Mira a un bebé que aprende a caminar: avanza decidido, sin miedo. ¿Cuántas personas enfrentan la vida sabiendo que Dios está con ellas, que les ha dado autoridad y que llevan dentro una esencia de victoria? En Cristo eres más que vencedor. Entonces, ¿por qué tantas veces no ves esa victoria en tu matrimonio, tu trabajo, tu salud o tus finanzas? A veces un sistema de creencias falso te impide disfrutar de lo que Dios dejó escrito. Hay tres claves: ver como Dios ve, hablar como Dios enseña y mantener tu posición de hijo.
1. Ver como Dios ve
«La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos… Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes». También tú atraviesas valles en los que parece que nada cambia: en tu matrimonio, tu salud, tus finanzas, tus relaciones o tu trabajo.
Versículo clave
«Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.»
Ezequiel 37:3
Dios puede permitir que recorras un valle para que no olvides que, cuando ocurre el milagro, solo él pudo hacerlo. No fijes la mirada únicamente en lo que muestran las circunstancias. Pregunta: «Señor, ¿qué quieres mostrarme?». Llévale esa pregunta en la enfermedad, en la situación económica difícil o en cualquier etapa adversa, en lugar de reclamar, quejarte o murmurar. Cambia tu enfoque y tu manera de pensar.
Cuanto más hablas de tus problemas, más grandes parecen. Cuanto más observas lo que tus ojos te dictan y más lo comentas, más crece delante de ti. No alimentes lo que necesita morir. Dios, en su paciencia y misericordia, quiere mostrarte lo que necesitas ver. ¿Tienes sueños? Un sueño se crea dos veces: primero en la mente y después en lo físico. Empieza a cambiar tu manera de mirar.
Hay parejas que, cuando todavía les decían que eran muy jóvenes para casarse, ya tenían una visión: comenzaron a prepararse, confiando en que Dios abriría el camino. Hay quienes diseñan durante años el lugar para un ministerio aun antes de tener el lugar. ¿Te estás preparando para lo que esperas?
Elías le dijo a Acab: «Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye». Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Dijo a su criado: «Sube ahora, y mira hacia el mar». Y él subió, y miró, y dijo: «No hay nada». Y él le volvió a decir: «Vuelve siete veces». A la séptima vez dijo: «Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar».
Versículo clave
«A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje.»
1 Reyes 18:44
La postura de Elías es la de alguien conectado con Dios, que no depende de lo que se ve. Ora y pide: «Muéstrame», en lugar de esperar milagros sin buscar conexión con Dios. Reconoce las pequeñas nubes: señales y avances que todavía no son la obra completa. Si un dolor que antes era insoportable hoy es menor, aunque no haya desaparecido, esa es una pequeña nube.
Si hay diferencias con tu esposo o tu esposa, y un día aparece una sonrisa, recíbela como un pequeño avance. Los israelitas querían llegar a la tierra prometida, y en el desierto tuvieron el maná y el agua de la roca: pequeñas nubes en el camino. Si tus hijos antes se levantaban y se iban cuando se hablaba de Dios en casa, y ahora se quedan, celébralo. Da gracias por esos pasos, aun cuando todavía no veas el milagro completo. Cuando Dios encuentra hombres y mujeres agradecidos, la lluvia grande está lista.
2. Hablar como Dios enseña
En los momentos difíciles, a veces solo salen palabras negativas, y puedes quedar atrapado en una manera de hablar que lo interpreta todo desde lo negativo. Las palabras tienen poder creativo; son como un eco: lo que hablas es lo que vuelve. Dios «llama las cosas que no son, como si fuesen»; nosotros, en cambio, tendemos a declarar que lo que ya es nunca cambiará.
Había en Betesda un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: «¿Quieres ser sano?». Y el enfermo le respondió: «Señor, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo». Cuando pasa el tiempo sin que ocurra lo que esperas, también reduces lo que crees que Dios puede hacer.
La fe no tiene fecha de vencimiento. No conviertas una mala experiencia en un sistema de creencias. Una experiencia pasada puede influir en cómo piensas, caminas y resuelves, pero no dejes que determine para siempre lo que crees. La pregunta de Jesús —«¿Quieres ser sano?»— es una invitación a responder desde la fe, no desde la frustración ni la resignación. La frustración mezcla enojo y tristeza, y la resignación es hija de la frustración.
Aquel hombre llevaba treinta y ocho años postrado y se había resignado a vivir así. Tenía a Jesús delante y solo veía su dificultad. ¿Cuántas veces tienes a Jesús delante sin ver otra cosa que tu problema? Declara: «Yo creo que Dios está conmigo».
Hay quienes, en medio de una herida o de un diagnóstico, en lugar de quedarse esperando solo el veredicto médico, deciden apartar una noche para adorar a Dios. Y Dios se manifiesta: lo que estaba herido queda sano.
