«He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias». Cuando Dios anuncia una nueva temporada, la marca con su poder, su gloria y su provisión sobrenatural. La expresión «de repente» aparece muchas veces en la Biblia: es Dios haciendo un milagro que tú creías que ya no iba a ocurrir. Prepárate para que un día digas: «Dios nos lo dijo antes de que sucediera».
Versículo clave
«He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.»
Isaías 42:9
Como el bambú
Hay una especie de bambú que, después de sembrada, pasa años sin mostrar fruto visible. El sembrador limpia la maleza y riega todos los días, pero no ve nada. Durante ese tiempo, el bambú está echando raíces profundas. Y de repente, en pocas semanas, crece decenas de metros. Necesitaba raíces tan profundas porque lo que venía era muy grande. Quizá has pasado días, meses y años sin ver lo que Dios prometió. Dios está trabajando en lo profundo, porque lo que viene es grande: lo que no pasó en años puede pasar en semanas.
Las raíces se forman en lo secreto: en la oración diaria, en el tiempo con la palabra, en la obediencia cuando nadie te ve, en la fidelidad en lo pequeño. «Será como el árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae». No desprecies la temporada de raíces: es la que hará posible que lo que viene permanezca.
Raíces para sostener la abundancia
Pedro había trabajado toda la noche sin pescar nada. Pero Jesús le dio una palabra: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Pedro respondió: «Toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red». Y la red se rompía por la cantidad de peces; tuvieron que llamar a la otra barca. El «de repente» de Dios trae rompimiento y sobreabundancia.
¿Qué hizo Pedro? «Cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador». Cuando Dios te bendice en abundancia, quien tiene raíces profundas se llena de gratitud; quien no las tiene se llena de orgullo y se destruye. A algunos las alturas los apartan de Dios; pero quien tiene fundamentos firmes sigue reconociéndolo como su Dios, no importa cuán alto lo lleve. Si no has visto promesas cumplidas, Dios está trabajando en lo profundo para que permanezcas firme cuando llegue lo grande.
El «de repente» es para los que permanecen
«Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados». Jesús había ordenado esperar la promesa del Espíritu. Más de quinientos hermanos lo vieron resucitado, pero en el aposento alto había unos ciento veinte. La espera revela cuánto anhelas algo. Muchos se van por duda o por desesperación; pero los que permanecen, como el sembrador del bambú que sigue regando, ven el «de repente» de Dios.
Dios no pide permiso: se manifiesta a quienes esperan. «Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido». Quizá en algún momento sentiste vergüenza por creer algo que todavía no veías, mientras otros te decían que ya era tarde. Pero nadie que confíe en Dios será avergonzado. Él va a honrar tu vida. «Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará». Lo que Dios dijo llegará a su tiempo, y cuando llegue, será de repente.
Versículo clave
«Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido; Serán avergonzados los que se rebelan sin causa.»
Salmos 25:3
Para los rodeados de imposibles
Hay quienes dicen que, si a cierta edad no has visto tus sueños realizados, ya no los verás. Quienes dicen eso no han leído la Biblia. Abraham tenía casi cien años, su cuerpo estaba como muerto y su esposa era estéril, y llegó el «de repente» de Dios. Sara se rió al oír la promesa, pero Dios la cumplió, y llamó a su hijo Isaac, que significa «risa». La palabra de Dios rompe toda estadística que diga que por tu edad ya no puedes ver grandes cosas. Deja las excusas.
Ana y la porción especial
Elcana tenía dos esposas: Penina, que tenía hijos, y Ana, que no los tenía. «Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía». A todos nos ha pasado: alguien que parece tener justo lo que tú anhelas te lo muestra, y algo se irrita por dentro. Pero solo puede irritarte lo que tú permites. A veces llegas a la casa de Dios creyendo que tienes fe, y lo que tienes es frustración. Mientras Ana no sanara su corazón, no iba a disfrutar el «de repente» de Dios.
Fíjate en un detalle: «Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos». Aunque todavía no veía la promesa, Dios tenía un cuidado especial de ella. Quizá porque no has visto cumplidas algunas promesas, crees que no eres especial para Dios. Lo eres más de lo que imaginas. A Penina no le costó tanto; a Ana sí, porque estaba llamada a una profundidad mayor: Penina dio a luz hijos, pero Ana dio a luz a Samuel, un profeta que marcó la historia. Si tu proceso ha sido más largo, puede ser porque lo que vas a dar a luz es grande.
Ana derramó su alma delante de Jehová. El sacerdote Elí, al verla mover los labios sin voz, pensó que estaba ebria; ella le explicó su dolor, y él la despidió con una bendición: «El Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho». Ella se fue, comió, «y no estuvo más triste». Poco después concibió a Samuel.
Año tras año, Ana subía a la casa de Jehová y pensaba que su tiempo se estaba acabando. Pero «para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día». No te aflijas ni te amargues: lo que a otros les tomaría mil años, Dios puede hacerlo contigo en un día. No estás perdiendo el tiempo. Permite que el Espíritu Santo sane las áreas de tu corazón que llevan tiempo heridas.
El «de repente» más glorioso ocurrió cuando el mundo estaba en tinieblas: Jesús murió en la cruz, el velo se rasgó, y resucitó con las llaves de la muerte. Ese «de repente» trae salvación, vida y esperanza. Puedes orar: «Señor Jesús, perdona mis pecados; te recibo como mi Señor y mi Salvador».


