Hay llaves espirituales poderosas. Una es la integridad: conservarla cuando las circunstancias se complican, aunque aparezcan ofertas o tentaciones contrarias a los principios de Dios. Otra es la gratitud. La pregunta no es solo si damos gracias cuando todo va bien, sino cómo hacerlo en medio de lo que todavía duele o no se ha resuelto.
Da gracias también en los momentos difíciles, aunque todavía no veas resultados, porque Dios está obrando. Si aún no ha sucedido lo bueno que estás esperando, es porque Dios no ha terminado; prepárate, porque lo bueno va a suceder.
Agradecer mientras esperamos
Imagina el sábado entre la crucifixión y la resurrección de Jesús. Imagina acercarte a quienes estuvieron con Jesús y preguntarles cómo podían estar agradecidos después de su crucifixión. Desde la perspectiva humana parecía que nada ocurría, pero el sábado era el tiempo en que todo estaba pasando y se preparaba la resurrección del domingo.
Daniel, después de ayunar, estaba desfalleciendo cuando llegó un ángel a fortalecerlo y animarlo. El mensaje de esa historia es que, desde el primer día en que pidió, estaba hecho, aunque había una batalla en los cielos. Si atraviesas momentos difíciles sin ver resultados, los cielos pelean por ti: ahora mismo hay ángeles luchando por las familias.
Da gracias y alienta a quien tienes al lado: bendícelo y agradece a Dios por su vida. Aunque la semana haya sido difícil y los problemas sigan pendientes, hay motivos para agradecer: la vida eterna, la fidelidad de Dios y el sustento recibido.
La gratitud se puede expresar incluso en una semana difícil.
Entrar con acción de gracias
El Salmo 100:5 dice que el Señor es bueno y que su fidelidad continúa de generación en generación. El amor de Dios es inagotable y permanece para siempre, a diferencia del amor humano, que puede estar condicionado por errores y decepciones. ¿Quién podría decirle a su pareja que su amor es inagotable? El amor humano es como una vasija que se vacía tras unos cuantos errores. El amor de Dios sigue amando a las personas con todas sus imperfecciones.
Versículo clave
«Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre.»
Salmos 100:4
Diez leprosos clamaron desesperados y fueron sanados en el camino; solo uno regresó, se postró rostro a tierra y dio gracias. No se trata de juzgar a los otros nueve. El hombre agradecido recibió más de lo que había pedido: el Señor le dijo que se levantara y recibió el regalo de la salvación y la vida eterna, aunque no había pedido ser salvo. No escondas las bendiciones de quien te ha bendecido. Hay quienes prometen servir cuando piden una casa y luego dejan el servicio; sirve hasta el último día.
Quien agradece, sigue sirviendo.
No olvidar los beneficios recibidos
A veces Dios llama a servirle cuando preferimos nuestro trabajo y nuestros planes, y podemos llorar pidiéndole que no nos obligue a dejar lo que hacemos. Pero quien se rinde puede prometer que ninguna bendición lo apartará de bendecir y hacer la voluntad de Dios, y con el tiempo el corazón comienza a cambiar.
El leproso que volvió no olvidó a quien lo había sanado.
Ese testimonio es también una historia de gratitud.
Ninguna bendición debe apartarnos de quien bendice.
La gratitud que vuelve y agradece
La gratitud lleva a ofrecer lo mejor, incluso cuando hay poco.
Se puede pedir algo nuevo o esforzarse por alcanzarlo; otra cosa es vivir frustrado por no tenerlo todavía. Bendice la casa ajena y di que también deseas una, mientras agradeces por la tuya. La gratitud permite disfrutar hoy y evita que la comparación y la envidia gobiernen el corazón; la plenitud no debe posponerse hasta obtener lo próximo.
Filipenses 4:6-7 exhorta a no afanarse, sino a orar, decirle a Dios lo que se necesita y darle gracias por lo que ya ha hecho. Usa para orar el tiempo que empleas en preocuparte. La gratitud debe ser mayor que la petición: se puede pedir algo nuevo y agradecer por lo recibido. Así se experimenta la paz de Dios, que guarda el corazón y la mente. Pide con fe desde un corazón agradecido, no desde la frustración o la inconformidad.
