EN Oración
Serie Conectados

Conectados a la visión de Dios

No es lo mismo tener vista que vivir con la visión de Dios: una visión que da dirección, forma discípulos y permite perseverar hasta cumplir la misión.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
49 min

Proverbios 29:18 es el punto de partida, junto con la exhortación a estar conectados con la visión de Dios. El pasaje dice que «donde no hay visión el pueblo se desenfrena»; también puede expresarse así: por falta de visión, el pueblo sufre daño. No se trata de cualquier visión, sino de la visión de Dios para la vida. La primera enseñanza es que la visión da dirección: podemos tener vista y, sin embargo, carecer de visión.

Una visión que viene de Dios

A quien no sabe cuál es su visión, la respuesta es que Dios ha dado una visión a todos, aunque recibirla y caminar en ella es otra cuestión. Su fundamento está en la muerte de Jesús en la cruz y su resurrección. Ese sacrificio fue hecho por toda la humanidad, y la oportunidad se extiende a todos.

Luego vienen las palabras de Jesús antes de partir, en Mateo 28:18-20: toda autoridad le ha sido dada en el cielo y en la tierra, y sus seguidores deben ir y hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Jesús tiene toda autoridad. ¿Fue dada la comisión solo a los pastores o a todos? Es una visión para todos: quien hace discípulos también debe ser discípulo y dejarse formar.

Versículo clave

«Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.»

Mateo 28:18-20

No está mal pedirle a Dios ayuda ante un problema; lo cuestionable es que a veces se confíe en que Dios puede resolverlo, pero no en que pueda dar visión y dirección. La visión de Dios es más amplia que la nuestra, y es perfecta. La exhortación es querer ser formado y marcar una diferencia dondequiera que uno esté, bendiciendo a otros.

La formación interior y la plenitud

Para ilustrar el alcance limitado de una visión humana, imaginemos un proyecto: construir un condominio, obtener ganancias y alcanzar un objetivo. Aunque eso pudiera lograrse, sería una visión limitada frente a la visión integral de Dios. El término «integral» significa total, cabal, completo y lleno. Un proyecto externo no produce plenitud total si la persona no permite que Dios la forme interiormente.

Esa idea se relaciona con la exhortación de Mateo 6:33: buscar primero el reino de Dios y su justicia, con la promesa de que las demás cosas serán añadidas. Buscar a Dios principalmente por un interés personal no está prohibido, pero es distinto de buscar primero lo que le interesa a Dios. La visión consiste en poner primero el reino y confiar en que Dios añadirá lo que la vista humana no alcanza a imaginar.

El deseo expresado en 3 Juan 1:2 es que la persona prospere en todo, así como prospera su alma. La visión de Jesús es formar la vida y hacer prosperar el alma, mientras añade lo demás. ¿Dónde está el alma? Algunos coros preguntan quién trajo las manos o los pies; el alma, en cambio, está en el interior. Dios quiere transformar lo que no se ve.

Visionario es quien mira más allá de sus necesidades y quiere ser usado para bendecir a otros. Nadie puede dar lo que no tiene, y la formación como discípulos es la visión de Dios para nosotros. Esto recorre toda la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis: Dios ha estado formando hombres y mujeres.

La visión de Dios frente a la mirada humana

Hay un contraste entre la elección de Saúl y la de David. Según el relato bíblico, Saúl fue escogido por el pueblo y David fue escogido por Dios. Saúl era hermoso y, después de que comenzó a ser transformado, se detuvo. La elección de David no debía guiarse por lo que todos veían, sino por la mirada de Dios: era un hombre conforme a su corazón.

Tras las victorias, la celebración atribuía a Saúl mil y a David diez mil. Saúl vio a David como competencia y se llenó de envidia y odio. De allí surge una aplicación sobre el trabajo en equipo: quien solo tiene vista puede ver como rival a la persona que Dios pone a su lado, en vez de reconocer lo que Dios hace.

Volvemos a la autoridad de Jesús y a la comisión de hacer discípulos. La iglesia está llamada a dejarse formar. Esa formación es una visión poderosa porque prepara a las personas para construir sobre un fundamento sólido. El discipulado no es una tarea reservada a expertos: Dios puede llamar a personas dispuestas a ser formadas.

José: del sueño al proceso de formación

La historia de José muestra que la visión trae revelación y que una promesa puede requerir un proceso. José soñó que llegaría a gobernar Egipto y que sus hermanos se inclinarían ante él. Podemos imaginarlo despertando emocionado y contándoselo a sus hermanos.

Pensemos en un edificio: el diseño se concibe de arriba hacia abajo y, cuanto mayor es el proyecto, mayor debe ser su fundamento. Así ocurrió con José: después de recibir una promesa, las cosas pudieron empeorar antes de que llegara a cumplirse. José llegó a lo prometido doce o trece años después. El sueño no cambió; cambió José, porque Dios estaba formando a la persona.

Imaginemos a Faraón despertando en su palacio y a José despertando en la cárcel. Faraón podía ver lo que había construido, mientras José podía ver lo que Dios había construido en él. La formación de José le permitió tener una respuesta que los expertos convocados por Faraón no dieron.

La aplicación se dirige a la vida cotidiana: el mundo necesita personas con revelación y respuestas para sus matrimonios, familias, trabajos y empresas. Algunas respuestas llegarán cuando Dios haya construido el interior. La visión marca a una persona para que pueda marcar la vida de alguien más.

El desierto y la mirada puesta en la promesa

Dios prometió al pueblo de Israel la tierra prometida, descrita en la Biblia como una tierra de leche y miel, con arroyos y de gran extensión. Sin embargo, el pueblo parecía concentrado en la incomodidad del desierto y no en lo que Dios estaba formando. Una cosa es la mirada puesta solo en la circunstancia; otra, la visión de que el proceso preparaba para algo mayor.

