Revisa el espíritu con el que llegaste y con el que saldrás. El cuerpo nos trae al lugar, pero también importa cómo está nuestro espíritu. «Un espíritu diferente»: una vida influida por el Espíritu de Dios y marcada por una respuesta distinta ante las dificultades.
El mundo espiritual está en movimiento, y hay «espíritus» que todavía operan como influencias. El espíritu de Herodes se asocia con acabar con la vida de los niños; el de Faraón, con esclavizar, fomentar el afán y llevar a confiar más en el dinero o el trabajo que en Dios; otro, con perseguir y atemorizar a quienes tienen una voz profética. Y está el espíritu de Absalón: el hijo de David se situaba a la puerta y hablaba con quienes iban a ver al rey; quizá les decía que él habría hecho otra cosa, y los abrazaba, una conducta divisiva.
La buena noticia es que el Espíritu de Dios está presente. De Caleb se dice que había en él «otro espíritu». Cuando el Espíritu de Dios influye en la vida de una persona, produce un espíritu diferente, capaz de marcar una diferencia dondequiera que vaya. Permite que Dios visite tu vida y transforme tu espíritu.
La diferencia empieza dentro
Revisa primero lo interior. Ante la adversidad, solemos examinar lo que nos rodea y buscar en las circunstancias externas la causa de todo; pero también hay que mirar el espíritu con que respondemos. No es solo un gobierno el que puede cambiar un país: las personas pueden marcar una diferencia desde una vida llena del Espíritu de Dios. En una crisis, no esperes que alguien más dé el primer paso para ser diferente.
La fe acompaña allí donde la razón abandona. Ante resultados médicos difíciles, o al escuchar que una enfermedad no tiene cura, la fe permanece mientras se espera el milagro.
En la multiplicación de los panes y los peces, la comida era poca para una multitud de más de cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños; la razón consideraría imposible alimentar a todos. La respuesta de Jesús expresa confianza en que para el Padre no hay nada imposible. No midas las promesas únicamente por lo que parece alcanzable a primera vista.
Caleb frente al informe de los espías
El ejemplo central es el reconocimiento de la tierra prometida. Doce espías fueron a explorarla; regresaron con fruto, y diez dieron un informe desfavorable, mientras Josué y Caleb sostuvieron una respuesta distinta. Los frutos mostraban algo de la tierra prometida, aunque muchos no creyeron ni siquiera ante esa evidencia. Caleb habla ante Moisés y anima al pueblo a subir y tomar posesión, mientras los otros hombres objetan que no podrán vencer a los habitantes.
El modo de hablar revela la manera de afrontar una crisis. Los otros espías describen a los habitantes como más fuertes y dicen que ellos mismos se veían como langostas, es decir, como saltamontes. Esa comparación expresa baja autoestima: se veían pequeños frente a la adversidad y no como Dios los veía. El énfasis está en la percepción que los espías tenían de sí mismos.
Versículo clave
«Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.»
Números 13:30
La baja autoestima tiene señales: criticar a los demás, ser pesimista, tener dificultad para aceptar corrección y suponer que ciertos comentarios o gestos están dirigidos contra uno. En algunas relaciones, una persona puede hacer sentir menos a su pareja, una conducta vinculada a la baja autoestima. Basa tu autoestima en Dios, no en tus logros ni en el orgullo. Recuerda de quién eres hijo: Dios no tiene limitaciones, te ama y te considera especial.
Caleb tenía un espíritu diferente porque confiaba en que, si Dios había prometido la tierra, también cumpliría su promesa. Aunque los habitantes fueran grandes, Dios era más grande que la adversidad. Esa convicción no borra el tamaño del desafío: cambia el informe que se da sobre él.
La queja se contagia; la confianza también se expresa
La congregación grita, llora y se queja, incluso deseando haber muerto en Egipto o en el desierto. La murmuración y la queja pueden hacer perder bendiciones. Los diez espías contagiaron al pueblo con un espíritu negativo: todos comenzaron a hablar y quejarse de manera semejante. Presta atención a lo que transmites a los demás.
Imagina que alguien llega a una reunión con gripe y su vecino teme contagiarse. A veces somos cuidadosos con ese riesgo físico, pero no mostramos la misma cautela ante la murmuración, los chismes y las palabras que dividen. No se trata de equiparar una enfermedad con una actitud, sino de cuidar la influencia espiritual que ejercemos.
Josué y Caleb, en cambio, describen la tierra como buena, afirman que Dios puede llevarlos allí y piden no rebelarse ni temer. Caleb dice que los habitantes serán como pan para ellos: una imagen de hambre y de comida servida, que expresa apetito por la victoria y confianza en que Dios está con ellos.
Otra característica del espíritu diferente es tener hambre de la palabra de Dios. Cuando alguien está enfermo, puede no querer ni el mejor plato; de manera semejante, un espíritu afectado por la duda, la amargura o la frustración pierde el deseo de recibir la palabra. Quien tiene hambre presta atención y recibe lo que Dios dice.
La palabra de Dios no volverá vacía, sino que cumplirá aquello para lo que fue enviada. Una palabra puede estar dirigida a alguien y, si esa persona no la recibe, Dios encontrará quién la reciba. Está dispuesto y atento.
Atentos a la palabra
Uno puede ponerse a dieta en lo físico, pero no debe volverse melindroso con la palabra porque confronta. Cuando uno se reúne con amigos en un restaurante, no se levanta de la mesa para ir al baño mientras quedan entradas o comida por comer; solo lo hace cuando ya no queda nada en los platos. Con esa atención y esa hambre hay que recibir la palabra.
