La esperanza que nace de la resurrección
Alabado sea Dios, Padre de Jesucristo, porque nos ha hecho nacer de nuevo y nos ha dado una vida con esperanza. Esa esperanza se relaciona con el amor de Dios y con el poder que mostró al resucitar a Jesús de entre los muertos. ¿Dónde está puesta tu esperanza? Porque Cristo resucitó, hay vida y esperanza, incluida la esperanza de vida eterna.
Una cosa es conocer la información acerca de la resurrección y otra experimentar su poder. En Filipenses 3:10, Pablo expresa su deseo de conocer a Cristo, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos. El verbo «conocerle» significa experimentar; la versión Dios Habla Hoy expresa el deseo como sentir en uno mismo ese poder. Pablo no se conformaría con que la iglesia supiera que Jesús resucitó; la llama a experimentar el poder de esa resurrección.
Versículo clave
«a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte»
Filipenses 3:10
El conocimiento bíblico, la teología y la tradición tienen valor, pero la información, por sí sola, no basta. El Espíritu Santo puede hacer que lo aprendido descienda al corazón y se convierta en revelación vivida. Por eso vale la pena preguntarse: ¿tengo información acerca de la Biblia o he permitido que el Espíritu de Dios la convierta en una convicción experimentada?
Marta: saber que habrá resurrección y esperar su poder
El encuentro de Jesús con Marta después de la muerte de Lázaro ilustra la diferencia. Marta le dice a Jesús que, si hubiera estado allí, su hermano no habría muerto; cuando Jesús habla de que su hermano resucitará, ella responde refiriéndose al día postrero, al día de la resurrección. Esa respuesta muestra que Marta conocía la doctrina, pero aún esperaba la resurrección como un acontecimiento futuro.
Jesús no quería limitarse a hablarle de la resurrección, sino manifestarse como la resurrección. Por eso, no dejemos todo milagro para el pasado o para un día indefinido en el futuro: el poder de la resurrección puede manifestarse hoy. Quien llegó enfermo puede salir sano, y quien llegó sin esperanza puede salir con esperanza.
Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. Pueden llegar momentos de temor y dificultad, pero eso es distinto de una vida gobernada por el temor. Repetir una verdad no es lo mismo que tenerla arraigada: ¿la palabra bíblica permanece como información o el Espíritu de Dios la ha llevado al corazón?
Una convicción que cambia la manera de mirar la muerte
Pablo pregunta: «Muerte, ¿dónde está tu aguijón? ¿Dónde está tu victoria?». Podía desafiar a la muerte porque no tenía solamente información, sino una revelación interior. Hay quien acelera al pasar frente a un hospital; en contraste, la convicción de que morir en Cristo es ganancia produce confianza.
Algunas personas repiten «el morir en Cristo es ganancia», pero, cuando enferman, temen morir. No se trata de negar esos momentos de temor, sino de preguntarse qué sucede cuando las palabras dejan de estar solo en la mente y llegan al corazón. La experiencia de la resurrección permite recordar que Cristo vive y que la muerte no tiene la última palabra para quien está en él.
Hay personas que entraron a la universidad creyendo en Dios y salieron siendo ateas. En sus vidas había conocimiento enfrentado con otro conocimiento, sin una experiencia de Dios.
Mientras uno lee la Palabra, la presencia de Dios puede descender sobre él. Sería triste hablar del poder de la resurrección sin conocer a quien resucitó; esa presencia es el mayor regalo que podemos tener. Puede haber experiencias sobrenaturales con Dios. Alguien puede ir a una universidad o escuchar a un ateo decir que Dios no existe; frente a eso, quien ha experimentado a Dios puede dar testimonio personal de que estuvo con él esa mañana.
Cuando solo sabemos de Dios, pero todavía no lo hemos conocido mediante una experiencia, podemos tener muchas dudas. Cuando Dios se manifiesta, ya no queda todo reducido a explicaciones. Son dos aspectos distintos: la muerte de Jesús en la cruz da la oportunidad de recibir salvación, y la resurrección permite experimentar el poder de Dios en la vida.
Acceso a Dios y una tumba vacía
Alguien puede ir a una iglesia por costumbre o tradición, en particular durante el domingo en que se recuerda la resurrección. Pero que nadie se vaya a casa contando simplemente que participó en una celebración más, sino que pueda contar que experimentó el poder de la resurrección y que Cristo vive. La resurrección no se reduce a un recuerdo anual: es una realidad que puede manifestarse en cada vida.
Versículo clave
«No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras»
Lucas 24:6-8
La resurrección da derechos y acceso a Dios. Dios entregó a Jesús para que muriera por los pecados y lo resucitó para que fuéramos declarados inocentes. La resurrección es testimonio de que Dios aceptó el sacrificio de Cristo y fundamento del acceso cotidiano al Padre. No se trata de acercarse a alguien mortal, sino a Dios, dueño del oro, de la plata y de todo lo que existe, para quien nada es imposible.
Lucas 24 cuenta que las mujeres llegan a la tumba y no encuentran el cuerpo de Jesús. Aparecen dos varones con vestiduras resplandecientes y preguntan por qué buscan entre los muertos al que vive; luego anuncian que Jesús ha resucitado y les recuerdan lo que él había dicho en Galilea: que sería entregado, crucificado y resucitaría al tercer día.
