Hay quienes coleccionan tenis: les gustan las siluetas, las marcas, las historias de cada par. No se trata de promocionar una marca ni de definir a una persona por lo que lleva en los pies. Los zapatos sirven para hablar de los pasos que das y de la dirección que buscas: que tu caminar te acerque a Jesús.
Lo que llevas puesto no determina quién eres. Lo importante es que tus pasos te conduzcan por el camino correcto, hacia Jesús.
Una identidad que no depende de lo que llevas
«Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo». Eres hijo de Dios, y él ha preparado cosas buenas para ti. Tu valor no depende del calzado que usas ni de cómo te vistes, sino de lo que Dios dice de ti.
Dios te llama su especial tesoro. Te llama luz del mundo y sal de la tierra. Esa identidad no se gana con las cosas que posees: la recibes de Dios.
Pídele a Dios que guíe tus pasos
Piensa en cómo se enseña a caminar a un niño: alguien le muestra algo que le gusta y lo llama para que vaya hacia allí. Así te llama Dios hacia lo que tiene para tu vida. A veces te cuesta avanzar y te caes, y no te das cuenta de que Dios te está llamando.
«Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí». Cuando estés preocupado, angustiado o en problemas, pídele a Dios que guíe tu camino.
Versículo clave
«Ordena mis pasos con tu palabra, Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.»
Salmos 119:133
«Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis y os vaya bien». Caminar con Dios es mejor que estrenar los tenis más bonitos. Pero en el camino puede haber tropiezos. A veces sientes que Dios va contigo, y aun así te equivocas y no sabes cómo volver a encaminarte.
Hay quienes cuidan sus tenis cada noche: sacan una toallita húmeda, un spray y un cepillo, los limpian y los dejan listos para usarlos otra vez. Así viene Dios cada día con sus toallitas de amor: limpia y borra tus errores, y te levanta cuando te has confundido.
Tus pasos pueden llevarte a equivocarte, a repetir un pecado o a caer en una mala conducta. «Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos». Jesús murió en la cruz para que puedas ser limpio.
No es que nunca vayas a tropezar, sino que tu error no tiene que ser el final del camino. Si te has confundido, no tengas vergüenza de volver a Dios y buscar el camino correcto. La limpieza y el levantamiento vienen de él. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad».
Pedro caminó sobre el agua mientras miraba a Jesús; cuando miró el viento, empezó a hundirse. Pero gritó: «¡Señor, sálvame!», y Jesús extendió su mano y lo sostuvo. Tus pasos son firmes cuando tu mirada está en Jesús. Y si te hundes, clama: su mano está cerca.
Un buen par de tenis necesita cuidado constante: si nunca los limpias, se arruinan. Así también tu caminar con Dios necesita cuidado diario: oración, lectura de la Biblia, buenas amistades, congregarte. No esperes a estar lleno de lodo para acercarte a Dios; ve a él cada día.
Caminar con otros también te ayuda. «Mejores son dos que uno… Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero». Busca amigos que caminen hacia Jesús, que te animen cuando te canses y te corrijan cuando te desvíes. Y sé tú ese amigo para alguien más.
Cada historia y una nueva decisión
Hay tenis de distintas siluetas y marcas, y cada par tiene su propia historia. Así es la vida: estás marcando una historia, y Dios está escribiendo tu historia en este momento. Camina con pasos firmes, confiando en que Jesús te toma de la mano.
Cada vez que te pones los zapatos, comienzas una historia distinta. De la misma manera, puedes tomar decisiones que cambien la historia de tu día. Quizá unos tenis fueron un sueño que esperaste mucho tiempo; quizá fueron un regalo que al principio no te gustó y terminó siendo tu favorito. Cada objeto puede significar algo particular. Y cada día es una oportunidad para decidir hacia dónde caminas.
Tu manera de caminar habla de ti. «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo». No camines sin rumbo: deja que la palabra de Dios sea la luz que alumbra tu camino.
Dios no solo ordena tus pasos: también los cuenta y los cuida. «Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano».
Lleva buenas noticias
Los jóvenes pueden llevar buenas noticias en sus grupos, en su colegio y también en sus redes. «¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!». Tus pies no solo sirven para lucir tus zapatos: son para llevar un mensaje.
Versículo clave
«¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!»
Romanos 10:15
Cualquiera que sea tu calzado, puedes llevar un mensaje de paz, amor y fe. Muchos han escuchado malas noticias y se sienten preocupados. Comparte una buena noticia con tu hermano o con tu papá, o escríbele a alguien. No necesitas saber toda la Biblia: lee y comparte un versículo que conozcas. Así llevas buenas nuevas.
Tu calzado no define tu valor; tu caminar necesita dirección y limpieza; y tus pies pueden llevar buenas noticias. Pídele a Dios que guíe tus pasos, vuelve a él cuando te equivoques, y lleva a otros una palabra de fe.
Hoy puedes ser la persona que alguien necesitaba encontrar. Una palabra amable, un mensaje a tiempo, un versículo compartido: tus pasos pueden llevar esperanza a donde vayas. No subestimes lo que Dios puede hacer a través de alguien que decide caminar con él.
Pregúntate al final de cada día: ¿hacia dónde me llevaron mis pasos hoy? ¿Me acercaron a Jesús o me alejaron de él? ¿Llevé buenas noticias a alguien? No es para condenarte, sino para que mañana puedas caminar mejor. Dios te da cada mañana una nueva oportunidad.
Comienza de nuevo
Si reconoces que no has estado caminando bien y deseas un camino nuevo, ora: «Jesús, entra en mi vida y en mi corazón. Te recibo como mi único Señor y Salvador. Toma el control de este nuevo camino».
Jesús tiene cosas buenas para ti. No tienes que ser perfecto para acercarte a él: en tu imperfección, él puede hacer grandes cosas. Mantén tus pasos firmes en el Señor.


