EN Oración
Serie Back to basics

Decídete por su palabra

Las decisiones muestran dónde ponemos nuestra confianza: en nuestro propio entendimiento o en Dios. Elige su palabra, su presencia y la misericordia que ofrece cada día.

Predicador
Alfonso Bocache
Publicada
Duración
27 min

Decidir en qué apoyarnos

Volvamos a algo básico y fundamental: las decisiones. Dios tiene planes de bien y planes para este año, pero su realización requiere una respuesta de nuestra parte, expresada en disposición y decisiones. Una revelación de Dios es tan poderosa como la decisión que tomamos a partir de ella. La palabra puede llegar a nuestra vida, pero no basta con escucharla si no la hacemos vida ni tomamos las decisiones correspondientes.

La fe no es una emoción, sino convicción y decisión: «Yo decido creerle a Dios». Las emociones pueden estar confundidas cuando lo que vemos parece contrario a lo que esperábamos; aun así, podemos decidir creer. Todos podemos dar testimonio de haber tomado decisiones buenas y malas. Por eso es fundamental aprender a escoger bien; a veces atribuimos a Dios lo que ha sido resultado de un conjunto de malas decisiones.

Proverbios 3:5 nos llama a confiar en el Señor con todo el corazón y no apoyarnos en el propio entendimiento. El verbo «apoyarse» significa sostenerse en uno mismo. Aplicado a las decisiones, significa no decidir únicamente porque confiamos en nuestras capacidades o creemos saberlo todo, sino poner toda nuestra confianza en Dios y decidir conforme a lo que él ha dicho. Apoyarse en uno mismo puede llevar a tomar las peores decisiones, mientras que confiar de todo corazón en Dios permite esperar que nos vaya bien.

Versículo clave

«Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.»

Proverbios 3:5

Querer controlarlo todo es una mala decisión; rendirlo todo delante de Dios es una buena. No podemos controlarlo todo, pero sí podemos rendirlo todo. Detrás de cada acción hay una decisión, y nuestras decisiones marcan la diferencia en nuestra vida. Decidir desde las emociones es apoyarnos en nosotros mismos, mientras que decidir confiando en Dios nos permitirá ver su mano y su plan perfecto. Podemos recibir palabra, unción, la presencia y la bondad de Dios y sus planes, y aun así decidir en sentido contrario; lo que marcará la diferencia es cómo decidimos.

Lo que es mejor y lo que es necesario

En Filipenses 1:21-25, Pablo expresa una decisión: partir y estar con Cristo sería muchísimo mejor, pero quedarse era más necesario por causa de los demás y para su provecho y gozo en la fe. Hay una diferencia entre lo que uno preferiría y aquello que hace falta. Hay cosas que parecen muchísimo mejores, pero otras son necesarias y terminan siendo lo mejor para nuestra vida; por eso: «Yo prefiero las necesarias».

Zaqueo era rico, de baja estatura, y se subió a un árbol sicómoro para ver a Jesús. Que un hombre rico, con muchas opciones, buscara verlo sugiere que estaba desesperado por algo diferente para su vida.

Jesús pasa con una multitud, mira hacia arriba y le dice a Zaqueo que es necesario que pose en su casa ese día. Hay situaciones que no pueden esperar un día o una semana más. Podemos imaginar que Zaqueo se deslizó deprisa y quizá arriesgó su vida, como si dijera que no quería vivir un día más sin Cristo. No postergues tu respuesta a Cristo por temor a lo que dirán si te ven ir a la iglesia o llevar una Biblia.

Algunos criticaban a Jesús por hospedarse en casa de un pecador. Aunque una multitud lo acompañaba, Jesús atendió el corazón de un hombre que tenía hambre de Dios: no era la multitud la que llamaba su atención, sino ese corazón. Zaqueo ofrece la mitad de sus bienes a los pobres y dice que devolverá cuatro veces lo defraudado: una decisión que respalda el arrepentimiento con acciones contrarias a la conducta anterior. Jesús declara que la salvación ha llegado a esa casa. Decídete por la palabra y la presencia de Dios: tú y tu casa son salvos.