Las distracciones interrumpen: llega un mensaje al celular justo cuando estás escuchando algo importante. Quizá necesitabas oír que es tiempo de comenzar algo nuevo, o que puedes salir de una relación en la que has sido maltratado porque hay algo mejor para tu vida. No permitas que una distracción desplace tu atención.
Jesús pidió la barca de Pedro para enseñar y, después, le indicó que bogara mar adentro, y siguió una pesca abundante. ¿Qué habría pasado si Pedro se hubiera ido al baño o a contestar Facebook mientras Jesús hablaba? Quizá la palabra habría sido para Santiago, Juan o alguien más. La palabra de Dios no vuelve vacía: está atento a la que puede ser específica para ti.
Los diez espías estaban atentos a las adversidades que vieron; Caleb, a la palabra de Dios. ¿Qué escuchas? ¿A qué prestas atención? Eso marca la diferencia en el espíritu. Escucha sin distraerte y recibe la palabra con hambre.
Esperar en Dios y mantener viva la promesa
En Josué 14, Caleb recuerda que los otros espías atemorizaron al pueblo, mientras él creyó de todo corazón que el Señor ayudaría a conquistar la tierra. Creer «de todo corazón», no a medias, implica adorar fervientemente, arrepentirse con rapidez, obedecer voluntariamente, sacrificarse con prontitud y congregarse con entusiasmo.
Versículo clave
«Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.»
Josué 14:12
Caleb tuvo que esperar a otra generación para entrar en la tierra: una generación que no se deja convencer y otra que depende de quienes la precedieron para ver cumplidas las promesas. Según su testimonio, habían pasado 45 años desde que el Señor hizo la promesa por medio de Moisés, mientras Israel peregrinaba por el desierto.
Caleb dice que el Señor lo había mantenido con vida y que conservaba sus fuerzas. Mientras Caleb viviera, la promesa seguía viva y él todavía tenía propósito. Lo mismo vale para ti: «la promesa de Dios sigue viva para tu vida; si estás con vida, hay propósito aún en tu vida».
Caleb no se amargó ante el desafío.
Caleb tenía 85 años. ¿Crees que ya es tarde para avanzar? ¿Te has retirado o jubilado de las promesas de Dios? Mientras haya vida, hay fuerzas y propósito.
Caleb pide la región montañosa, donde habitaban los anaceos y había ciudades grandes y fortificadas. Expresa su confianza con el matiz «Quizá Jehová estará conmigo» y dice que los echará, como Jehová ha prometido. Su petición muestra disposición a enfrentar desafíos grandes: es un reporte de fe.
Un informe de fe y el desafío de la montaña
La promesa no murió: la tomó otra generación.
No hay jubilación para las promesas de Dios.
Caleb conquistó Hebrón y tuvo éxito donde otros habían fracasado. Hebrón significa intimidad y comunión: una imagen de la relación con Dios, la mayor herencia.
Dios da testimonio de Caleb porque hubo en él otro espíritu y decidió ir en pos de él. Explorar es descubrir un lugar poco conocido y vivir una aventura. No te amargues ante un desafío grande: recíbelo como una nueva aventura con Dios. Los descendientes de Caleb tomarían posesión de la porción de tierra que les correspondía: la promesa no desaparece cuando una generación muere; otra puede recibirla. Decide si tomas lo que Dios ha diseñado para tu vida.
Del espíritu de orfandad a la confianza en el Padre
El hijo pródigo pidió su herencia y la malgastó viviendo perdidamente. Esa conducta expresa un «espíritu de orfandad»: aunque tenía el título de hijo, no se sentía hijo y buscaba pertenecer a algún lugar. Cuando una persona no recibe la pertenencia del padre, puede buscarla en otros espacios sin encontrarla.
Frente a ese espíritu está el del padre, imagen de Dios: expectante, atento al regreso del hijo. Todos estuvimos muertos en delitos y pecados, pero el Padre esperaba nuestro regreso.
Imagina al padre ante alguien que le advierte que el becerro engordado va a estallar: «Síganlo engordando, porque el día va a llegar». Alimenta tu fe con las promesas de Dios y mantén la expectativa.
El hijo vuelve diciendo que lo ha perdido todo, pero el padre lo besa y ya tiene sandalias, traje nuevo y un anillo nuevo para él. El hijo perdió su herencia, pero no perdió a quien hereda: el Padre no se queda sin herencia ni oportunidades. Si crees haberlo perdido todo, Dios ofrece paz y una nueva oportunidad. El hijo deja atrás la orfandad y vuelve a tener un espíritu de hijo.
Hay fiesta, y el otro hermano, que venía de camino, oye el ruido, la danza y la música. El padre había dado herencia a los dos hijos, y aún había más para celebrar. ¿Cuán lejos quieres oír llegar las promesas? Conserva un espíritu diferente mientras esperas.
La invitación final
¿Cómo está tu espíritu? La orfandad, las heridas, la amargura, la frustración y la duda pueden marcarlo. Pide que el Espíritu de Dios visite tu espíritu, lo sane y lo transforme. Un espíritu diferente está lleno de la gracia y el favor del Padre, de un amor que no abandona.
Abre tu corazón a Dios y recibe a aquel que permite nacer de nuevo y que el espíritu cobre vida. Puede comenzar una semana diferente porque hay un espíritu diferente: una semana de victoria y bendición. Alaba a Dios.
Referencias bíblicas
- Números 13:30 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Números 14:8-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Josué 14:8-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Josué 14:14-15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 15:11-32 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Isaías 55:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


