«Grande en consejo, y magnífico en hechos». Dios tiene planes grandiosos para tu vida y puede hacer obras poderosas. Y una de las más grandes es la que hace en tu interior: Dios quiere construirte por dentro.
Una fachada puede levantarse en pocas semanas y parecer una casa completa. Lo que se construye por fuera puede servir; pero lo que Dios quiere es trabajar en tu vida por dentro.
Oír y obedecer
«¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?». A veces le decimos «Señor» con nuestras palabras, y lo contradecimos con nuestras acciones. Que tus palabras y tus acciones concuerden, y que Jesús sea de verdad el Señor y dueño de tu vida. Tus acciones muestran si lo reconoces como tal.
«Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca». Pero el que oyó y no hizo es semejante al que edificó sin fundamento, y al dar el río contra ella, luego cayó, y fue grande su ruina.
Versículo clave
«Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante.»
Lucas 6:47
Quizá las dos casas se veían igual de lindas. No basta con que tu vida tenga una apariencia atractiva. Una casa estaba construida solo por fuera; la otra, por fuera y por dentro. No te conformes con los logros externos: deja que Dios forme tu interior. Tu vida no debe ser apariencia, sino estar fundada sobre la roca.
No se trata de renunciar a las obras o a los logros, sino de no levantarlos sin fundamento. Puedes alcanzar grandes cosas y construir mucho alrededor de tu vida sin dejar que Dios te construya a ti. Dios quiere hacer una obra interna, para que lo que hagas por fuera tenga sustento.
La provisión y el becerro de oro
Dios liberó a Israel de Egipto por medio de Moisés, con plagas y contra la resistencia de Faraón. ¿Salieron con las manos vacías o llenas? Salieron con provisión y riquezas. Faraón quería que dejaran su ganado, pero Moisés respondió: «No quedará ni una pezuña».
Pero en el desierto, camino a la tierra prometida, el pueblo hizo un becerro de oro. Es la diferencia entre construir un ídolo y dejar que Dios te construya. Cuando llega la bendición, no te apartes de Dios: mantén un corazón agradecido. Cuidado con fabricarte un dios a tu gusto en lugar de buscar al Dios que presenta la palabra.
Hay quienes buscaban a Dios cuando tenían necesidad, y al tener más comodidad u opciones, empiezan a pensar que no hace falta congregarse, que pueden buscar a Dios de vez en cuando. «Antes no tenía adónde ir; ahora estoy ocupado». Tu casa y tu familia no son el problema. Busca a Dios en la escasez y en la abundancia, y no sustituyas su voluntad por una versión hecha a tu medida.
Quieres nuevas experiencias con Dios, pero insistes en hacerlo todo a tu manera: así no te rindes ni dejas que Dios te forme. Es más fácil construir tus propias creencias que sujetarte a lo que Dios dice. Puedes recibir dones, construir grandes cosas con ellos y olvidar al Dios que te los dio. Pero sin él, lo que construyas no se sostendrá: «separados de mí nada podéis hacer».
Dios quiere hacer algo de ti
«Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición». Primero «haré de ti», después «te bendeciré». Dios quiere formarte primero, para que no construyas muchas cosas que luego se derrumben.
Ser bendición tiene que ver con dejar que Dios construya tu vida. Donde vaya una persona formada por Dios, será de bendición. Lo más grande no es lo que Dios te dé, sino lo que hará en ti.
Quizá llegaste a Dios por un problema, una necesidad, un vacío o un vicio. Dios atiende tu necesidad; pero su propósito no se limita a cubrirla. Dios te quiere a ti, y quiere construir tu vida. No te vayas cuando se resuelva tu necesidad: quédate y déjate formar.
El hijo pródigo le dijo a su padre: «Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde». Se fue lejos, desperdició sus bienes viviendo perdidamente, y cuando vino el hambre, volvió en sí: «¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!». Primero dijo: «Dame»; al volver, dijo: «Hazme como a uno de tus jornaleros».
Quizá quería construir su propio mundo, como el de sus amigos, y divertirse sin límites. Lo perdió todo, volvió en sí y regresó. Aunque hayas cometido errores, el amor de Dios sigue presente: el padre corrió, se echó sobre su cuello y lo besó, e hizo fiesta porque su hijo volvió arrepentido. Regresa a la casa del Padre, y deja que Dios construya tu vida.
Prepara herederos, no solo herencia
Padres: preparen herederos, no solo herencia. No está mal dejar bienes materiales a tus hijos; el peligro es construir mucho para ellos sin formar a quienes lo recibirán. Un hijo puede heredar dinero sin haber aprendido a confiar en Dios. Deja que Dios construya también la vida de tus herederos.
Imagina a una niña que, antes de dormir, ora: «En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado». Puede tener un cuarto hermoso, pero está aprendiendo que solo Dios puede hacerla dormir confiada. Eso es formación interior: fe en Dios y conocimiento de su amor, algo de más valor que cualquier herencia material.
Construye en tus hijos una confianza que no dependa de lo que poseen. Si dejas que Dios trabaje en tu familia, tus hijos podrán dormir confiados aun cuando cambien las circunstancias.