Versículo clave

«Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»

Mateo 4:4

Elegir la palabra frente a la satisfacción inmediata

La angustia puede precipitar una decisión. Dios prometió a Sara y a su esposo que tendrían un hijo, pero Sara se desesperó al no ver cumplida la promesa y le dijo a su esposo que se acostara con Agar. Al querer salir rápido de un momento difícil, podemos tomar decisiones que nos metan en problemas y nos aparten de la promesa. Permanece en la voluntad de Dios incluso en un desierto, confiando en que Dios te sostendrá y te acompañará.

La pregunta es directa: «¿Jesús es suficiente para ti?». En los momentos de ansiedad aparecen ofertas cuando hay necesidad. Las cosas materiales pueden ser añadidas y disfrutadas, pero no satisfacen por sí solas ni llenan la vida si Dios no está presente; la satisfacción verdadera viene de Jesús. Después de la tentación, descendieron ángeles y servían a Jesús. Dios tiene para dar su gloria, más grande que lo que el mundo, Satanás o cualquier tentación pueden ofrecer. Que quienes hemos decidido creerle tengamos hambre de ver su gloria.

Decidirse por la palabra implica esperar la promesa, aunque tarde, en lugar de buscar una salida rápida.

Por eso, en vez de apoyarnos en nuestras propias soluciones, podemos dejar que Dios guíe nuestras decisiones, como afirma Salmos 48:14.

Dejarse guiar por el Dios eterno

Dios nunca se ha equivocado. En Salmos 48:14, el salmista dice: «Este es nuestro Dios», y afirma que Dios guiará para siempre. El Dios eterno está dispuesto a guiar nuestras vidas, desde aquí hasta la eternidad. Imagina a alguien hablando de su Dios frente a quienes hablan de dioses falsos: el Dios que tenemos es eterno y está dispuesto a guiarnos.

Ese Dios que guía para siempre es también el que invita a su mesa.

La invitación a la mesa

La misericordia diaria también pide una respuesta. Hay una primera decisión: recibir la misericordia de Dios; y una segunda, más poderosa: aprovecharla. Si hoy hubo misericordia a pesar de una falla, no volvamos a esa misma falla; crezcamos en otra área. Es una exhortación a avanzar este año hacia lo que Dios tiene preparado.

La mesa representa la presencia, el amor y la bondad de Dios, y lo mejor de sus planes. Imagina a los invitados como personas que antes pedían bendiciones —una hacienda, un negocio o una pareja— y que, cuando llega la invitación, se concentran en atender lo recibido y ya no van. No nos enfoquemos tanto en lo que Dios dará este año que dejemos de valorar estar en su presencia, aprender su palabra y llenarnos de él.

Dios invita, pero cada persona decide: Dios no decide por nosotros, no nos obliga ni nos fuerza jamás.

Cada día de misericordia es, entonces, una oportunidad para decidir avanzar.

La mesa no se queda vacía: habrá otros para quienes sea un honor aceptar la invitación. Unos se distraen con lo que tienen; otros no olvidan el honor de sentarse a la mesa de Dios, estar en su presencia y escuchar su palabra. Todo pasará, pero Dios permanecerá para siempre.

Responder a la invitación

Medita en la palabra. La invitación se repite: «Yo invito, yo te invito»; todo está preparado, no es algo improvisado. Sería triste dejar desperdiciarse lo representado en la cena, pero más triste aún sería dejar plantado al Señor. Abre tu corazón y haz esta oración: «Señor Jesús, te pido perdón por mis pecados, y te abro mi corazón y te reconozco como mi Señor».

Todo se resume en decidir. Decidir creer cuando las emociones no acompañan; confiar en Dios en vez de sostenerse únicamente en el propio entendimiento; rendir el deseo de controlarlo todo; escoger la palabra frente a una satisfacción pasajera; y aceptar la invitación a la presencia de Dios sin dejarla para después. Estas decisiones no son automáticas: nos corresponde responder a la invitación y vivir de acuerdo con lo que decimos creer.

Referencias bíblicas