Conéctate a los planes de Dios. Su propósito mayor no es lo que te dará, sino lo que hará en ti. Una casa fue edificada sobre la arena y otra sobre la roca. Vinieron las tormentas: la casa sobre la arena cayó, y fue grande su ruina; la que estaba sobre la roca permaneció. No basta con construir por fuera: Dios quiere formar primero tu interior.
Dios le dijo a Abraham: «Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre». Antes de hablarle de lo que tendría o haría, le habló de lo que él haría en su vida. Dios puede poner delante de ti la posibilidad de construir cosas grandes, pero primero quiere construirte a ti. Tienes dones y talentos, aunque a veces no lo parezca. Hay cuatro claves para dejar que Dios te construya.
1. La gratitud deja que Dios siga construyendo
«Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre».
Versículo clave
«Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy»
Deuteronomio 8:11
La gratitud permite que Dios siga construyendo tu vida. Puedes alcanzar logros y levantar muchas cosas, pero no te atribuyas todo el mérito ni concluyas que decides el rumbo sin Dios. La abundancia puede ser ocasión de orgullo. ¿Le diste gracias a Dios hoy? Tu vida, y tu capacidad de trabajar y producir, dependen de su gracia y su misericordia.
Es fácil olvidarte de Dios cuando todo va bien: cuando hay comida, una buena casa y abundancia. Cuidado. Dios te sacó de la esclavitud del pecado y te hizo libre por la sangre de Jesucristo; no lo olvides.
Solemos pensar que la prueba más difícil llega cuando faltan recursos. Pero hay otra prueba que pasa inadvertida: la de cuando todo parece ir bien. La comodidad y los logros también prueban tu gratitud y tu confianza. Reconoce que estás siendo probado, y permanece firme, agradecido, dejando que Dios siga marcando tu dirección.
Dios no siempre responde a tus oraciones como quisieras: a veces su respuesta llega como una instrucción. Esa instrucción te forma por dentro para que puedas sostener lo que estás pidiendo. Si decides actuar solo según tu criterio porque te sientes respaldado por lo que has logrado, dejas de recibir la formación de Dios.
«Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis». Israel salió de Egipto con oro, y con ese oro hizo un becerro. Es más fácil construir un dios a nuestra medida que dejar que Dios nos construya. ¿Tu casa, tu carro, o cualquier cosa que has levantado, ha tomado el lugar de Dios? Solo hay un Dios, y él debe ocupar el primer lugar.
Moisés quemó el becerro, lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre las aguas y se lo dio a beber al pueblo. Cuando no dejas que Dios forme tu interior, lo que construyes por fuera puede dejarte un sabor amargo. Preparar una boda no es lo mismo que dejar que Dios te prepare para el matrimonio. Puedes acumular logros y finanzas, y aun así no tener paz ni plenitud.
Lleva cada logro delante de Dios, en lugar de usarlo como excusa para dejar de ser formado. No es el poder de tus manos lo que te sostiene, sino la mano de Dios, que te da fuerzas para levantarte cada día. A veces esperas muchas cosas de Dios mientras Dios espera que le permitas continuar su obra en ti.
2. Lo que Dios construye perdura
Los ídolos se destruyen; lo que Dios construye perdura. Las posesiones desaparecen: nadie se lleva lo que construyó con tanto esfuerzo cuando parte de este mundo. Pero el perdón, la misericordia y el amor que Dios forma en ti te acompañan a la eternidad.
«Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él». Aunque construyas muchas cosas, sigues necesitando que la palabra marque tu camino. Ten paciencia si las promesas todavía no se han cumplido: algunas cosas no llegan solo por el paso del tiempo, sino por la madurez. Dios no se salta los procesos. Que Dios perdone todo no significa que consienta todo.
Hay quienes llegan a un lugar en el tiempo que querían, pero no en el tiempo que debían, porque no esperaron. Construyeron por fuera sin dejar que Dios los formara por dentro, y las cosas se derrumbaron o dejaron un sabor amargo. Espera el tiempo de Dios: lo que viene de él perdura.
Pedro le prestó su barca vacía a Jesús, y la recibió de vuelta tan llena de peces que casi se hundía. Pon en manos del Señor lo que tienes y no te resistas a lo que él quiere hacer. Lo que Dios haría con la vida de Pedro sería aún mayor que lo que hizo con su barca. No te llenes de orgullo; di: «Gracias, Dios; sigue formando mi vida y mi corazón».
Un joven rico, con posición, le dijo a Jesús que había guardado los mandamientos desde su juventud. Jesús le dijo: «Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres… y ven, sígueme». Y el joven se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
Para el mundo, aquel joven era rico y fuerte por lo que había construido por fuera; para Jesús, era pobre y débil porque no había sido construido por dentro. Podría haber respondido: «Señor, el dinero es mi debilidad; ayúdame». Todos tenemos debilidades. Reconócelas ante Dios en lugar de esconderte detrás del orgullo.
