Todos tenemos un entendimiento natural: necesitamos ver y que nos expliquen para poder entender. Así fuimos educados. Cuando no terminabas una tarea, decías: «No entiendo», y hasta allí llegabas. También te dijeron: «Tienes que tener algo con qué defenderte». Prepararse es bueno, pero el día que no tienes ese «algo» te sientes indefenso. La palabra enseña otra cosa: quien tiene a Jesús lo tiene todo. El entendimiento natural es útil, pero el entendimiento espiritual es el más poderoso que puedes tener.
Un entendimiento que solo da la fe
«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía». Hay un entendimiento sobrenatural que solo da la fe. Hoy entendemos que Noé construyó un arca porque lo leemos. Pero los héroes de Hebreos 11 entendían por la fe no solo lo que había ocurrido, sino lo que iba a ocurrir. Por la fe vas a entender que sucederá lo que Dios ha dicho de tu vida.
Versículo clave
«Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.»
Hebreos 11:3
Por la fe entendemos los procesos
Si quieres entender un proceso solo con el entendimiento natural, te frustrarás. La fe te permite comprender el poder que hay en los procesos. Una mujer sirofenicia tenía una hija gravemente atormentada por un demonio. Le pidió un milagro a Jesús, y él no le respondió palabra. Los discípulos dijeron: «Despídela, pues da voces tras nosotros». Alguien con entendimiento natural se habría ido ofendido. Ella siguió clamando. Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos». Y ella respondió: «Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos».
«Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora». Ella no se frustró ni se amargó: entendía que su fe estaba siendo formada. Cuando no entiendes por la fe, te amargas en los procesos; cuando la fe te da entendimiento, sabes que tu milagro está cerca.
En una carrera popular de cinco kilómetros, muchos llegan a la salida diciendo: «Vamos a terminar entre los primeros», aunque no hayan entrenado. Al primer kilómetro empiezan a quedarse atrás. La emoción te alcanza para un kilómetro, pero el carácter te lleva a la victoria. Muchos cristianos quieren correr su carrera solo con emoción. Cuando la fe te da entendimiento, comprendes que el proceso es un entrenamiento. Si no aceptas el proceso, no esperes la victoria: cada proceso te hace más fuerte y te prepara para algo nuevo.
Jesús fue entrenado en el desierto
El Padre llevó a Jesús al desierto cuarenta días, entre fieras. Jesús no se quejó: «¿Cómo me llevas allí si soy tu Hijo?». Él sabía que el desierto lo llevaría a otro nivel, y salió en el poder del Espíritu. Satanás lo atacó en la emoción: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Es la misma voz que te dice: «Si Dios es tu Padre, ¿por qué pasas esto? ¿Por qué vas a la iglesia y todo sigue igual?». Jesús respondió con el carácter formado en el desierto: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». No se movía por un pedazo de pan, sino por la voluntad del Padre.
Por eso, cuando Pedro quiso apartarlo de la cruz, Jesús le dijo: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!». Otra vez era la emoción queriendo acomodarlo y apartarlo del propósito. «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Dios no promete ausencia de aflicciones, pero sí garantiza la victoria. La vida de Jesús no estaba sostenida en emociones, sino en un carácter formado por el Padre.
Como pan mal cocido
«Efraín se ha mezclado con los demás pueblos; Efraín fue torta no volteada». Israel se asociaba con quienes no tenían fe, y por eso en el desierto se quejaba: «¿Por qué este calor, esta comida? Volvamos a Egipto». Tenía el entendimiento de los que no creen. Un pan horneado solo de un lado está crudo del otro: un día cree y otro no; es una cosa en la iglesia y otra en el trabajo o en casa. Y el pan crudo produce dolor. Efraín no se dejaba voltear: por miedo al proceso, no permitía que Dios lo formara. Pero el alfarero dice: «No temas; estás en buenas manos».
«Y extranjeros devoraron su fuerza, y él no lo supo». Cuidado con la duda: poco a poco te roba la fuerza. Si te roban algo material, entiende que lo que el enemigo quiere no es tu objeto, sino tu fe. Con fe puedes recuperar mucho más. Quien entiende por la fe puede incluso decir: «Quizá alguien estaba pidiendo esto, y Dios lo usará».
Sin olor a humo
Sadrac, Mesac y Abed-nego estaban definidos: «No serviremos a tus dioses». No eran pan crudo ni bailaban al son que les tocaran. Los echaron al horno calentado siete veces más, y Jesús estaba con ellos en el fuego. Al salir, «ni aun olor de fuego tenían». Quien entiende por la fe sabe que la prueba no es para muerte, y no sale oliendo a amargura. Quien no entiende por la fe sale preguntando: «¿Por qué a mí?».
Piensa en una joven que fue operada varias veces en pocos días. En lugar de quejarse por no poder ir a la iglesia, contó que mientras estaba hospitalizada, varias personas a su alrededor habían recibido a Cristo. Por la fe entendemos que los planes de Dios son perfectos y que aun los momentos difíciles pueden ser usados para bendición. Lo que para ti es dolor, para alguien más puede ser la respuesta que espera.
No te dejaré si no me bendices
«Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba». Puedes estar rodeado de gente y sentirte solo. Jacob venía de catorce años de procesos: trabajó siete por Raquel, le dieron a Lea, y trabajó siete más. Cuando el varón vio que no podía vencerlo, tocó el encaje de su muslo y se lo descoyuntó, y le dijo: «Déjame, porque raya el alba». Jacob respondió: «No te dejaré, si no me bendices». Le cambió el nombre: «No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel». Muchos tienen fe para soportar; Dios quiere darte fe para la victoria. No sueltes a Dios aunque el proceso duela.
Versículo clave
«Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.»
Génesis 32:26
Por la fe entendemos también el sacrificio y el gran amor de Jesús en la cruz, que dio su vida por ti. Abre tu corazón y ora: «Señor Jesús, perdona mis pecados; te recibo como mi Señor y mi Salvador».