Entonces las mujeres recuerdan las palabras de Jesús. Vuelven del sepulcro y cuentan lo sucedido a los apóstoles y a los demás. ¿Y tú qué recuerdas en medio de tus días: lo que salió mal y lo que otros hicieron, o lo que Jesús ha dicho? No dejes que lo que estás viviendo desplace las palabras de Jesús.
Piensa en la frase «al que cree, todo le es posible»: imagina a alguien que recibe malas noticias y, en el carro, recuerda esa palabra. O en las palabras de Jesús sobre las aves: no siembran ni cosechan, y Dios las alimenta; ¿cuánto más cuidará Dios de las personas, que son más valiosas? Cuando uno siente que no puede hacer nada, recuerda que Dios sí puede actuar.
Las palabras de Jesús son vida, en contraste con las malas palabras y las noticias que producen frustración y arrastran el ánimo. Las mujeres habían visto la crucifixión y lo que estaba ocurriendo; los ángeles les dijeron que recordaran lo que Jesús había dicho. Ese recuerdo se convierte en una proclamación: «el tercer día viene para tu vida».
Aflicción, confianza y el anuncio de las mujeres
Jesús habló de la aflicción en el mundo y llamó a confiar porque él ha vencido al mundo. Una versión usa la expresión «apreturas», que se relaciona con sentirse sin salida. La crucifixión podía producir asfixia: los pies se ponían juntos, se clavaban y la persona se empujaba hacia arriba para sobrevivir un poco más. La imagen deja un mensaje: Jesús sabe lo que es sentirse apretado y ahogarse, y aun así llama a confiar porque ha vencido al mundo.
¿Quién puede confiar hoy en Jesús? Él está con quienes atraviesan esa presión, y él venció. En el relato de Lucas, las mujeres regresan del sepulcro y dan la noticia a los apóstoles y a los demás, pero sus palabras les parecen locura y no las creen. La incredulidad inicial de los discípulos forma parte del relato bíblico.
La reacción de los apóstoles da pie a una observación: las mujeres creyeron y los hombres analizaron. No lo analicemos todo antes de escuchar. Una mujer fue usada para traer al Mesías, y una mujer fue a dar las buenas nuevas.
Podemos imaginar a los discípulos pensando: «¿El resucitado? Si él lo dijo». Quizá ya no recordaban esas palabras; la resurrección solo puede recibirse por revelación. Algunas cosas que hoy parecen locura en tu vida sucederán, y Dios puede sacarte adelante de maneras que no imaginabas.
Pedro, los lienzos y la transformación
Lucas cuenta que Pedro se levanta, corre al sepulcro, mira dentro, ve los lienzos solos y vuelve a casa maravillado por lo sucedido. Los lienzos quedaron donde habían envuelto a Jesús: eran parte de lo que pertenecía al pasado. Jesús ya no estaba allí.
Si crees que tus circunstancias actuales determinan tu final, el poder de la resurrección puede interrumpir ese final: lo que ocurrirá no será definido por lo que hoy vives, sino por lo que Dios ha dicho sobre tu situación. Cree que el final será glorioso y maravilloso.
La depresión, la tristeza, la escasez y los momentos difíciles pueden quedar como lienzos, vestigios de una etapa anterior, cuando el poder de la resurrección actúe. Puede que algunas personas no reconozcan lo que Dios haga en la vida de alguien. Dios da una nueva oportunidad.
La última vez que vieron a Jesús caminando, lo vieron con una cruz, sangrando y con una corona de espinas; ahora es el Cristo resucitado que camina firme. El poder de la resurrección se manifestará, y quien lo reciba podrá caminar con seguridad y fe. El contraste entre la pasión y la resurrección nos invita a recordar lo que Dios puede hacer.
La resurrección transforma, y el llamado final
El poder de la resurrección no es simplemente para mejorar la vida, sino para transformarla por completo. Los creyentes siguen equivocándose y tropiezan, pero al tropezar siguen hacia adelante y no retroceden. Esa perseverancia es resultado de haber experimentado a un Dios vivo y poderoso. Los tropiezos existen, pero no tienen que convertirse en una vuelta atrás.
Lo primero que se enseña es que Cristo murió en lugar de nosotros, que éramos pecadores, que fue sepultado y que Dios lo resucitó después de tres días. Después vienen las apariciones: primero a Pedro, después a los doce, más tarde a más de quinientos seguidores a la vez —algunos todavía vivían y otros ya habían muerto—, luego a Santiago, a todos los apóstoles y, por último, a Pablo.
Pablo dice haber conocido a Jesús después de los otros apóstoles; antes había sido Saulo de Tarso, y Jesús ya había partido. Pablo tuvo una experiencia con el Cristo resucitado. Se considera el menos importante de los apóstoles por haber hecho daño a la iglesia de Dios, pero añade que Dios fue bueno con él y que, por el poder especial recibido, trabajó más que los otros apóstoles.
Si el poder de la resurrección se manifiesta sobre el pasado, Dios puede hacer cosas que uno no había imaginado. Dios te ama, sus promesas siguen en pie y el poder de la resurrección está por encima de cualquier error.
Que no nos quedemos únicamente con aprendizaje, información y conocimiento en la mente, sino que la revelación llegue al corazón. Puedes pedir perdón a Jesús por tus pecados, abrirle el corazón y recibirlo como Señor y Salvador. Tu vida nunca más será la misma.
Referencias bíblicas
- 1 Pedro 1:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 11:21-25 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Timoteo 1:7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:1-12 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 16:33 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Corintios 15:3-10 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