Como el leproso que volvió, la gratitud regresa a Dios antes de seguir pidiendo.
Lo mejor que tenemos para ofrecer
Quien tiene pocos recursos puede ofrecer lo mejor que tiene: prestar un local, pintar una pared, comprar un teclado, ayudar con las luces en una obra sencilla. La gratitud lleva a ofrecer a Dios lo mejor disponible, sin usar la falta de recursos como excusa para no servir ni exigir perfección.
Ofrecer lo mejor no significa dejar de pedir, sino pedir desde la gratitud.
Filipenses 4:6-7 lo resume: orar con acción de gracias en lugar de afanarse.
Muchas veces creemos que seremos felices cuando llegue una pareja, cuando haya hijos o cuando consigamos un trabajo mejor. Todos nos quejamos del tráfico, el calor, la lluvia y otras cosas. Es una tendencia compartida que puede impedir disfrutar lo que ya está presente.
La queja, en cambio, roba la gratitud.
Y la gratitud devuelve la mirada a Dios.
Con los panes y los peces, Jesús miró a los cielos. No te quedes mirando lo poco que tienes: ofrécelo y da gracias a Dios. Hazlo lo mejor posible y ponlo delante de Dios. Esa actitud se relaciona con la multiplicación.
La plenitud no está en lo próximo
David conoció esa verdad en uno de sus peores momentos.
Tenerlo todo no basta si falta la presencia de Dios.
Por eso, la gratitud cabe tanto en la dificultad como en la celebración.
Versículo clave
«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.»
Filipenses 4:6
Como el leproso que volvió, quien agradece recibe más de lo que pidió.
David podía tener palacio, guardias, hombres a su servicio y fama, pero nada de eso daba plenitud sin la presencia de Dios. Es mejor un día en la casa de Dios que mil fuera de ella: David, por haberlo vivido, prefería un día en la presencia de Dios antes que mil días en los palacios. La abundancia y el reinado no bastan si falta la relación con Dios. Su danza era gratitud por volver a estar en la presencia divina, aun cuando Mical no la comprendiera.
Lo mismo ocurre cuando creemos que seremos felices al alcanzar lo próximo.
Por eso la oración comienza pidiendo perdón por las quejas.
Y termina reconociendo la fidelidad de Dios.
Un rey que danza agradecido
Un pasaje de 2 Samuel narra el regreso del arca. El rey David danzaba con todas sus fuerzas, y Mical, hija de Saúl, lo vio desde una ventana y lo menospreció en su corazón. David había tomado una decisión equivocada al transportar el arca y, tras la muerte de Uza, se frustró y la mandó a la casa de Obed-edom.
El arca permaneció 90 días en casa de Obed-edom, y llegaron noticias a David de que allí había prosperidad, bendición, gozo y vida. Ese fue uno de los peores momentos de David, y el regreso del arca expresa su deseo de recuperar la presencia de Dios. Imagina al rey danzando con sus ropas finas.
Esa danza era gratitud.
¿Hay personas agradecidas dispuestas a reconocer cuán bendecidas ya están? Da gracias tanto en el peor momento como cuando celebras. Los cielos están peleando por quienes atraviesan batallas. Ríndete a Dios, suelta la amargura y deja de creer que algo externo será lo que te dé plenitud.
Pide perdón por las quejas y por haber creído que la plenitud está en algo y no en alguien. Ora por quienes se frustran por las «espigas», por lo que todavía no alcanzan, y por el corazón que no se siente guardado. Agradece por lo que tienes, por la familia, por las madres y los padres, y recuerda que Dios es el Padre que permanece para quienes ya no tienen aquí a sus padres. Necesitamos la presencia de Dios. Gracias porque él ha estado en cada batalla, incluso cuando a veces sentimos que no estaba.
Perdón por dudar de la fidelidad de Dios. Sé agradecido: ejerce la gratitud como una llave, da gracias sin negar las dificultades y confía en Dios sin convertir lo que aún no ha llegado en requisito para vivir con plenitud hoy.
Referencias bíblicas
- Salmos 100:4-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 103:1-5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 8:17-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 17:11-19 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 4:6-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Samuel 6:14-16 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