Nada reemplaza el alma
«Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?». Imagina que fueras dueño del mundo entero, que levantaras edificios y construyeras ciudades. ¿Podrías comprar tu alma con lo que construiste? No. De nada sirve ganar el mundo entero si no dejas que Dios te construya por dentro.
Versículo clave
«Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?»
Mateo 16:26
«Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma». Si lo que esperabas construir todavía no ha llegado, quizá Dios te está formando primero, para que estés preparado cuando llegue. No midas la bendición solo por el dinero: mira tu interior, tu hogar y tu familia. Lo material puede volverse destrucción si no hay fundamento.
Hay personas famosas que construyen y adquieren muchísimo en poco tiempo, y luego ven todo derrumbarse entre problemas legales y deudas. No basta con construir por fuera sin dejar que Dios forme tu vida.
Puedes planear la mejor boda, con los mejores músicos y arreglos, un evento como nadie lo ha hecho. Pero ¿dejaste que Dios te formara para el matrimonio? Hay quienes no tuvieron tiempo para prepararse, pero sí lo tuvieron para preparar la fiesta. No te ocupes solo de lo externo.
La iglesia es una casa de discípulos, de compromiso y de procesos, no solo de eventos. ¿Quieres ser formado como discípulo? Hay quienes le dan al Señor una hora a la semana, mientras dedican horas al trabajo, al teléfono o a la televisión. Si no tienes tiempo para congregarte o para crecer, revisa a qué le estás dando tu tiempo.
Pasaste años en la escuela, horas cada día. ¿Por qué esperar que tu vida interior se construya en unos pocos minutos a la semana? Hay quienes dicen que no tienen tiempo ni recursos para formarse espiritualmente. Dedica tiempo a los procesos de discipulado.
No está mal estudiar y adquirir conocimientos. Puedes estudiar muchos años, obtener especialidades y diplomas, y desarrollar tu inteligencia natural. Pero también necesitas formación espiritual. Hay personas con varios títulos y varios divorcios: la preparación académica no equivale a una vida interior formada. Necesitas la sabiduría que Dios pone en tu vida para gobernar lo que construyes.
Firme en la escasez y en la abundancia
Hay quien compra un carro en muchas cuotas y, al tenerlo, deja de saludar. Cuando tu identidad se apoya en lo que posees, si lo externo se derrumba, te derrumbas tú también. Pero si Dios te ha formado por dentro, puede faltarte el dinero sin que te falte la fe.
Cuando Dios ponga delante de ti un reto enorme y te pregunten cómo lo lograrás, podrás responder: Dios me ha construido por dentro, y lo enfrentaré con fe.
Pablo escribió: «Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Ni la muerte, ni la vida, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios. Quien ha sido construido por dentro permanece firme, no porque controle cada circunstancia, sino porque confía en Cristo.
Quizá te frustras porque no llegas a ser quien deseas. En lugar de construir tu identidad a fuerza de tus propios planes, deja que Dios obre y te muestre tu propósito. Dios te dice: «Deja que yo te construya». Él forma a sus hijos y los levanta para hacer grandes obras.
Si sirves públicamente con tus dones, no confundas lo visible con la formación. Lo que haces en público debe estar acompañado por una vida construida en privado con Dios. Que lo que otros ven sea lo que primero viviste a solas con él, para que Dios fluya a través de ti.
Que se vea la imagen de Dios en ti
José llegó a la casa de Potifar, «y Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José». Más tarde, Faraón tuvo sueños que ninguno de sus sabios pudo interpretar, y el hombre que tenía la respuesta estaba en la cárcel: José, formado por dentro.
Cuando la esposa de Potifar quiso acostarse con él, José se mantuvo fiel a lo que Dios estaba haciendo en su vida. Estaba llamado a librar del hambre a una nación. La formación interior te permite permanecer fiel y responder cuando otros necesitan ayuda.
El mundo puede construir muchas cosas externas, pero los hijos de Dios formados por dentro tendrán respuestas. Fuiste hecho a imagen de Dios, y esa imagen no se ve solo por fuera. Deja que Dios trabaje en ti, para que se exprese lo único que él depositó en tu vida.
Todos necesitamos esa obra; solo Dios es dueño y Señor. Que la imagen de Dios en ti pueda verse, y no termines tu vida sin mostrarla al mundo. No es un logro independiente de Dios: es el resultado de dejar que él te construya.
Los recursos, la fama, los excesos o las posesiones no te llenarán si todo se construyó por fuera. Pero Dios puede bendecirte de tal manera que el mundo se sorprenda, sin que la bendición te aparte de él. Que prosperes así como prospera tu alma.
Dile al Señor: «Me estás construyendo; sigues construyendo; no has terminado tu obra». Dile a quien tienes al lado: «Dios no ha terminado su obra en ti». Dedica tiempo a la palabra y prepárate espiritualmente. No pierdas tu relación con Dios: él desea prosperarte así como prospera tu alma.
Referencias bíblicas
- Jeremías 32:19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 6:46-49 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Génesis 12:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 15:11-24 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 16:26 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 3 Juan 1:2 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 4:11-13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 6:47 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


