EN Oración

Confiando en su justicia

Ante la injusticia y el abatimiento, ora sin desmayar, confía en Dios y encomiéndale tus afanes: él sostendrá a quienes confían en su justicia.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
22 min

Recibe la palabra. Que el Espíritu Santo permita que esta palabra cumpla su propósito. El tema es «Confiando en su justicia». Hay dos experiencias distintas: haber vivido injusticias y haber reaccionado injustamente con palabras o acciones. A veces el Espíritu Santo nos hace ver que actuamos mal y tenemos que pedir perdón; otras veces, la injusticia recibida no viene acompañada de una disculpa, sino que continúa.

No fijes la mirada únicamente en lo injusto que estás viviendo: cree que Dios hace justicia. 2 Corintios 5:21 dice: «Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios». En el sacrificio de Jesús se cargaron maldiciones, enfermedad, escasez, pobreza, amargura, frustración, tristeza y depresión, para que podamos creer que Dios transforma esas realidades.

La crucifixión fue injusta para Jesús, que fue difamado y golpeado, y por medio de ese sacrificio podemos recibir la justicia de Dios en el Hijo. No todos la reciben: deséala y recíbela. En vez de intervenir con tus propias manos, levántalas y reconoce que la justicia de Dios es perfecta y espera manifestarse en quienes creen. Hay injusticias, pero se puede confiar en Dios en medio de ellas.

Orar siempre y no desmayar

Lucas 18:1 introduce la parábola que Jesús cuenta sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar. Una vida constante de oración fortalece a la persona para que no desmaye ante lo que le toca vivir; sin oración, se puede desmayar con facilidad. La confianza no se deposita en que las circunstancias sean justas, sino en Dios y en su justicia.

En una ciudad hay un juez que no teme a Dios ni respeta a las personas, y una viuda que vuelve a pedirle: «Hazme justicia de mi adversario». Durante un tiempo, el juez no quiere hacerlo. Después decide atenderla porque, según dice para sí, la viuda lo molesta y no quiere que siga agotándole la paciencia. El juez no actúa por amor ni por respeto: el motivo que Jesús le atribuye es quitársela de encima.

Versículo clave

«¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?»

Lucas 18:7-8

Jesús pregunta si Dios no hará justicia a sus escogidos que claman a él día y noche, y responde que Dios les hará justicia. Si incluso un juez injusto termina atendiendo a la viuda, cuánto más hará justicia Dios, que sí es justo. Y una advertencia: que el dolor no te lleve a comportarte como el juez, sin respeto por Dios ni por los demás.

¿Tarda Dios en responder, o tardamos nosotros en clamar y confiar? Muchas veces somos nosotros quienes nos demoramos: vemos otras opciones, nos llenamos de rencor y preguntamos por qué nos sucede algo, en vez de fortalecer la vida y clamar al Dios justo. Cambia, ora y confía.

Jesús concluye preguntando si, cuando venga el Hijo del Hombre, encontrará fe en la tierra. Hace falta confiar por encima de lo que se está viviendo y mirando. ¿Tienes fe para poner la mirada en los cielos y esperar la manifestación de la justicia, en lugar de intentar resolverlo todo por tu cuenta? Cuando experimentes esa justicia, cuéntalo a otros. La fe es confianza en Dios por encima de la dificultad presente.

La fe es como una mirada que puede ver por encima de la injusticia: reconoce que aquí hay una situación injusta, pero mira hacia la justicia que viene de Dios. Que tu fe no quede gobernada únicamente por lo que sucede en el momento.

Creer para justicia y salvación

Romanos 10:9 dice que confesar con la boca que Jesús es el Señor y creer en el corazón que Dios lo levantó de los muertos conduce a la salvación; y añade: «con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación». Cree en Dios aun cuando algo parezca injusto. ¿Puede Dios dar algo que no se ha creído? No, porque Dios es justo. Pero puede sorprender a quien cree y hacer más de lo que había imaginado.

Abraham estaba frustrado porque no podía tener hijos y se preguntaba quién lo heredaría, pensando en la persona que trabajaba con él. Entonces la presencia de Dios lo visitó, le habló y lo invitó a salir, mirar las estrellas e imaginar si podía contarlas: así sería su descendencia. Quizá Abraham esperaba un hijo, pero Dios le anunció que sería padre de multitudes.

Encomienda tus afanes al Señor.

Romanos 1:17 dice que en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, por fe y para fe, y que «el justo por la fe vivirá». No le pongas fecha de vencimiento a lo que has creído. No te des por vencido, no importa lo que estés atravesando: dile al Señor que en sus manos todo estará bien. La fe permite que la justicia de Dios se manifieste; Dios guarda, protege y puede prosperar a quien confía en él.

La fe y la confianza van juntas.

Encomendar a Dios los afanes

El afán tiene poder para ahogar la palabra. Encomienda tus afanes a Dios, confía en su justicia y déjate sostener; entrega incluso la preocupación por lo que está ocurriendo ahora. Quizá te sientes abatido o como si te ahogaras en un problema, pero Dios te sostendrá y te sacará a flote. No se prometió la ausencia de momentos de abatimiento, sino que estos no durarán para siempre.

Versículo clave

«Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo.»

Salmos 55:22

Ser justo no significa ser perfecto. El justo confía en la justicia de Dios y vive dentro de su voluntad, aun con defectos. Una persona puede estar afanada y, sin embargo, acudir a Dios con aquello que la inquieta. El justo puede abatirse, pero no quedará abatido para siempre. Hay momentos en los que uno siente que no puede más; sigue confiando.

Dios sostiene a quien se ahoga.

Dile al Señor: «aquí está el afán», y confía en que te sostendrá. No permanezcas ahogado en proyectos o asuntos que quizá no salieron como esperabas. Si terminas ahogado en el afán, no es por Dios: la promesa es que él sostendrá a quien le encomienda sus afanes, y no quedarás abatido para siempre. Cuando llega el abatimiento es precisamente cuando la confianza debe estar puesta en la justicia de Dios.

El abatimiento no es definitivo.

Oración final

Confía en Jesús y en su justicia, que llevan a la vida eterna. Repite esta oración: «Señor Jesús, hoy te pido perdón por mis pecados y te abro mi corazón y te recibo como mi Señor y mi Salvador».

Lleva en tu corazón lo que Jesús dijo: si aquel juez injusto terminó haciendo justicia, cuánto más Dios hará justicia a quienes confían en él y claman a él. En el nombre de Jesús, confía y clama.

Referencias bíblicas