EN Oración
Serie Victory

Tiempo de promoción: perseverar mientras Dios prepara la vindicación

Mardoqueo, Elías y David te enseñan a perseverar en la fe mientras Dios prepara tu vindicación: él ve, te forma y puede cambiar tu situación en el momento justo.

Predicadora
Sofía Bocache
Publicada
Duración
24 min

Es tiempo de promoción de parte del cielo. Quizá no imaginas cómo terminará lo que Dios ha anunciado, pero el Espíritu Santo sí lo sabe. Prepárate: mientras la palabra de Dios se proclama, ya están sucediendo cosas, y Dios da la orden para que comience a verse el cumplimiento de lo que ha decretado. Esta palabra marca un antes y un después en las temporadas que vienen.

Mardoqueo: permanecer en el lugar de responsabilidad

Estando Mardoqueo sentado a la puerta del rey, se enojaron Bigtán y Teres, dos eunucos del rey, de la guardia de la puerta, y procuraban poner mano en el rey Asuero. Mardoqueo lo supo y se lo dijo a la reina Ester, y Ester lo dijo al rey en nombre de Mardoqueo. Se investigó el asunto, se halló cierto, y los dos eunucos fueron colgados en una horca. Y fue escrito el caso en el libro de las crónicas del rey.

Mardoqueo se sentaba a la puerta del rey, cumpliendo su deber. En las puertas de una ciudad o de un palacio se resolvían los asuntos legales. Si te has mantenido en tu posición de hijo, prepárate para ver resueltos los asuntos legales de tu vida: tierras y herencias retenidas pueden ser liberadas.

Quizá has sido obediente y paciente, has creído y has llorado, y todavía no ves el resultado. Parece que Dios se ha olvidado. Pero Dios ha visto tu esfuerzo, ha escuchado tu oración y ha visto tu servicio, tu entrega, tu paciencia y tu fe. Confía: Dios lo ha visto todo, y él mismo te recompensará.

Dios nunca llega tarde. Lo que parece un fracaso puede ser preparación para tu futuro y para ver un nivel mayor de gloria. La demora no significa que Dios haya pasado por alto tu fidelidad.

Elías: perseverar en la espera

Hubo tres años de sequía, y Dios le dijo a Elías que se presentara ante Acab, porque haría llover. La palabra y la promesa eran de Dios, pero Elías tuvo que orar y perseverar. Le dijo a Acab: «Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye». Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas, y le dijo a su criado: «Sube ahora, y mira hacia el mar». Y lo envió siete veces.

Versículo clave

«Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.»

1 Reyes 18:42

¿Por qué Dios necesitaba que Elías orara, si ya había dado la palabra? Porque Dios usa a las personas para formar en ellas perseverancia, paciencia y fe. Siete es el número de lo completo. La postura de Elías es como la de quien está por dar a luz algo grandioso. Lo más grande no era solo la lluvia, sino lo que Dios hacía dentro de Elías: fe, paciencia, constancia y confianza. Es tiempo de ver oraciones contestadas.

Cuando llegó el aguacero, la mano de Jehová estuvo sobre Elías, y ciñó sus lomos y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel. Si has orado, perseverado y permanecido, has estado acumulando poder y autoridad. Lo que antes tomaba mucho tiempo puede ocurrir en segundos. Estás a punto de ver nacer las promesas que Dios ya te dio.

Sigue orando aun después de recibir una promesa. La espera no es pasiva: persevera como Elías y sigue creyendo.

Lo escrito sobre Mardoqueo sale a la luz

El servicio de Mardoqueo quedó escrito en el libro de las memorias y crónicas del rey. Puede parecer que Dios se olvidó, pero llega el día y el momento justo. Aquella noche se le fue el sueño al rey, y mandó traer el libro de las memorias y crónicas, y se lo leyeron. Y allí estaba escrito que Mardoqueo había denunciado el complot de Bigtán y Teres.

Y dijo el rey: «¿Qué honra o qué distinción se hizo a Mardoqueo por esto?». Y respondieron: «Nada se ha hecho con él». En ese momento, Amán había venido al patio exterior de la casa real para pedirle al rey que hiciese colgar a Mardoqueo en la horca que él le tenía preparada. El rey le preguntó: «¿Qué se hará al hombre cuya honra desea el rey?». Y Amán, creyendo que era él, propuso vestirlo con el vestido real, montarlo en el caballo del rey y que uno de los príncipes más nobles lo llevara por la plaza, pregonando su honra.

Versículo clave

«Y dijo el rey: ¿Qué honra o qué distinción se hizo a Mardoqueo por esto? Y respondieron los servidores del rey, sus oficiales: Nada se ha hecho con él.»

Ester 6:3

Amán, enemigo de Mardoqueo y de los judíos, llegó temprano, impaciente por ver colgado a Mardoqueo. Mientras el enemigo espera tu destrucción, Dios prepara tu promoción y tu vindicación.

David: refugiarse y no vengarse por cuenta propia

Saúl persiguió a David con tres mil hombres, y David estaba en los lugares fuertes, sobre los peñascos de las cabras monteses: un lugar difícil. Si te refugias en Dios, en su palabra y en sus principios, estás en sus manos, y el enemigo no puede arrebatarte sin enfrentarse con él. Ese refugio es también el lugar donde Dios te forma.

Saúl entró en una cueva a cubrir sus necesidades, y David y sus hombres estaban escondidos en el fondo. Los hombres de David le dijeron: «He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano». Pero David no lo tocó: solo cortó la orilla de su manto. Respeta los principios y la palabra de Dios: la honra precede a la victoria. David no puso su mano sobre Saúl, y dejó que Dios actuara.

El borde del manto anunciaba lo que Dios haría. Si sientes que todo está perdido, permanece refugiado en Dios: en la oración, en la intimidad, en la comunión. La victoria no vendrá por tu fuerza, sino por la acción de Dios.

Vestiduras, caballo, corona y proclamación

Entonces el rey dijo a Amán: «Date prisa, toma el vestido y el caballo, como tú has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que se sienta a la puerta real». Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y lo condujo a caballo por la plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante de él: «Así se hará al varón cuya honra desea el rey».

El vestido real es señal de una nueva posición y de honra. Cuando llegó el cumplimiento del sueño de José, lo afeitaron y le cambiaron los vestidos antes de presentarlo a Faraón. Noemí le dijo a Rut: «Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos», antes de una nueva temporada. Quítate la amargura, el dolor, la falta de perdón, el desgaste y las vestiduras de soledad y de pasado. Ya no es tiempo de llorar, sino de victoria.

El caballo del rey confirma una promesa que, aunque haya pasado mucho tiempo y quizá la hayas olvidado, Dios recuerda. Y la proclamación pública anuncia un tiempo en que Dios hará visible lo que ha preparado para ti.

Esta promoción es para quienes han creído y perseverado, han permitido que Dios trabaje profundamente y no han desistido de la fe. Mardoqueo no se rindió ante la adversidad. Jesucristo no se rindió ante la cruz. Si sigues creyendo, no te has dado por vencido: viene victoria, restitución y recompensa.

Hay planes de destrucción contra ti que Dios revierte. Quizá sentías que te faltaba el aire y que no sobrevivirías. Pero es tiempo de cumplimiento y de victoria.

No te rindas ante la adversidad: sigue orando y permanece en la fe. Dios ha visto tu esfuerzo y puede cambiar tu situación. Pide perdón por tus pecados y recibe a Jesús como tu Señor y Salvador: en él está tu verdadera vindicación.

Referencias bíblicas