarte en el estanque de Siloé». El hombre fue, se lavó y regresó viendo.
Versículo clave
«Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.»
Juan 9:3
¡Qué sorpresa para todos! Algunos decían: «¿No es este el que se sentaba y mendigaba?». Otros decían: «A él se parece». Y él decía: «Yo soy». Cuando le preguntaban qué había pasado, contaba: «Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo». Lo que para la gente parecía imposible no estaba fuera del alcance de Dios.
Después, Jesús lo encontró y le preguntó: «¿Crees tú en el Hijo de Dios?». Y él dijo: «Creo, Señor», y lo adoró. Aquel hombre no solo recibió la vista: recibió una vida nueva por medio de Jesús. Antes andaba a oscuras; ahora podía trabajar, cuidar de una familia y vivir de otra manera.
No todas las dificultades terminan como la de este hombre, y a veces Dios no responde como esperamos. Habrá días malos. Aun así, confía: Dios está en control y puede mostrarte su poder en medio de las circunstancias difíciles.
Si te has encontrado con Jesús, tienes una historia que contar. Aquel hombre contaba lo que Jesús hizo en su vida. Tú también puedes contarle a alguien tu historia con Jesús. No necesitas entender todas las razones de lo que te pasa para confiar en Dios y hablar de él.
Fíjate en algo: Jesús le pidió al hombre que hiciera su parte. Tenía que caminar hasta el estanque y lavarse, todavía sin ver. Obedeció antes de ver el milagro. A veces Dios te pide que des un paso de obediencia aunque todavía no veas la respuesta. Confía y obedece.
Y fíjate en otra cosa: cuando el hombre empezó a ver, no todos se alegraron. Algunos lo interrogaron, otros no le creyeron, y hasta lo expulsaron. Pero él siguió diciendo la verdad: «Era ciego, y ahora veo». Cuando cuentes lo que Jesús hizo por ti, quizá no todos te crean. No importa: tu historia es verdadera, y Jesús está contigo.
Una receta para recordar
Ahora vamos a preparar brownies. Necesitas harina, huevo, agua o leche, aceite, azúcar y chocolate. ¿Te comerías cada ingrediente por separado? ¿Una cucharada de harina sola? ¿Un huevo crudo? ¿Un trago de aceite? ¡Claro que no! Cada ingrediente tiene un sabor y una textura distintos; algunos, como el azúcar y el chocolate, son dulces y ricos, pero otros no.
Mezcla los ingredientes hasta que la masa quede uniforme. Puedes usar una mezcla de caja y agregar lo que indica. Vierte la masa en una bandeja engrasada para que no se pegue, y pídele a un adulto que la meta al horno durante media hora a 350 grados. ¡Qué rico huele cuando sale! Si quieres, espolvoréale un poco de azúcar glas encima.
La vida es como esa receta. Hay momentos amargos, crudos, dolorosos, secos o blandos: caerte y rasparte la rodilla, que se rompa tu juguete favorito, perder a alguien a quien amas. Y también hay momentos buenos: tu cumpleaños, la llegada de un hermanito, las vacaciones, una comida deliciosa.
Cada ingrediente por separado no siempre es agradable, pero cuando se mezclan forman un brownie delicioso. Así también, Dios puede combinar las experiencias buenas y las difíciles de tu vida para tu bien. Juntas, en sus manos, forman una vida con propósito, útil y llena de sabor.
«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados». En los tiempos difíciles es cuando ves lo grande que es Dios. Él te ama y tiene el control de lo que sucede a tu alrededor. No dejes de confiar: Dios puede hacer grandes milagros.
Versículo clave
«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.»
Romanos 8:28
El horno también enseña algo: la masa tiene que pasar por el calor para convertirse en brownie. Si la sacas antes de tiempo, queda cruda. A veces los momentos difíciles son como ese horno. No son agradables, pero Dios los usa para formarte. Espera su tiempo, y verás lo que él hace contigo.
Piensa en alguien que hoy esté triste o preocupado. Quizá puedes compartir con él tu brownie y contarle esta historia. Así, lo que aprendiste se convierte en bendición para otros.
Lo que aprendiste hoy
La hoja de papel parecía imposible de atravesar, y no lo era. El hombre ciego no podía ver, y Jesús le dio la vista y una vida nueva. Los ingredientes de un brownie no son ricos por separado, pero juntos sí. Confía en Dios aunque no sepas por qué atraviesas algo difícil, y cuéntales a otros la historia que has vivido con Jesús.
Cuando prepares tus brownies en casa con tu familia, acuérdate de esta historia y de que Dios puede usar todo lo que vives para bien. Y si algún día sientes que tu problema es tan grande como pasar a través de una hoja de papel, no lo olvides: para Dios no hay nada imposible.
Ora así: «Jesús, gracias porque me amas y tienes el control de mi vida. Ayúdame a confiar en ti en los días buenos y en los días difíciles. Quiero conocerte más y contarles a otros lo que haces por mí». ¡Que Dios te bendiga!