Moisés le pidió a Dios ver su gloria, y Dios le dijo: «No podrás ver mi rostro… Y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas». Quizá no sabes cuándo ocurrirá tu milagro, pero después podrás reconocer: «Ese fue Dios». Cree que Dios tiene poder para obrar.
3. Mantener tu posición de hijo
En el huerto, Dios preguntó: «¿Dónde estás tú?». Dios lo sabía todo; la pregunta era sobre identidad, autoridad y posición. Cuando sabes quién eres y permaneces en la posición que Dios te dio, verás grandes cosas. La duda, el pecado y la desconfianza te mueven de tu lugar: te llevan a actuar en tus fuerzas o a pensar que Dios se tardó.
Muchas veces Jesús aparece sentado: cuando enseñaba, cuando leyó en la sinagoga, cuando hizo recostar a la multitud antes de multiplicar los panes. María Magdalena y la otra María estaban sentadas delante del sepulcro. María se sentó a los pies de Jesús en casa de Marta. Y Jesús, al ascender, se sentó a la diestra del Padre. Sentarse expresa la seguridad de estar en la voluntad del Padre. No abandones tu posición de hijo: si estás en la voluntad de Dios, él puede sacarte del desierto. Que nada ni nadie te robe la autoridad que Dios te dio.
Dios te hizo sentar en lugares celestiales con Cristo Jesús: es una posición de autoridad. Dios puso a todos los enemigos bajo los pies de Jesús. No se trata de que controles el desenlace, sino de que permanezcas en tu identidad de hijo y reconozcas la autoridad que Dios te dio. ¿La estás ejerciendo?
Hay momentos en que el ruido es ensordecedor: voces de mentira, engaño, presión, desánimo, ansiedad, fracaso y frustración que te impiden escuchar con claridad a Dios. Carmelo significa «fértil». El lugar de la adoración es el lugar donde el valle se vuelve fértil. Cuando dejas de escuchar esas voces y te levantas a adorar, Dios se manifiesta, y puedes ver su sanidad.
Hay poder en la adoración. No te acostumbres solo a escuchar de bendiciones y promesas. La iglesia es la novia de Cristo: reconoce cuándo Dios está presente y responde con adoración, pase lo que pase. Adorar es responder a Dios y reconocer quién es.
Responde a la adversidad con oración y adoración
Los hijos de Moab y de Amón vinieron contra Josafat con una gran multitud. ¿Cómo respondes cuando la adversidad llama a tu puerta? Como Josafat, quizá no la ves venir. En lugar de convocar al ejército para salir a pelear, Josafat convocó al pueblo a ayunar, a orar, a declarar las promesas y a recordarlas: «No sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos».
«Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros». Mientras el pueblo adoraba, Dios confundió a los enemigos y peleó por ellos. Cuando pones tu confianza en Dios, él pelea por ti. Declara que verás la victoria en tu familia, tu matrimonio, tus finanzas y tu salud.
Cuando ya no tienes fuerzas ni respuestas, Dios pelea por ti. Adora, y mientras adoras, Dios convierte el valle de huesos secos en un valle fértil. Reconoce que tú no puedes, pero Dios sí. Canta con alegría y declara que Dios está contigo.
Josafat se inclinó con el rostro a tierra, y todo Judá con él. La posición de un verdadero hijo es rendirse ante Dios. Si estás cansado, sin respuestas, sin saber de dónde agarrarte, confía: Dios puede levantarse a pelear por ti. Quizá enfrentas un mal diagnóstico, la amenaza de perder algo valioso, la depresión, la ansiedad o un matrimonio que anhelas ver restaurado. En las manos de Dios, todo es posible.
Dobla tus rodillas en señal de rendición y declara la grandeza de Dios. Si te sientes frustrado o resignado, no te resignes: confía en un Dios poderoso. Levanta tus manos y di: «Yo no puedo, pero tú sí». Aunque no veas con tus ojos lo que esperas, Dios está obrando. Pídele que el valle de sombra de muerte se convierta en un valle fértil, y que lo que estaba muerto sea levantado.
Levantar las manos es abandonarte en los brazos de Dios y poner tu fe en él. Mientras adoras y doblas tus rodillas, Dios libra tus batallas y confunde a tus enemigos. Dios no avergüenza a sus hijos: eres más que vencedor en Cristo Jesús. Espera milagros, y reconoce la obra de Dios en tu vida, tu familia y las puertas que se abren.
Ora: «Señor Jesús, reconozco que te necesito. Entra en mi corazón y sé mi Señor. Gracias por morir en esa cruz por mí. Ahora sé que soy tu hijo». Dios te ama y te hizo más que vencedor: llevas en tu esencia la victoria.
Referencias bíblicas
- Ezequiel 37:1-14 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 18:41-45 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Romanos 4:17 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Juan 5:5-9 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Éxodo 33:18-23 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 2 Crónicas 20:1-22 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Efesios 2:6 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- Ezequiel 37:3 (abre YouVersion en una pestaña nueva)
- 1 Reyes 18:44 (abre YouVersion en una pestaña nueva)