Israel estuvo dando vueltas durante cuarenta años, aunque el trayecto que recorrieron podría cruzarse en autobús en siete horas. El problema no era geográfico, sino del corazón. Los espías vieron gigantes y concluyeron que no podrían avanzar; Josué y Caleb, en cambio, confiaron en que Dios entregaría la tierra. Quien tiene visión ve la promesa de Dios sin negar que enfrenta una dificultad.

Sansón: recuperar la visión en medio de la adversidad

La historia de Sansón es otro ejemplo de una vida con una misión grande. Nació cuando sus padres no podían tener hijos y, según el relato bíblico, mostraba fuerza cuando el Espíritu de Dios venía sobre él. Esa fuerza era parte de una visión de Dios para terminar con los filisteos: la visión clara renueva las fuerzas. Quien vive solo por vista, en cambio, puede desanimarse ante el primer tropiezo.

Después aparece Dalila, y Sansón le revela el secreto de su fuerza. Ese error está vinculado con la pérdida de la visión. Jueces 16:21 relata: los filisteos lo prendieron, le sacaron los ojos, lo llevaron a Gaza, lo ataron con cadenas de bronce y lo pusieron a girar el molino en la prisión. Hay que tener cuidado con lo que uno mira, porque la vista puede apartar de los planes de Dios.

Como contraste, José huyó cuando la esposa de Potifar lo tomó de la ropa. Frente a la tentación, recordó que lo que Dios tenía para su vida era mayor. No dejemos que el pecado detenga la visión. Los relatos de Sansón y de José no son iguales: aquí sirven para contraponer una caída y una huida.

La historia continúa con Sansón en el templo de Dagón, haciendo girar el molino, en una situación muy difícil. Imagina la escena: cuando Sansón perdió la vista, recuperó la visión.

Versículo clave

«Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos.»

Jueces 16:28

Por eso, no pierdas el tiempo en los momentos difíciles: examina tu corazón y permite que Dios forme discípulos. Hay encuentros, academias y cursos para matrimonios, y aunque alguien objete que hay demasiado trabajo, Dios puede obrar. Sansón no respondió preguntando por qué estaba ciego o por qué había recibido esa misión; volvamos a Dios y queramos ser formados.

Una oración y una misión que no termina en la caída

En Jueces 16, los filisteos se reúnen para ofrecer un sacrificio a Dagón y se alegran porque creen que su dios les ha entregado a Sansón. Lo llevan para que los entretenga. El texto cuenta que Sansón pide al muchacho que lo guía que lo acerque a las columnas que sostenían el edificio. Había allí hombres y mujeres, y sobre la azotea se encontraban alrededor de tres mil mirando mientras él los divertía.

Entonces Sansón invoca al Señor y le pide que se acuerde de él y le dé fuerzas una vez más, para vengarse de los filisteos por sus dos ojos. La petición «acuérdate de mí» puede entenderse como una petición relacionada con la visión y el sueño que Dios le había dado. Dios no se había olvidado de Sansón; su oración fue una súplica por nuevas fuerzas.

El relato bíblico sigue con Sansón apoyando una mano en cada una de las dos columnas centrales y diciendo: «Muera yo con los filisteos». Se inclina con todas sus fuerzas y el edificio cae sobre los principales y sobre el pueblo que estaba allí. El pasaje concluye que los muertos en su muerte fueron más que los que había matado durante su vida. Ese resultado muestra que todavía había una misión que cumplir.

Podemos imaginar que, al palpar las columnas, Sansón comprendió de nuevo el tamaño del fundamento que Dios había puesto en él. Lo que Dios ha puesto en una persona es mayor que la adversidad; dejémonos formar en medio de los momentos difíciles.

Esta historia habla también a quienes se sienten atados por un vicio. Alguien puede decir: «voy a morir alcohólico»; pero no morirá alcohólico ni alcoholizado, porque Dios puede darle un nuevo nombre: libertad. Juan 8:36 lo confirma —«si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres»—: conéctate con la visión de Dios.

La visión lleva a cumplir la misión

La visión conduce a cumplir la misión. El relato bíblico dice que los hermanos de Sansón y toda la casa de su padre bajaron, lo llevaron y lo sepultaron entre Zora y Estaol, en la tumba de Manoa, su padre; también dice que Sansón juzgó a Israel veinte años. Sansón había perdido de vista su propósito, pero terminó cumpliendo una misión: fue «un ciego, pero jamás un hombre sin visión».

Hebreos presenta a Sansón entre los héroes de la fe. Jesús no se acuerda del pasado de la misma manera que de lo que una persona decide hoy; creamos que hay algo nuevo y derribemos las columnas que se interpongan en la visión de Dios. No todo lo que alguien atraviesa se debe a Dios: en ocasiones ocurre porque no se ha tomado la visión de Dios. La amargura durante los procesos contrasta con el carácter que Dios construye en quien vive con visión.

No dejes de creer; cultiva intimidad con Dios y ora, para que, cuando la vista quiera traicionarte, el espíritu recuerde la palabra recibida. Jesús tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra, y su comisión sigue vigente: vayan y hagan discípulos. La iglesia es una iglesia de discípulos, y quien quiera formarse puede integrarse a ella. Dios puede hacer en nuestra vida más de lo que hemos visto: prediquemos, busquemos a Dios, leamos su palabra y permitamos que él nos forme.

La invitación es concreta: no conformarse con mirar solo la circunstancia inmediata, sino buscar la dirección de Dios, dejarse formar como discípulo y bendecir a otros. Vista y visión, apariencia y formación interior, proceso y propósito: todo culmina en la exhortación a seguir creyendo en lo que Dios quiere construir.

Referencias bíblicas