Jesús quería formarlo, y le mostró lo que sus posesiones significaban para él. Elige ser quien Dios quiere formar, y no te aferres solo a ser quien tú quieres ser. Los caminos de Dios son más altos que los tuyos. Hay una riqueza que trae tristeza, y una bendición de Dios que enriquece y no añade tristeza con ella.
3. Ordena tus prioridades
Cuando has sido formado por dentro, el diezmo no es solo un diez por ciento: es poner a Dios primero. Cuando tu interior no ha sido construido, el dinero pesa demasiado. Goza al diezmar y al sembrar; que la generosidad no sea solo un requisito. Practícala: invita a comer a alguien que lo necesita.
«Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee». La heredad de un hombre rico había producido mucho, y pensó dentro de sí: «Derribaré mis graneros, y los edificaré mayores… y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate». Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?».
Versículo clave
«Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.»
Lucas 12:15
Aquel hombre «pensaba dentro de sí»: solo pensaba en sí mismo. Su cosecha era grande, pero su interior estaba vacío de todo excepto avaricia. La solución no era construir graneros más grandes, sino abrir espacio en su interior para que Dios lo formara.
¿De quién será lo que acumulas? Si Dios forma a tu familia por dentro y la palabra forma a tus hijos, lo que Dios pone en tus manos puede dar fruto en tus generaciones. Que tu futuro no dependa de lo que posees, sino de Dios. No acumules solo para ti: vive con generosidad. La generosidad se aprende ejerciéndola.
4. Deja las ruinas y acepta el desafío
Deja las ruinas: el pasado, lo que no funcionó, para que Dios construya algo nuevo. Muchas ruinas son fruto de malas decisiones o de no haber dejado que Dios formara tu interior. Nehemías recibió la noticia de que el muro de Jerusalén estaba derribado y sus puertas quemadas, y el pueblo en gran mal y afrenta. Al oírlo, se sentó, lloró, hizo duelo, ayunó y oró.
Nehemías era copero del rey: una posición de confianza y de comodidad. Tuvo que hacer un largo viaje hasta Jerusalén. Dios lo estaba sacando de su comodidad, y su posición junto al rey le sirvió para obtener cartas y recursos para levantar a su pueblo.
Su posición no era solo para estar cómodo, sino para marcar una nación. Nehemías se comprometió con la reconstrucción. «Los que edificaban en el muro… con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada». Acepta los desafíos de Dios, aunque no sean cómodos.
Los desafíos de Dios pueden ser incómodos, pero son gloriosos. Sal de tu zona de confort y deja que Dios construya algo mayor. No puedes construir algo mayor si Dios no construye algo mayor en ti. Si Dios pone abundancia en tus manos sin que estés formado por dentro, esa abundancia podría destruirte.
Llevaron ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. Su vida estaba en ruinas, y querían apedrearla. Jesús se inclinó y escribía en tierra con el dedo. No sabemos qué escribió; quizá estaba trazando un nuevo plan para ella.
Jesús les dijo: «El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella». Y se fueron uno a uno, comenzando desde los más viejos. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: «Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?». Jesús no puso su mirada en quienes querían destruirla, sino en ella. Su autoridad no era para destruirla, sino para darle una nueva oportunidad y reconstruir su vida.
«Ni yo te condeno; vete, y no peques más». Deja las ruinas y reconoce lo que necesitas cambiar. El orgullo te impide pedir ayuda: «Lo tengo bajo control», dices, mientras el vicio te sigue destruyendo. Reconoce tu adicción, pide ayuda, admite con honestidad que tienes un problema con el dinero, aunque te haya llevado a mentir o a engañar. Dios no apedrea a quien se acerca reconociendo su problema: Dios ama y levanta.
Abre tu corazón y dile al Señor: «Construye mi vida», aunque haya temor, dolor, ruinas o resistencia a ponerlo a él primero. Empieza por reconocer el problema, suelta el orgullo y deja de justificarte. Jesús te mira a ti y lo que puede hacer en ti, no solo lo que hiciste en el pasado. Él quiere levantarte y darte una nueva oportunidad.
Señor, construye
Agradece a Dios lo que has recibido y no te apropies de su lugar. Deja que su formación interior sea más importante que lo que acumulas. Ordena tus prioridades, poniendo a Dios primero y practicando la generosidad. Deja las ruinas, reconoce tus debilidades y acepta los desafíos que te sacan de la comodidad. Que tus logros no se conviertan en orgullo ni en ídolos, y que tu vida permanezca bajo la dirección de Dios.
Ora: «Señor, construye mi vida. Construye, por favor». Abre tu corazón, reconoce tu necesidad de cambio y deja que Dios te forme. La obra más importante no es lo que tú construyes, sino lo que Dios construye en ti.
Referencias bíblicas
- Mateo 7:24-27 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 12:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 8:11-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Proverbios 22:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 12:15-21 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Nehemías 1:3-4 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 8:3-11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 8:11 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 12:15 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


