EN Oración
Serie En peligro de extinción

Valentía: cómo salir de la carpa y vencer a los gigantes con Gedeón

La valentía está en peligro de extinción. Con la historia de Gedeón ves tres pasos para recuperarla: escuchar lo que Dios piensa de ti, creerlo y actuar. Sal de la carpa de tu zona de confort, deja de gastar fuerzas en excusas y preocupaciones, y enfrenta a tus gigantes, como los valientes de David y como Jesús, el más valiente.

Predicador
Tito Cuellar
Publicada
Duración
42 min

La valentía es la determinación para enfrentar situaciones arriesgadas o difíciles, y hoy es un valor en peligro de extinción. Todos hemos sentido miedo: de niños a la oscuridad o a monstruos que no existían; de adultos, a muchas otras cosas. El temor te detiene y te paraliza, de modo que no llegas a lo que Dios dijo que llegarías. Hay tres pasos para convertirte en una persona valiente.

Escucha lo que Dios piensa de ti

Todo el día escuchas malas noticias, a veces la misma noticia varias veces, y lo que oyes continuamente te va llenando. Necesitas escuchar a quien te creó, te formó y te conoce perfectamente. Él sabe quién eres y qué necesitas oír, y piensa lo mejor de ti: «Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de paz, y no de mal».

Gedeón y la carpa de la zona de confort

Israel había hecho lo malo delante de Dios, y los madianitas llegaban continuamente a robar sus cosechas y los tenían aterrorizados. En medio de esa situación, el ángel de Jehová se apareció a Gedeón. Lo halló en el lagar, un lugar pequeño destinado a pisar uvas o prensar aceitunas, sacudiendo el trigo a escondidas, manojo por manojo. El trigo se trillaba al aire libre, con animales que pasaban sobre grandes cosechas; Gedeón estaba siendo poco productivo porque tenía miedo.

Versículo clave

«Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.»

Jueces 6:12

Dios no le hablaba al Gedeón asustado de ese momento, sino a lo que llevaba en lo profundo, en su ADN. Hoy también le habla al valiente que llevas dentro y que debe despertar. Muchos prefieren vivir en una carpa: sirve para dormir un par de noches en un campamento, pero es incómoda para vivir; no se puede cocinar bien, se duerme en el suelo. Aun así, hay quienes prefieren quedarse ahí antes que dar fruto, porque le creen al gigante que tienen delante.

Cuando el temor gobierna tu vida, das poco fruto. Cuando te vistes de valentía, sales al aire libre, el lugar correcto para sacudir el grano y dar la mejor cosecha. Dios viene a desacomodarte: es momento de despertar y brillar, porque para eso naciste.

Versículo clave

«Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.»

Isaías 60:1

Cree lo que Dios piensa de ti

Escuchar a Dios es muy diferente de creerle. Gedeón le reclamó: «Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado?». Y puso excusas: «Mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre». Dios le respondió: «Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel… ¿No te envío yo?». Su fuerza, en ese momento, era la que usaba para reclamar y dar excusas. Tú también gastas fuerzas en preocupaciones. Usa esa fuerza para lo bueno: si Dios te dio vida eterna, ¿no te dará lo que necesitas en esta tierra?

Goliat se presentaba mañana y tarde pidiendo un guerrero, y todo el pueblo estaba paralizado. Esas son las voces de los gigantes a las que tantas veces les crees: la enfermedad, las deudas, una situación que parece demasiado grande. Gedeón enfrentaba a un ejército enorme con treinta y dos mil hombres. Veintidós mil se volvieron por miedo; quedaron diez mil. Dios los probó junto al agua, y se quedó con trescientos, los que bebieron con la mano, alerta. Así se aseguró de que nadie dijera: «Mi mano me ha salvado». Muchas veces intentas resolverlo todo con tus propias fuerzas, y por eso vives preocupado.

Una señal de Dios en medio del miedo

Aun con trescientos hombres, Gedeón tenía miedo, como cualquiera. Dios le dijo: «Si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento, y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán». Allí escuchó a un soldado enemigo contar un sueño: «Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó». Su compañero respondió: «Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón… Dios ha entregado en sus manos a los madianitas». Gedeón adoró, y volvió diciendo: «Levantaos». Rodéate de personas que te den esperanza y caminen contigo en fe.

A medianoche, con cántaros, antorchas y trompetas, los trescientos rodearon el campamento; rompieron los cántaros y gritaron, y los madianitas huyeron. Cuando se activa en ti el espíritu de valentía, los enemigos huyen, y a veces ni siquiera tienes que pelear. Dejas de creerle a la enfermedad, a las finanzas y a la situación con la que luchas cada día. Sal de tu carpa: afuera, frente al gigante, ocurren los milagros.

Actúa con valentía

El tercer paso es actuar: esforzarte y ser valiente. Los valientes de David salieron de la cueva de Adulam, donde se juntaron los afligidos, los endeudados y los amargados de espíritu. Lo que escucharon de David los transformó. Uno de ellos peleó hasta que «su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada». Otro, Sama, se paró en medio de un pequeño campo de lentejas del que todos habían huido, lo defendió, «y Jehová dio una gran victoria». Un valiente defiende aun lo pequeño, porque sabe lo que representa.

A veces necesitas oír cosas duras para que se active tu valentía. Hay creyentes que esconden su Biblia para que nadie sepa que siguen a Cristo, hasta que alguien humilde, como un lustrabotas en la calle, les dice: «Yo no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios». Es tiempo de decirle no al pecado, de exaltar sin vergüenza el nombre de Jesús, que es sobre todo nombre, y de levantarte para servir a tu familia, a tu generación y a tu país.

Jesús, el más valiente

Jesús es el más valiente de todos. Estando en su trono, descendió para salvar a la humanidad; defendió por ti el pequeño campo que nadie quería defender, y obtuvo una gran victoria: la salvación. «La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».

Ya sea que hoy estés en una cueva, frente a una enfermedad o ante un ejército que parece enorme, es momento de escuchar al Padre y creerle. Se acabó el tiempo de lamentarse. Empieza el tiempo de actuar, de salir de la carpa y de enfrentar a los gigantes. «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente… porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas».

Referencias bíblicas