Recuerda. Muchas veces guardas en tu memoria lo que no deberías permitir que te gobierne, y olvidas lo que Dios ha dicho. Vuelve a lo básico: medita en la palabra de Dios cada día, no solo al comenzar el año. Guarda esta palabra: «Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal».
Recuerda en medio de la crisis
David escribió el Salmo 3 cuando huía de su propio hijo, Absalón. «¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos se levantan contra mí. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios. Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza». La amenaza venía de su propio hijo.
Distingue entre lo que la gente dice y lo que Dios ha dicho. ¿Qué recuerdas cada día: lo que te hicieron, o lo que Dios hará? No dejes que tu identidad quede definida por las palabras de otros ni por tus errores. Hay quienes se identifican con sus fallas, no logran perdonarse y vuelven una y otra vez a escuchar la voz de la culpa. Pero Dios te ama por encima de tus errores, y levanta la cabeza de quien ha caído.
David también cometió errores y pecó. Pero declaró que Dios levanta la cabeza. Cuando empiezas a hablar de lo que Dios ha dicho, levantas tu mirada hacia el Dios que puede sostenerte. No ignores las voces de otros, pero no les des la última palabra sobre tu identidad ni tu esperanza.
«Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su monte santo. Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba». Imagina lo difícil que era dormir con tu propio hijo cercándote con un ejército. Pero la confianza en que Dios te sostiene te da paz aun en circunstancias amenazantes. Antes de dormir, tráelo a tu memoria: Dios es bueno, que no te ha dejado y que te sostendrá.
Versículo clave
«Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba.»
Salmos 3:5
Puedes empezar y terminar el día con un sentimiento, como el temor, o con una creencia, como la fe. Durante el día aparecerán emociones y momentos difíciles, pero termina el día afirmado en lo que crees acerca de Dios. Aunque las cosas no hayan salido como esperabas, saldrán de acuerdo con lo que has creído. Esa confianza te da paz para dormir.
«No temeré a diez millares de gente, que pusieren sitio contra mí». No uno, ni dos, ni tres enemigos: diez mil. El temor puede visitarte, pero recuerda lo que Dios ha hecho y confía en que puede volver a obrar. Haz vida lo que tu Padre ha dicho, en lugar de convertir en verdad todo lo que otros dicen.
Cuando recuerdas lo que Dios ha dicho, terminas declarando lo que Dios hará. No repitas frases de derrota, vengan de otros o de ti mismo: «ya no hay futuro», «no sirvo para nada». Cada día, escoge declarar la palabra de Dios.
Recuerda lo que Jesús dijo
Las mujeres fueron al sepulcro con especias aromáticas y lo hallaron vacío. Los ángeles les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día». Ellas tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra.
Ante el dolor de la muerte de Jesús, quizá estaban enfocadas en la crisis, y había duda en su corazón. Pero el ángel les recordó las palabras de Jesús: el anuncio incluía la muerte, y también la resurrección al tercer día.
Jesús resucitó. Frente a situaciones que parecen imposibles, no olvides que para Dios son posibles. Camino al sepulcro, ellas se preguntaban quién les removería la piedra, porque no esperaban que pasara nada. Y la piedra ya estaba removida.
Vendrán el dolor y los momentos difíciles, y tus emociones pueden llevarte a darte por vencido o a recordar solo lo malo que viviste. Pero recuerda lo que Jesús anunció: habría dolor, pero también victoria, resurrección y vida. Recuerda lo que Dios ha hecho y lo que Jesús dijo, sobre todo cuando tu presente te impide mirar más allá de la pérdida.
Recuerda también en la abundancia
No solo tienes que recordar la palabra de Dios en la crisis, sino también cuando llega la abundancia. Es tiempo de cosecha. Y cuando prosperes, ten cuidado de no olvidar a Dios.
«Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos… no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios». Si te quedas solo con la abundancia recibida y olvidas al Dios que te la dio, experimentarás un vacío.
Pablo dijo: «Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». No se trata solo de lo que te toca vivir, sino de lo que aprendes en cada circunstancia. Reconoce a Dios presente tanto en la escasez como en la abundancia.
La abundancia puede cambiar tu enfoque: en lugar de agradecer a Dios, te concentras en lo que tienes en tus manos. Te sientes con poder, crees que puedes mandar y hacer lo que quieras. Antes te congregabas porque no tenías otra cosa que hacer; ahora, con más opciones, cambias de actitud.
«Que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre». ¿Recuerdas cómo salió Israel de Egipto? Y en el desierto se hicieron un becerro de oro. También en tu corazón pueden levantarse ídolos: una persona, una casa, un carro, un negocio, un trabajo.
Moisés tomó el becerro, lo quemó, lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre las aguas y se lo dio a beber al pueblo. Lo que obtienes o construyes sin que Dios te haya formado primero termina siendo amargo y no te sostiene. No levantes un ídolo: deja que Dios te construya a ti.
«Y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto». Recordar que Dios te ha dado todo te mantiene humilde y libre. Tu habilidad para los negocios, y la posibilidad misma de vivir un día más, vienen de Dios. Basta un diagnóstico grave para que se derrumbe cualquier sensación de autosuficiencia.
Versículo clave
«Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.»
Deuteronomio 8:18
No esperes una situación extrema para reconocer que todo viene de Dios. Dios quiere darte abundancia, pero el centro no debe ser la abundancia, sino Dios, que te sostiene y confirma su pacto contigo.
Consagra tu vida, no solo tus planes
Muchas veces consagras a Dios tus planes y tus metas, y eso está bien. Pero Dios te pide más: consagra tu vida. Puedes alcanzar tus metas y perder la vida que Dios quiere para ti. Puedes alcanzar tus propios sueños y perder el sueño de Dios para tu vida.
«Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos… de cierto pereceréis». Perecer es consumirse, perder una parte de tu historia. Puedes alcanzar tus planes y metas y consumirte por dentro: abundancia afuera y pérdida de gozo adentro, mientras tu familia y tus hijos sufren las consecuencias.
No limites tu consagración a tus planes: consagra tu vida cada día. Esfuérzate y avanza, pero reconoce diariamente a Dios. Cuando trasladaban el arca a Jerusalén, cada seis pasos se detenían a ofrecer sacrificios. Puedes acostumbrarte a llevar la presencia de Dios y olvidar que es Dios quien te sostiene. Detente a reconocerlo y a darle gracias.
Al final del año, cuando veas la abundancia, di: «Todo esto lo hizo Dios». Agradece por lo recibido, y reconoce que nada se compara con Dios ni con el gozo, la alegría y la paz que solo él da. No rechaces los bienes: agradéceselos al Dios que te los dio, y no los conviertas en el centro de tu vida.
Dios tiene una historia para tu vida. No significa que todo saldrá bien, sino que es una historia de amor, única, marcada por la sangre de Jesús. «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Prioriza tu corazón y tu vida: ninguna añadidura puede darte lo que solo Dios da.
Recuerda, y consagra tu vida. Ora: «Señor Jesús, perdona mis pecados. Te recibo como mi Señor y mi Salvador. Te consagro no solo mis planes, sino mi vida entera».
Referencias bíblicas
- Salmos 3:2-6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Lucas 24:5-7 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 8:11-18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Filipenses 4:12-13 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 8:19-20 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Mateo 6:33 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Salmos 3:5 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Deuteronomio 8:18 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


